-En mi mundo nadie puede entrar, es mi mundo, donde solo estoy yo. Tardé mucho en conseguir crear esta barrera, y no permitiré que nadie la destroce. Nunca. Jamás. Aun que sea lo último que haga-
-¿Sabes que va a pasar ahora? -Pregunté con voz amenazante intentando retener una carcajada al ver la cara de angustia de aquel desgraciado... ¿cómo se llamaba? ...va, que más da. En unos minutos, estará muerto-
Pude ver como la nuez de su garganta subía para luego bajar. Había tragado de forma brusca, sus ojos estaban vidriosos. oh, si, ese es mi momento preferida, cuando te suplican y todas esas mierdas.
-¿Q-qué pasará ahora? -Se atrevió el muy insolente a insinuar. Como si no lo supiera. No pude evitar que mi sonrisa saliera de forma tétrica. Muy tétrica, cogí la pistola con fuerza... y todo se volvió negro-
-Señor Bieber... -Oí una voz que me llamaba de algún lugar... ¿Qué diablos?- Señor Bieber, le suplico que no duerma en mis clases o me veré obligada a responder ante tal falta de respeto. ¿Lo ha entendido? -Realmente no tenía ni puta idea de lo que me hablaba, simplemente asentí, suponiendo que si no lo hacía, me metería en más líos. Y a esas alturas, un solo lío más podría hacerme perder del todo la paciencia y hacer cosas que sé muy bien que luego me traerán problemas. Muchos. Demasiados-
Miré a mi alrededor intentando despertarme del todo. El sol me cegaba. Estaba en clase, y si no me equivoco estaba en clase de Biología, como no. Con esa amargada que se cree toda una adolescente por llevar tanga... aun que sinceramente era un detalle que preferiría no haber descubierto nunca.
Mis ojos se posaron sobre el suculento y atractivo cuerpo de Miley. Su larga melena morena le llegaba a media espalda, sus ojos eran enorme de un intenso verde esmeralda, capaz de fulminar a cualquiera a quien mire, pero, por alguna razón, nunca me atrajo más allá de "una noche divertida" no me imaginaba llevar una relación con ella. Al fin y al cabo... no estaba seguro de si podría soportar la presión por la que yo me desenvuelvo como si lo hubiera hecho toda la vida, aun que por una parte, eso no era del todo incorrecto.
Noté que algo chocaba contra mi cabeza. Una bola de papel, que al parecer la mandaba Ryan, ese gilipollas siempre con sus putas cartas, definitivamente un día le iba a meter las cartas por donde yo bien sabía.
La abrí malhumorado. Y leí lo que ponía
¿Qué tal bello princeso? ¿Dulces sueños? Tío, pegaste un grito flipante, ¿Qué soñabas?
Me percaté de que todo había empezado cuando me quedé dormido nada más llegar a clase. No había pegado ojo esa noche, y necesitaba una siesta urgentemente. Intenté hacer memoria y busqué por mis pensamientos desperdigados y desordenados. Entonces la vi. Su pelo corto hasta la barbilla, de un color marrón oscuro, unos ojos del mismo tono, y piel dorada, como si mezclaras el café con leche sobre ella. Delicada y a la vez testaruda y rebelde. Pude ver un color carmesí que la cubría, a la vez que ella cubría el cuerpo de...
Agité fuertemente la cabeza, no quería recordarlo. Había olvidado porque me alejé de todo de la forma en la que lo había hecho, no me quedaba más remedio. Había hecho verdaderamente mucho daño a demasiadas personas, pero solo por una de ellas se podría decir que me lamenté, hasta el punto de tirarlo todo a la mierda. Y así lo hice. Nada volvió ni volverá a ser lo mismo después de ese desastroso día.
La campana sonó fuertemente sobresaltándome. después de todo, por difícil que fuera, debía seguir... ¿no?
Bajé por las escaleras lo más rápido que pude, asegurándome de que Ryan no me seguía, pero gracias a dios, era más rápido que el, mucho más. Lo perdí de vista, al fin y al cabo, el tiene a otras personas. Yo no.
Saqué las llaves de mi coche, y antes de subirme observé que en el cristal había un trozo de papel. Cada día me joden más con tanta publicidad de mierda pensé para mi mismo mientras gruñía por lo bajo. Cogí el papel sin cuidado y lo observé. Mis pupilas se dilataron. Era un dibujo con trazos imprecisos. Nadie que no la conociera hubiera descubierto que era aquello. Pero yo no era nadie. Yo era ese chico que algún día le perteneció a esa chica en cuerpo y alma. Nahiara.
Entonces, el recuerdo volvió, su figura pequeña y delgada luchando contra la necesidad de envolver el cuerpo de esa persona. Con lágrimas en los ojos y mordiéndose los labios para dejar de temblar, había tenido la necesidad de abrazarla, pero el color rojo que la cubría me lo había impedido. Me había dicho mil veces y a ella otras mil, que todo acabaría muy mal, que me presentimiento nunca fallaba y que ese día era especialmente malo. Ella no me quiso dejar, luchó por permanecer a mi lado y yo le fallé... su mirada suplicando mi ayuda, y mi ego impidiéndolo... impidiendo que le entregara todo mi ayuda a aquella chica y lo último que le pude decir, fue un insignificante "Perdóname"
El ruido de las personas saliendo de las clases me devolvió al lugar en el que me encontraba. Ya no valía lamentarse por lo que pasó, solo quedaba seguir, de todas formas, se la tengo guardada a ese que está ahí arriba, ese supuesto "Padre" que cuida a todos sus hijos, que patético. Por mi podría irse a la puta mierda, que el mundo seguiría exactamente igual.
Entré en mi coche sentándome en el asiento del conductor. Metí las llaves y encendí el motor. El ruido que hizo al reaccionar hizo que sonriera con orgullo demostrando mi lado más engreído, pero antes de que cualquiera me lo pudiera impedir salí disparado por la carretera.
Encendí el aire acondicionado. Hacía un calor de mil demonios, y no estaba ni por asomo dispuesto a aguantarlo. La carretera estaba literalmente vacía. No se veía un alma, ni una sola alma.
Cuando estaba cerca de llegar a mi apartamento, Mi móvil sonó haciendo que me sorprendiera, al principio pensé que sería alguna de esas pesadas, pero me sorprendí al leer en la pantalla, ahora iluminada de mi móvil la palabra Ayuda.
Descolgué y puse el manos libre.
-¿Sí? -La curiosidad me mataba, necesitaba saber que mierda querían los de autoayuda o como se llamen-
-¿Señor Bieber? -Solo hicieron falta esas dos palabras para que supiera que era de servicios sociales, esos cabrones me habían obligado a apuntarme "voluntariamente" y "ayudar" a esos retrasados después de que me pillaran intentando robarles ¿qué era? va, que más da-
-¿Qué queréis ahora? -Contesté elevando la voz-
-Que cumpla con sus obligaciones y se deje de tonterías -La voz femenina del otro lado de la línea de teléfono sonó molesta y enfadada-
-¿Qué quieren ahora? ¿No me haréis dar de comer a un viejo otra vez? ¿no? -Al no recibir respuesta maldije por mi interior-
-No exactamente, le daré detalles cuando se encuentre aquí, dese prisa -Y antes de que pudiera tomar represalias me colgó-
Cabreado, muy cabreado, cambié de dirección y me dirigí al edificio totalmente blanco. Allí ya me esperaba esa señora, de cabello corto y rizado y ojos verdosos. Tendría alrededor de treinta años, y estaba seguro de que su vida sexual era corta por no decir inexistente, y con ese pensamiento en mi cabeza aparqué y fui a encontrarme con Tamara (la mujer)
-Señor Bieber, me alegra ver que ha venido -Dijo ella cordialmente-
-Déjese de tonterías y dime que tengo que hacer... quiero volver a casa
-No será necesario que se queda, es más, deberá hacerlo en su casa -Mi cara se des-configuró. me entregó un taco de papeles que hablaban sobre ¿Faltar a clases? Fíjate, algo bueno pensé nada más leerlo. Volví a mirarla, ella asintió dura y estricta, debajo de los papeles había algo así como unas reglas que debía cumplir si o si.
- Estará pendiente de ella las 24 h. del día.
- Se preocupará y ocupará de su bienestar, tanto físico como mental.
- No usará palabras malsonantes ni ningún insulto.
- Tendrá un comportamiento respetuoso y correcto.
- La ayudará en todo lo que pueda, e intentará ayudarla en lo que no pueda.
- Está terminantemente prohibido usar la violencia con ella.
- No tendrá ningún contacto indebido, y mucho menos, contacto sexual.
- Siempre que encuentre problemas llamará a Servicios Sociales.
- No le levantará la voz, usara un tono tranquilo, calmado y sereno.
- No, la hará llorar, nunca jamás.
Levanté mi rostro y la miré esperando respuestas. ¿A quién debería cuidar, a la Reina? Entorné los ojos cuando Tamara me fulminó con su mirada, y en apenas unos minutos, una joven apareció de la nada, vestía unos vaqueros y una blusa blanca de manga medio corta, su cabello era rubio, largo y liso, y sus ojos de un color gris con puntos azules entre mezclados, en sus manos llevaba una bolsa negro, y la agarraba fuertemente con las manos, hasta un punto en que sus nudillos se volvieron de un color blanco, como la nieve, casi tan blanco como su propia piel.
Miré a Tamara esperando a que se negara, pero al ver que no lo hacía y por el bien de la chica, me quejé.
-No estará bien conmigo ¿Es que quieres traumar a la chica? -Tamara me miró dura y con una pizca de diversión en sus ojos. Sabía que hablaba en serio, pero no lo quería admitir-
-No queda más remedio, nadie más puede -Aseguró- Y lo ha pasado mal, te lo contará ella misma, no le gusta que los demás hagan cosas por ella -Lo último lo dijo en un susurro que solo nosotros dos nos enteramos-
Después algo dudoso, le hice un gesto a la chica para que me siguiera y nos encaminamos hacia mi coche. Ella andaba rígida. Estaba asustada, muy asustada.
Cogí la bolsa de sus manos y la guardé en el maletero mientras habría la puerta por ella e intentaba hacer una de mis mejores sonrisas, ella siguió seria, pero sus nudillos ya no estaban tan blancos.
El camino a mi apartamento, fue extraño y silencioso. No dijo ni una sola palabra, y consideré que si no quería hablar no la iba a obligar ¿verdad?
Aparqué, cogí su maleta y le volví a abrir la puerta. En cualquier otra situación me habría molestado hacerlo, pero con ella sentía que debía.
Una vez dentro de mi casa, ella estaba mucho más rígida que antes, ¿pero qué mierdas le ha pasado a esta chica? ¿estará enferma? no hice la gran pregunta, simplemente intenté acariciarle de forma reconfortante el hombro, ella se agachó y me miró con sus pupilas dilatadas. Había empezado a temblar. La miré con dulzura, y a pesar de que se quejaba y retorcía, la cogí por las piernas y la cadera y la levanté con cuidado, como si en cualquier momento se pudiera romper en mil pedazos.
Sus ojos empezaron a quebrarse, yo no me detuve, subí las escaleras que parecían larguísima y abrí la puerta de mi habitación con el pie, depositando a la chica en mi cama. Su cara indiferente me hizo querer saber el motivo de su reacción. Era momento de hablar. Creo.
-Dormirás aquí -Comencé mientras dejaba su maleta al lado de mi armario- El baño está ahí al lado -Dije señalando una puerta en el pasillo- Yo dormiré en el sofá -Ella me clavó su mirada por primera vez. Sentí que me devoraba, y tuve la tentación de decirle que todo iba a salir bien-
-No quiero amabilidad -Cortó con un hilo de voz- No la quiero, si vas a ser un sopla culos, ya me puedes dejar en paz y matarme de hambre -Alejó sus ojos de los míos, y por su rostro adiviné que se sorprendió de mi reacción. Empecé a reírme a carcajadas-
-Define amabilidad y sopla culos -La reté-
-Si me vas a tratar como una retrasada y vas a venir detrás de mi como si fueras un perro, te ganarás mi más profundo odio -Sonrió de forma sarcástica. Solo me reí más y ella sonrió y aguantó una carcajada-
-Si me hubieran dicho que eras así, habría corrido por ayudarte -Ella apartó la sonrisa de su cara, y volvió a ser fría, yo no le di importancia y abrí la puerta del baño y cuando iba a gritarle recordé las normas. Me acerqué a ella despacio y le dije con voz normal-
-Tienes el baño preparado, Cenicienta -Me fulminó con la mirada-
-Me vuelves a llamar Cenicienta y te parto en dos -Reí-
-¿Julieta, Blancanieves, Ariel? -Ella hizo una mueca divertida-
-Cuanto sabes de princesas... -Reí-
-Soy todo un experto ¿no lo sabías? -Hice una fingida mueca de desagrado-
-No lo aparentas -Rió, y yo la seguí-
Se levantó con dificultad, y pude ver en sus brazos heridas y moratones, al igual que en su cuello, y sin poder evitarlo rocé uno de los de su cuello. Ella empezó a temblar como si la hubiera golpeado, intenté tranquilizarla pero por su reacción perdí el equilibrio y me caí encima de ella, quedó atrapada por mi cuerpo y sin esperar un solo segundo me levanté y me aseguré de que estaba bien, y si olvidamos el tema de que tenía los ojos cerrados y su cuerpo temblaba, si, estaba todo en orden.
Algo confusa, igual que yo, se levantó y se dirigió al baño a ducharse. Yo bajé y le preparé una tortilla francesa de jamón york. Cuando la vi, observé que su ropa estaba sucio de una sustancia roja y sentí lástima por primera vez en mucho tiempo. Vale, ahora si, ¿qué cojones le han hecho?
La cena fue silenciosa, ella no habló y yo no la obligué. Cada uno se fue a dormir a sus respectivos "territorios" y antes de irse y con apenas un hilo de voz susurro -Hannah- y sonreí para mis adentros con su nombre grabado a fuego en mis pensamientos.