miércoles, 27 de febrero de 2013
Capítulo 7 - Hannah, Te necesito
Me desperté al oír un grito del piso de arriba. Tardé unos segundos en situarme. Estaba soñando con Hannah, y con algo importante, algo que no consigo recordar, pero que pareció tan real que me desorientó por completo, un nuevo grito me volvió de golpe a la realidad.
Me levanté sin ningún cuidado y salté por las escaleras de tres en tres escalones, al llegar al piso de arriba oía sollozos sordos y entrecortados, alguien se estaba ahogando. Y en esa casa solo estábamos Hannah y yo.
Fui a mi habitación lo más rápido que pude, al abrir la puerta todo estaba desordenado, cajas tiradas por el suelo, la cama deshecha y las sábanas tiradas a lo largo de la habitación, una cámara azul, algunos libros y...
Mi mirada volvió a fijarse en la cámara azul cielo, Hannah llevaba siempre esa cámara con ella... ¿Qué mierda?
La preocupación me invadió por completo, mis rodillas empezaron a temblar, y sentía las lágrimas agruparse en mis ojos, esperando una mínima señal para salir a chorros de ellos. Grité con todas mis fuerzas su nombre, tan fuerte que retumbó sobre las paredes desnudas, sin ningún cuadro o fotografía. No se oyó nada, solo el abrumador silencio, que antes amaba pero ahora se estaba volviendo mi peor pesadilla.
Volví a gritar su nombre incontables de veces mientras revolvía las cosas más de lo que ya estaban, era tan pequeña que quizás estuviera tapada con algo y no la pudiera ver, al menos eso era lo que pensaba, Hannah no respondía ni daba señales de vida. Lo último que había oído salir de sus labios era un grito sordo lleno de dolor.
El miedo fue ahora lo que me inundo, nunca lo admitiría, pero ahora sin Hannah, no sabría como despertar cada mañana, como continuar y seguir con mi vida como había estado haciendo hasta ahora. Medité mis oportunidades durante unos minutos y empecé a gritar como si me fueran a matar su nombre. Como si los latidos de mi corazón exigieran los latidos del suyo para continuar con su función, que técnicamente es bombear la sangre, pero desde que ella llegó poco a poco, su función adquirió un nuevo significado que no estaba dispuesto a admitir por el momento.
Corrí por toda la casa, me la recorrí de arriba a abaja, no había rastro de ella. Me desplomé en el sofá apunto de sollozar cuando la oí. Un nuevo grito desesperado por ser salvado, él y su dueña.
Volví a correr por las escaleras ayudándome de los gritos, abrí una especie de desván del que hasta ahora no me había percatado y subí, en su interior, la luz me cegó, y una silueta negra en contraste con la luz que se retorcía sobre el suelo de madera y gritaba, gritaba palabra que no conseguía entender, pero lo único que pude hacer fue correr a su lado y abrazarla, abrazarla como si nos fueran a separar. Y en aquel momento, eso parecía que iba a suceder.
Hannah se retorcía, luchaba por que la soltara, la cogí por las rodillas y la cadera de la forma más delicada que supe y la levanté, bajé del desván cerrándolo y fui hacia mi cuarto. Ella no paraba de respirar de forma entrecortada y arañarse todo el cuerpo, o lo que tenía piel visible.
La deposité en mi cama y se retorció con todas sus fuerzas, ahora si entendí lo que estaba diciendo.
-Necesito... -Comenzó- Necesito irme... -Dijo con apenas un hilo de voz. Cerré los ojos intentando controlarme. No podía derrumbarme delante de ella- Por favor, déjame irme -Ella gritaba, pero hasta ese momento no pude ver claramente como lágrimas del tamaño de una uña de cristal resbalaban por sus mejillas. Al verlas temí que me pasara a mi lo mismo, aparté la mirada pasándome las manos a través del pelo mientras oía la melodía que creaban sus suspiros desesperados y sollozos entrecortados. No podía permitir que siguiera así, y si era yo el culpable, debe separarse de mi. Al fin y al cabo, yo ya sabía que iba a pasar esto-
Me giré para mirarla, sus pupilas estaban dilatadas, clavadas en mi, yo sonreí y empecé a recogerlo todo despacio, intentando conseguir el mayor tiempo junto a ella posible, antes de la despedida.
Oí que se levantaba. Se secó las lágrimas con las mangas de una camiseta blanca y sucia, llevaba unos vaqueros iba descalza, y los vestidos que le compre estaban destrozados en un rincón de la habitación, hice una mueca. Eso fue un golpe bajo, y había dolido más de lo que jamás pensé que un gesto como ese podría conseguir.
Me ayudó a recoger en silencio, llamé por teléfono a los de servicios sociales, les puse al día de todos, que no podía cuidarla, que no había sido lo suficientemente responsable, y que deberían asignarla a otra persona más adecuada que yo, al fin y al cabo deberían haber hecho eso desde un comienzo.
Bajamos a la entrada en silencio, cogí las llaves de mi apartamento y las del coche.
El camino en el fue silencioso, más que de costumbre, la mirada de Hannah estaba vacía, sin vida, realmente debía odiarme más de lo que pensé en un principio, el edificio blanco se vio a distancia, y en una de sus puertas principales estaba Tamara, con una cara decepcionada, más que cabreada.
La ayudé con las maletas y noté como evitaba mis manos, y cuando tuvo oportunidad salió corriendo perdiéndose de mi vista en poco tiempo.
Tamara solo me dio una mirada llena de tristeza, como si hubiera adivinado como me sentía en ese momento pero era imposible, ni yo mismo estaba seguro de como me sentía.
En el coche, en la entrada de mi apartamento, ya en él, en el salón, solo la veía a ella, por todas partes, su sonrisa, sus carcajadas resonando en mis oídos. En un gesto de ira me los tapé con todas mis fuerzas como si eso consiguiera que no la oyera, pero ella ya no estaba allí, ella ya no estaba conmigo, ella se había ido, ella se había querido ir. Esta chica definitivamente quiere matarme, y no de una forma agradable.
Antes de que pudiera hacer nada estaba en cuclillas sobre el suelo, con las lágrimas como grifos rotos sobre mis ojos, y yo con el móvil en las manos, buscando desesperadamente el número de Miley, y sin dejarla hablar le dije que viniera a mi casa. Volví a mirar a mi alrededor y grité con todas mis fuerzas, ahora en el espacio no se oían los gritos de Hannah, desesperados por escapar y huir, esos gritos eran sustituidos por los míos, llenos de dolor y rabia por su satisfactoria huida.
Llamaron a la puerta y sin apenas mediar palabra metí a Miley en mi casa, arrastrándola hacia el sofá, deshaciéndonos de nuestras ropas y besándonos frenéticamente, sin pizca de amor, ni si quiera era pasión, solo un método de salida, para escapar de Hannah, para escapar de ella de la misma forma en la que ella había escapado de mi.
Pero solo hasta que había despertado con Miley en mi pecho desnuda, no caí en la cuenta, que ya nada sería lo mismo, que ya no podría ser el mismo, aun que estuviera meses y meses intentando serlo.
Porque el vacío que Hannah había creado en mi interior daba la impresión de que nunca se iría, pero no admitiré que sé lo que es, a pesar de que lo sé, no lo admitiré y fingiré que no me había imaginado jugando con Hannah alrededor de todo el salón, con sus carcajadas volando en el aire. Si, ese será un buen plan.
Haré como si Hannah fuera un libro y pasaré de página.
Lamentablemente parece que la página esta pegada al resto de páginas, y no puedo pasarla...
-Hannah, Te necesito- Susurré mientras cerraba los ojos y sostenía a Miley contra mi pecho, deseando que no fuera ella la que estaba ahí-
viernes, 22 de febrero de 2013
Capítulo 6 - Mi frase favorita, Justin
Capítulo especial, Narra Hannah.
Intenté moverme y cambiar de postura pero algo me lo impedía, pensé unos momentos las opciones que tenía y por la fuerza y el peso que sentía sobre mi, estaba prácticamente convencida de que era un pulpo morado que había venido para raptarme y llevarme con el, haciendo que a su vez... No pudiera contemplar nunca más el cielo, azul y brillante que tanto amaba.
Por esa pequeña idea, y absurda de cierta forma, abrí los ojos sorprendiéndome al encontrar un rostro junto a mi durmiendo, cuya respiración estaba acompasada a la mía. Me miré y luego miré a mi alrededor, estaba en el cuarto de Justin... y si no me equivoco, es él el que me abraza, oh dios, Hannah ¿Dónde está mi cuaderno? ¿Hiciste algo que no debiste haber hecho? Justin se movió y me sobresalté, los dos llevábamos toda la ropa a pesar de estar durmiendo pegados el uno al otro. Suspiré pero mis pupilas se dilataron al darme cuenta de que no era un suspiro de alivio. Era de decepción.
Intenté soltarme de él, pero no pude "Maldita debilidad, tengo que empezar a hacer pesas" suspiré dándome por vencida y aun que no quería tener que hacerlo, empecé a pensar en toda mi vida, cerré los ojos intentando apartarlos pero fue inútil, hacía mucho tiempo que no comía... que no dormía... Hannah ¿Qué te estás dejando hacer? cualquiera diría que... la gatita ha sida... domesticada... Hice una mueca de desagrado y le di la espalda a Justin, el apretó su agarre alrededor de mi cintura y me pegó a su torso, debería haber tenido miedo pero solo quería darme la vuelta para estar frente a frente y poder devolverle el abrazo, sacudí la cabeza quitando esa idea y cerré los ojos y me concentré en el sonido de los latidos de su corazón, se sentía de alguna forma agradable, como si estuviera en casa, una casa que perdí... una casa que me arrebataron hace mucho tiempo.
"No vuelvas jamás, no eres digna de nada, no eres digna de vivir, la próxima vez que te vea por aquí... lo pasarás mal, pequeña H-a-n-n-a-h"
y solo me percaté de que mi cuerpo estaba temblando cuando sentí que Justin se había levantado y me miraba preocupado, como si intentara descubrir que pasaba por mi cabeza, pero tenía años de experiencia en conseguir ocultar todo lo que pasaba por ella, y poder dejarla solo para mi, todos esos secretos que no podía contarle a nadie si quería seguir aquí.
-¿Hannah? -Susurró por fin dándose por vencido de leer mis pensamientos, yo le miré y ladeé la cabeza, aun que a veces me parecía un hipócrita, solo ser una buena persona-
-Enhorabuena, ese es mi nombre, te daré un Grammy -Le aplaudí un poco las palmas en broma y rodé los ojos al ver su mueca de indignación-fingida-
Se levantó y se estiró como si fuera un animal, sonreí y me levanté mientras le imitaba, se percató de que lo hacía y enarcó una ceja, yo le guiñé un ojo divertida y sin darme cuenta empecé a correr mientras el me seguía muy de cerca con la intención de cogerme y torturarme con algo como las cosquillas.
Bajamos las escaleras como si la vida dependiera de ella y empezamos a dar vueltas por todo el salón entre carcajadas y amenazas-bromas volaban por el ambiente, y aun que sabía que me iba a pillar tarde o temprano preferí seguir con el juego un poco más, solo un poquito, Padre.
-¡Justin! -Grité al sentir que me agarraba de las caderas juntando mi espalda con su torso y me daba vueltas por el aire, yo estaba borracha de felicidad, y su risa me podía confirmar que el también lo estaba-
Paró de dar vueltas y me dio un golpecito amistoso en la cabeza, yo gemí fingiendo dolor y le saqué la lengua mientras boqueaba, tanto correr abría mi apetito, y eso en mi caso siempre era algo bueno, al menos lo era para los demás, aun que ellos no me entendían, nadie lo hacía.
-Enhorabuena, tú también sabes mi nombre... ¿Te debería dar yo también un grammy? -Reí al oírle repetir las palabras que yo había dicho anteriormente y lo observé mientras se dirigía a la cocina a hacer no sé que-
-Nunca te olvidas de hacer el desayuno -Me senté en el taburete de le encimera mientras lo observaba hacer una tortilla francesa, soltó una carcajada-
-¿Quién sería tan idiota de hacerlo? -Me sonrojé y agaché la cabeza sintiéndome inusualmente insultada-
-¿En serio? -Preguntó sorprendido, yo aparté la mirada y la fijé en algún punto que tampoco yo sabía muy bien donde se encontraba, el guardó silencio y siguió con el desayuno-
De alguna forma, no podía dejar de mirarle, me resultaba extraño que me sintiera cómoda con él como si le conociera de toda la vida, como si siempre hubiéramos sido amigos, o... algo más que amigos 'reí ante aquella idea' -Hannah, Hannah, ¿Cuándo aprenderás? Me estremecí al repetir mentalmente las mismas palabras de Padre, y cerré los ojos para intentar ahuyentar el pensamiento, Justin sirvió el desayuno y nos quedamos demasiado adentrados en nuestros pensamientos para decir cualquier cosa.
Aquel día no tenía hambre, dejé el plato lleno y me fui corriendo por las escaleras mientras oía un suspiro amargo de Justin y aun que tuve la tentación de quedarme a su lado, seguí mi camino hacia su habitación, o mejor dicho, al desván con aquel increíbles ventanal que seguramente el desconocía.
Allí el cielo era de un color azul brillante, cálido, los rayos del sol me bañaban la piel y el blanco de las nubes me hacía sentir más pura más yo, miré mi ropa, todavía llevaba el vestido blanco, aun que en este momento estaba muy arrugado de dormir con el durante toda la noche, y recordé la conversación, (corta) que había tenido esta mañana con Justin. Sabía con certeza que era rara, por eso desde siempre he intentado mantenerme alejada, si, me olvido de comer, un día alguien lo menciona y lo recuerdo así, como si fuera la cosa más normal del mundo, mis recuerdos también aparecen y desaparecen como si nada, muchos días había despertado sin saber quien era y había tardado varias horas en situarme, por eso simplemente un día, dejé de dormir para asegurarme de que lo recordaba absolutamente todo, dejé de dormir para asegurarme que ese vacío en mi corazón no volvía, y no a vuelto a pesar de que esta noche he dormido, entre los brazos de Justin, pero he dormido.
Cerré los ojos para comprobar que ya había memorizado el cielo, me apasionaba su intenso azul, su intenso color anaranjado y rosa cuando el sol se iba o salía, los secretos del cielo en si me apasionaban, y yo tenía una cámara para poder fotografiarlo a mi gusto, desde todos los ángulos y perspectivas posibles.
El cielo y su azul me absorbieron, me levanté para ir a por algo de ropa y poder ducharme, el agua caía sobre mi pelo y mi cuerpo, como una suave caricia que conseguía hacerme creer que todavía era una niña buena y pura, tan pura como el cielo, mi adorado cielo, que a pesar de que antes estuvimos tan unidos, ahora estamos a una distancia muy lejana, como si hubiera un muro que nos separase, y es que a pesar de poder verlo con claridad, el cielo estaba a infinidad de kilómetros de mi.
Las horas pasaron fugaces, mi vestido azul me seguía gustando tanto como el primer día, y sonreí ante el recuerdo de Justin mirando vestidos e intentando ver uno que me gustara y me quedara bien, al parecer, lo consiguió, al menos la segunda opción si.
Me levanté y bajé para encontrar a Justin sentado en el sofá con los brazos extendidos en el respaldo y la mirada fija en algún punto que, seguramente, al igual que yo, ni si quiera el sabía.
Me senté a su lado en silencio, en la tele echaban una película de los años cincuenta, y a pesar de todo, era agradable la voz de los personajes, cerré los ojos y me concentré en ellas, en escucharlas.
-Qué, buen día de "Cielo" espero -La voz de Justin sonaba sorprendentemente hostil, intenté adivinar la razón pero si se lo proponía el también podía ocultar muy bien sus sentimientos-
-Si, genial -No le miré, ladeé la cabeza y me fijé en que sus manos formaban puños, haciendo que sus dedos se volvieran de un color blanco, casi tan impoluto como las nieves, o peor aún, como las nubes que habitan mi preciado cielo-
-Eso es bueno -Se levantó frío y fue a la cocina ¿Es que no se cansaba de cocinar? reí-
-¿Te ayudo? -Me puse a su lado y me lavé las manos esperando a que me diera una orden, el solo me miró-
-Te perdiste la comida -Su voz adquirió un tono reprochable, como si me estuviera juzgando por algo malo que había hecho-
-Ya perdona... se me hizo tarde -El dio un golpe en la mesa y me miró de nuevo-
-Si. Ya. Perdona, claro -Se giró sobre sus talones y se mordió el puño con fuerza, yo estaba temiendo que se hiciera sangre, sinceramente no era muy buena sobre llevándola-
-Soy rara -Intenté protegerme pero no se movió ni hubo ningún indicio de que fuera a hacerlo-
-Eso lo sé -Su voz ahora era seca, y yo, más que enfadada, indignada bajé mi rostro y cerré el grifo con el que me estaba lavando las manos, y sin sacármelas intenté salir corriendo-
-¿Por qué siempre huyes de mi? -Gritó Justin con su rostro muy cerca del mío y su cuerpo interrumpiendo mi huida, no me podía mover, pero si mirada me daba miedo. No contesté-
-Siempre huyes y me dejas solo... -Ahora parecía que fuera a echarse a llorar. Maldito bipolar-
-No es eso... -Intenté justificarme pero no podía, quizás si estuviera huyendo un poco de él-
-Ah, no claro, perdona, tienes una cita con tu cielo -Dijo enfadado mientras me soltaba de mala gana-
Bajé mi cara y me miré los pies, descalzos sobre las baldosas blancas de la cocina.
Justin dejó de hacer la cena y se fue al salón, se quitó la camisa, yo aparté la cara y noté como se acostaba en el sofá, aproveché la oportunidad para salir corriendo, pero antes, me acerqué a él y aun que me daba miedo, rocé mis labios con su mejilla mientras cerraba los ojos, y esperaba en el principio de las escaleras decir aquella frase que tanto amaba y se había convertido en mi preferida, cálida y reconfortante, como si de verdad pudiera hacer algo por alguien sin hacerle daño o hacerle sufrir.
-Gracias, Hannah- Por fin oí, y salté los escalones de la escalera de dos en dos adentrándome en la habitación de Justin y enredándome entre las sábanas que olían a él, esperando que como la noche anterior, pudiera dormir y no olvidar.
Me equivocaba. Deseé que Justin estuviera a mi lado. Deseé que me protegiera de mi cielo. Deseé que mi destino, fuera mío, no de el, no del azul, no de mi cielo... no de su cielo.
sábado, 16 de febrero de 2013
Capítulo 5 - No puedo perderte, Hannah.
-¿Dónde está Justin? -Oí una vaga voz. Sonaba enfadada y jodidamente conocida, creí al principio que solo seguía soñando, y e encaminé a perderme de nuevo en la brillante sonrisa de Hannah.
-¡J-Justin estás durmiendo! -Gritó una dulce voz- ¡No le puedes ver! -Sonaba estresada y preocupada, abrí los ojos cuando sentí un líquido helado cubriendo todo el cuerpo. Salté del sofá intentando situarme-
Vi una mata de pelo negro cayendo ligeramente por sus ojos. Un top que dejaba ver el piercing en su ombligo y unos cortos y ajustados pantalones vaqueros. Mierda. Miley.
-¿Miley qué haces aquí? -Ella fulminó a Hannah con la mirada, que estaba en la puerta, encogida y mirándonos con cautela. Llevaba el vestido blanco que le había comprado, y seguramente al ver la apariencia de Miley, se sentiría inferior. Joder-
-Venir a verte -Volvió a fulminar a Hannah con la mirada haciendo que retrocediera, como una niña pequeña un paso- Pero veo que estás ocupado -Apartó los ojos de ella y los puso sobre mi- ¿De niñero, Justin? -Hannah, aun que resulte imposible de ver o creer, se encogió más de hombros, pero más que miedo, era enfado. El suyo no se asemejaba al mío. Quería partirle la cara-
-Te cansaste de Ryan, supongo. -Enarqué una ceja pidiendo respuestas-
-Na' me estaba vengando, realmente te prefiero a ti -Seguramente, en cualquier momento de mi vida me hubiera sentido orgulloso y "feliz" de que dijera algo así. Pero ahora solo me dio asco, un asco tan grande e inmenso que me entraron ganas de potar, y lo hubiera hecho si no fuera por que tenía el estómago vacío-
-Y lo dices como si estuvieras orgullosa -Un hilo de voz interrumpió, Hannah había fruncido el ceño, enfadada, parecía que se iba a tirar encima de Miley en cualquier momento, y, ahora si. Sonreí con orgullo-
-¿Perdona? -Se giró y se acercó a ella con paso decidido mientras el piercing de su ombligo se movía de un lado a otro, acorde a sus pasos- ¿Decías algo, pequeña? -Sonrió con superioridad. y Hannah frunció más el ceño. Definitivamente, esto iba a ser interesante-
-Si, conozco una crema ideal para arrugas, tal vez te venga bien usarla -¡Zas! en toda la cara, aguanté una carcajada, Miley para nada tenía arrugas, pero su obsesión por la belleza y la perfección la cegaba demasiado y eso, por su cara roja de ira, le había dolido-
-Primero crece, luego ya hablaremos -Intentó mantener la calma, y contestar con coherencia, algo de lo que ella no disponía-
-Si crezco yo... -Respondió Hannah- Crecerás tú, y señora... no creo que quiera crecer... más -No pude aguantarlo, Solté una carcajada y ambas chicas me miraron. Miley me mataba con su mirada recelosa, pero Hannah me miraba con orgullo mientras me guiñaba su ojo derecho, Esta chica no solo me mataría a mi, sino también a Miley-
-Que infantiles sois... hacéis buena pareja... ¿sabéis? -Hannah frunció el ceño, intentando descubrir en que pensaba o a qué se refería con ese comentario, yo sonreí avergonzado-
-Gracias, tendremos tu... opinión en cuenta -Contestó con la voz llena de sarcasmo. Oh, dios, déjame grabar la cara de Miley, por favor te lo ruego-
-Gilipollas -Indiferente y sin pizca de humor, me cortó a mi, con ese insulto que supuestamente debería hacerme daño a mi-
-Zorra -Le contesté con una sonrisa de victoria en mi rostro, aun que esa "victoria" la había conseguido Hannah, ella solita-
-Lo lamentarás, ya creo que lo lamentarás -Se fue dando un gran portazo en la puerta-
Hannah me miró y ladeo la cabeza, yo me encogí de hombros e hice el desayuno mientras ella fotografiaba el cielo y lo contemplaba con su habitual admiración. Demonios, nunca la entenderé pensé frunciendo el ceño y negando con la cabeza, al principio no era más que un trabajo... con el paso de las horas, y sin darnos cuenta ninguno de los dos, esto se estaba convirtiendo en otra cosa que podría no ser buena. Para mi.
Acabé de hacer tortitas, Hannah las miró sorprendida y empezó a comer con ansia, no dijo ni una palabra, y seguía con la cámara azul en las manos, no la soltaba ni si quiera para dormir, seguro. Recogimos los platos y Hannah volvió a correr a mi habitación, ¿No podía ver el cielo desde el salón? ¿Por qué mierdas me dejaba solo? y aun que no me gustara la idea, odiaba tener que pasar tiempo alejada de ella, pero también me asustaba la idea de acercarme mucho, cogerle cariño (más del que ya le cogí) y pasarlo mal a la hora de dejarla ir, porque claro... algún día, me guste o no deberé hacerlo.
Pasaron las horas, Hannah seguía encerrada y yo lo único que hacía era suspirar mientras intentaba imaginarme el punto de vista que tiene ella del cielo.
Oí pasos de unos pies descalzos, me di la vuelta y la vi mientras mis ojos se agrandaban casi tanto como mis pupilas. ¿Era Hannah?
Llevaba el pelo desordenado y le caía en cascada por el hombro derecho dejando el izquierdo al descubierto, llevaba los vaqueros que le compré y la blusa, pero todo le quedaba más... apretado de lo que recordaba, los pantalones marcaban fuertemente su trasero y la blusa se ceñía a las curvas que hasta ahora, yo no había notado. Sonreí al entender que había estado haciendo. Por primera vez desde que estaba conmigo no miraba el cielo, se estaba arreglando la ropa, para parecerse a esa zorra. Negué con la cabeza, me levanté y me puse frente a ella, mientras ladeaba la cabeza esperando mi voz. aun que después de verla, tendría que lidiar con algunos problemillas... me sonrojé al verla de esa manera. 'Justin, serénate' me regañé a mi mismo.
-¿Hannah, por qué te pusiste así? -Me incliné un poco quedando a su altura, ella bajó el rostro y empezó a jugar con sus dedos-
-¿Y bien... Hannah? -Insistí-
-Yo... creí que te gustaría -Levantó su rostro y me miró a los ojos. ¿Qué me gustaría? Oh dios... esta chica es simplemente única-
-Hannah ¿Por qué pensaste eso?
-Por que... cuando viste a Miley casi babeas el suelo -Reí ante la forma en la que me describió... quizás tenía razón, Miley ese día estaba jodidamente caliente y de no haber sido por Hannah, seguramente habríamos acabado desnudos en mi cama-
-No soy de piedra...
-Pero... quizás... tu querías verme así -Volvió a bajar su rostro avergonzada, yo intenté adivinar la razón de su desconcertante inseguridad, quizás si me gustaba verla así, verla como una chica de dieciocho, pero aquella chica que tenía delante de mi, con maquillaje y joyas, no era la Hannah a la que le había cogido cariño, no, simplemente ella no era Hannah-
-Hannah, yo quiero ver a Hannah -Ella me miró confusa, intentando descifrar mis palabras-
-Hannah, es siempre Hannah, lleve lo que lleve... -Una lágrima cayó por su rostro- Tenga alas o no... -Ya antes de que pudiera asimilar sus palabras, se dio la vuelta y salió corriendo, haciendo que las puntas de su cabello rozaran ligeramente contra mi rostro. Cerré los ojos antes el tacto de su rubio cabello, y deseé volver a sentirlo nada más ver que se había alejado. Negué con la cabeza y me dejé caer en el sofá. Era extraña, muy extraña pero solo por eso conseguía volverme loco y aun que al principio pensé que me volvía loco de una forma desagradable, cada minuto que pasaba más con ella me hacía darme cuenta que me volvía loco de la forma más agradable que nunca nadie me había hecho sentir-
Ella no salió más, ni para comer ni para cenar. La casa parecía mucho más vacía que antes, yo no la podía sacar de mi mente ni de mis pensamientos, cada cosa que hacía la veía a ella, cada palabra que recordaba pensaba en ella y en sus respuestas, cada minutos con ella se me hacía ligero y hacía mi vida un poco más pasable pero ahora que no estaba conmigo, no podía soportarlo. Cerré fuertemente mis ojos deseando que aquello solo fuera un sueño y los abría lo más rápido que pude mientras temblaba de miedo, de miedo por pensar si quiera una milésima de segundo que Hannah no era real y era fruto de mi imaginación.
La desesperación me envolvió, corrí por las escaleras, hacía bastante que no las subía, y abrí la puerta de mi habitación, Hannah estaba tirada en el suelo, mirando el techo, cuando entré aparto la vista de el y la clavó en mi. Se había quitado esa ropa y se había vuelto a poner el vestido blanco. Mis manos seguían temblando, me puse de rodillas a su lado, y la acerqué a mi abrazándola con todas mis fuerzas. Había caído profundo y necesitaba hacer algo para volver a la superficie.
Ella rodeó sus brazos a mi cuello y me devolvió el abrazó, la coloqué sobre mi regazo, y rodeé su cadera con mis brazos tan fuertemente que dolía y estaba seguro de que a ella también, pero en ningún momento se quejó, respiraba lentamente en la curva de mi cuello haciendo que mi corazón se parara y mis ojos se cerraran para disfrutar del contacto, su cabello rozaba mi nariz, tenía un olor a aire, a sus brisas tranquilas y a sus brisas movidas, y no pude evitar imaginarla con dos hermosas alas saliendo de su espalda, de un blanco impoluto y de una suavidad envidiable por la seda o el terciopelo.
Y antes de que pudiéramos hacer nada por evitarlo, nos dormimos en el suelo, abrazados, y disfrutando la compañía de ambos.
Ya no podía dejar a Hannah, no la podía perder, si la perdía, también me perdería a mi mismo, y cada vez era más consciente de ello.
viernes, 15 de febrero de 2013
Capítulo 4 - Recuerdos, Hannah.
Desperté por el ruido de algo cayendo, me levanté de un salto y fue lo más rápido que pude a mi habitación, Hannah estaba arañándose el cuerpo con las uñas y sollozaba con todas las fuerzas de su garganta.
Yo me apresuré y la agarré de las muñecas, ella se resistió pero al final se dejó caer y empezó a llorar más fuerte, metió su rostro en la curva de mi cuello. Me senté en el suelo y la senté sobre mi regazo, sus pequeños brazos me rodearon el cuello, y mis manos sujetaron su cintura mientras subían y bajaban por su espalda en un intento de hacer que se sintiera mejor.
-¿Que sucedió? -Me atreví a preguntar al ver que ya se había calmado-
-Desapareció -Contestó con ira-
-¿El qué desapareció? -Necesitaba saber la razón de su dolor-
-Mi cielo -Me quedé de piedra al oír su respuesta, y aun que no la entendía muy bien, intuí al ver mis láminas y lápices tirados por el suelo-
-¿Tu cielo desapareció, antes de que pudieras dibujarlo? -No respondió inmediatamente, y sonreí al notar que asentí levemente con su cabeza-
-No me dio tiempo, no pude dibujarlo a tiempo -Volvió a decir con la voz ronca y el rostro inundado en lágrimas de nuevo-
-Dibujarás otro, Hannah
-¡No quiero otro! -Se levantó de mi regazo y pegó una patada al suelo con frustración-
Después de que pasaran minutos, empezó a dar vueltas sobre si misma para ver el desastre que había causado y mientras se llevaba las manos a la boca y no paraba de pedirme perdón recogió todo lo que había tirado. Levantó un lápiz que estaba roto, y las lágrimas volvieron a la vez que un grito desgarró su garganta ¿qué le pasaba hoy?
-Hannah... no importa -La calmé levantándome del suelo y recogiendo las últimas cosas que estaban desperdigadas por el suelo-
-Si... ¡Si que importa! -Gritó de nuevo mientras se tiraba del pelo- Soy un desastre... -Su mirada se vació, y temí perderla-
Corrí a su lado y la abracé con todas mis fuerzas, la alcé por debajo de las piernas y la cadera, la bajé al salón, le puse los zapatos y salí con ella, aún en brazos, después de asegurarme que cerraba y cogía las llaves de casa y del coche.
La senté en el copiloto, ella me miraba con los ojos agrietados, y sin saber muy bien el motivo o la razón, una parte de mi se cayó al verla de esa forma.
La llevé a una tienda que conocía como si fuera mi segunda casa, ella frunció el ceño, yo la sonreí y la obligué a bajar.
Al entrar en ella, lo primero en lo que se fijó fue en las cámaras de fotografía que estaban ordenadas sobre los estantes. Las miraba con adoración y curiosidad, y después de elegir una azul y hablar con el señor de la tienda, se la tendí a Hannah.
Ella no tenía ni idea de como se utilizaba "esa cosa" y a pesar de que me costó mucho tiempo enseñarle lo más básico, sonrió por primera vez aquel día al hacerme su primera foto, reí al ver mi cara, pero más todavía al ver como danzaba alegremente sacándole fotografías al cielo desde todos los ángulos imaginables, y con cada foto, ella sonreía de forma dulce y apretaba la cámara con fuerza contra su pecho.
Dimos un paseo, ella hacía fotografías todo el tiempo, a niños pequeños jugando, niñas caminando, un chico llorando... Dijo que las cosas hermosas, merecían ser recordadas, y ese concepto de las fotografías me resulto alentador e interesante. ¿en qué mundo vivía esta chica?
Fuimos a comer a un restaurante de comida italiana, y casi muero de la risa al verla cubierta de tomate, sus mejillas sonrojadas por la vergüenza, pero por mucho que dijera estar enfadada, ella acababa riéndose igual o más que yo, 'aah' suspiré de felicidad al ver que esa hermosa y entrañable sonrisa había vuelto a aparecer, puede que fuera complicada, bipolar, extraña, (vale, muy extraña) pero su forma de hacer las cosas era única y especial, todo lo hacía como si fuera la última y la primera vez, incluso la forma en la que me miraba a los ojos, me miraba directamente a ellos, sin apartar la vista, enfrentándolos, demostrándome que estaba ahí y que comprendía como me sentía, la impotencia, el miedo, el pánico, la rabia...
Después de pagar, quise llevarla a un parque, pensaba como una niña, actuaba como una niña, ¿por qué no le iban a gustar las cosas típicas de las niñas? y tal y como pensé, le encantó, gritó de emoción y empezó a hacer fotografías por todos lados mientras reía y decía palabras como "nunca lo olvidaré" fruncí el ceño sin entender a lo que se refería. Diablos, ¿qué estaba mal con esta chica? ¿por qué decía cosas como esa? Ella paró de hacer fotografías, y se giró hacia mi haciéndome una, yo la regañé, pero ella solo rió y continuó haciendo fotografías, desde todas los ángulos posibles, no pude evitar sonreír, y aprovechó para acribillarme a más fotografías.
Suspiré dándome por vencido pero al ver que ella quería jugar, corrí detrás de ella mientras huía de mi hacia los columpios para intentar esconderse, bordeamos todo el columpio entre gritos de alegría y carcajadas, cuando la cogí en plena huida, la cogí por la cintura desde detrás y le di una vuelta, haciendo que una vez más riera de felicidad, al igual que yo.
-¡Justin! -Suplicó-
-Enhorabuena, sabes mi nombre -Contesté mientras la dejaba sobre sus pies, ella continuó riendo y boqueando por el ejercicio físico, yo la contemple mientras miraba el cielo, ahora oscuro y se sentó en una zona llena de hierba verde, yo la seguí y me senté a su lado. Las estrellas la iluminaban, y parecía que ella también las iluminaba a ellas, sus ojos parecían pedir un deseo, yo ladeé la cabeza intentando descubrir que era lo que estaba pidiendo, pero me fue inútil-
-Dime que no es increíble -La miré fijamente, no solo era increíble, era única y sumamente hermosa. Negué con la cabeza sorprendiéndome a mi mismo de esa idea que vino inconscientemente a mi mente ¿qué me pasaba? yo nunca pensaba eso de nadie, de nadie, absolutamente nadie... aun que visto desde otro punto, Hannah parecía ser nadie 'sonreí ante la idea'-
-Es increíble, sin duda -Admití tumbándome en la hierba, ella me imitó, y nos quedamos en silencio intentando diferenciar las distintas constelaciones, aun que era ella la que lo hacía, yo solo escuchaba y me aseguraba de que lo que me estaba enseñando no se me olvidara nunca-
-Mmmm ¿qué piensas de las estrellas? -La miré-
-¿Qué quieres decir?
-¿Qué piensas que con? -Se incorporó y clavó sus ojos en mi-
-Mmmm -Pensé en todas las cosas que había vivido a lo largo de toda mi vida, tanto lo bueno como lo malo, y si había aprendido algo no era precisamente sobre estrellas. Me encogí de hombros- Son astros que emiten luz propia ¿no? -Ella rió-
-Te sabes la teoría, pero personalmente ¿piensas eso de verdad? ¿nada más? -Yo asentí, sus preguntas me tenían confundido, aun que ya me había acostumbrado-
-Pues... yo creo, que las estrellas están ahí para cada persona -Reí ante su idea- ¿No me crees? -La miré y me advertí a mi mismo de que estaba hablando en serio-
-Has que te crea -La reté-
-Cuando una persona se va... -Empezó- es decir, muere, muchas de sus personas queridas se quedan solas, pues yo creo que las estrellas nos representan y que aun que el cuerpo se vaya, siempre se quedaran las estrellas, para cuidar a las personas que dejamos atrás. -Yo pensé en su razonamiento. Sería bonito pensar eso, y tener una pizca de esperanza porque Cleo me estuviera viendo y todas esas... tonterías, pero si era realista, que lo era, no me podía permitir a mi mismo pensar ese tipo de cosas, ya no-
Nos quedamos en silencio, mientras cada uno pensaba en sus propios problemas, que no eran pocos, y sin decir nada, ninguno de los dos, nos levantamos y nos fuimos.
El camino hacia casa y la cena, fueron totalmente en silencio. Quizás ella perdió a un ser querido y la entristeció recordarlo, al igual que a mi.
Recogí la mesa y ella vio algo en la televisión me acerqué y sonreí, muy típico, estaban hablando sobre estrellas, simple casualidad, Bieber pensé para mi mismo mientras me dejaba caer a su lado, ella ni se inmutó, siguió observando la televisión embelesada por la información que le estaban dando, aun que por lo que pude ver hoy, ya sabía muchísimo sobre estrellas.
-Odio estos malditos documentales -Frunció el ceño y me miró indignada- Así, cualquiera piensa que son simples astros ¿qué pasa con la opinión personal eh? -Reí-
-Si, princesa, tienes razón -Me fulminó con la mirada-
-Eres un tonto... -Hizo un mohin y se levantó mientras daba saltitos y subía las escaleras de dos en dos, negué con la cabeza, lo apagué todo y me tumbé, esta vez no cerré los ojos, esperé a que viniera Hannah y pillarla por sorpresa, pero no apareció, y justo cuando estaba apunto de darme por vencido lo noté, y antes de que perdiera la oportunidad, agarré su muñeca y le susurré al oído haciendo que se estremeciera y saliera corriendo.
Nunca habría pensado que un simple "Gracias, Hannah" le haría estremecerse, pero quizás lo que no había pensado es que no era un simple "Gracias, Hannah" ni para ella, ni mucho menos, para mi.
Capítulo 3 - ¿Qué ves en el cielo, Hannah?
Esa noche, había soñado con ella tal y como predije al sentir su beso en mi mejilla.
En el, ella tenía unas hermosas, hermosísimas alas blancas que se agitaban al sentir el frío del viento.
Llevaba un vestido blanco y largo, suelto, como si fuera una camiseta de tirantes, y su cabello no estaba recogido, sin embargo en el se podían apreciar brillantes gotas de agua como si fueran perlas. Lo único que hacía ella en mi sueño era sonreír, como solo ella había demostrado que sabía hacerlo.
-¿Hannah? -Mi voz interrumpió el silencio, y vi como ella se giraba lentamente hacia mi, las ventanas del salón estaban abiertas de par en par y ella sentada en el bordillo, y aun que se suponía que debía sentir miedo, solo sentí deseo por dejarla en algo parecido a la libertad-
-Buenos días -Se bajó del bordillo y ladeó la cabeza a un lado, esperando una señal para hacer algo, yo sonreí-
-Buenos días, Hannah -Finalmente sonrió con confianza y me siguió a la cocina donde preparé el desayuno, ella como siempre, lo dejó prácticamente entero, aun que me animó ver que había probado bocado, era un avance-
-¿Qué tal has dormido? -Me preguntó, con la intención de entablar tema de conversación, pero entre todos ellas ¿por qué precisamente ese? me sonrojé al instante apartando mi mirada de ella, con la esperanza de que no leyera mi interior-
-Francamente, genial
-Eso... -Dudó un segundo- Es verdaderamente genial, Justin -Me estremecí al verla sonreír de aquella manera, que conseguía hacer que todo su rostro se iluminara y en consecuencia, también el mío, a la vez que mi nombre salia de sus labios. Podría acostumbrarme a oírla decir eso para toda la vida. Negué con la cabeza deshaciéndome de la idea en cuestión de segundos-
-Si, lo es. -El resto del desayuno fue silencioso, ella seguía contemplando la ventana. Como si anhelara algo, o a alguien-
Hannah, como había hecho el primer y el segundo día, se subió a mi habitación las cuatro siguientes horas, yo aproveché para intentar ponerme al día con los malditos trabajos que me habían mandado mis profesores en un acto de "responsabilidad" y palabras textuales de la profesora "no te aprobaremos sin que te hayas esforzado antes" y ahí estaba yo, intentando pintar algo, se me pasó por la cabeza, pintar el cielo que tanto amaba Hannah e intentar descubrir la razón de su adoración hacia el, negué y al pronunciar en mi mente su nombre, pensé en dibujarla a ella, pero seguramente se molestaría al ver el estropicio que había armado.
Me levanté con las láminas y los lápices y empecé a caminar como un retrasado por toda la casa, y cuando por lo menos llevaba dos horas decidiendo que dibujar, opté por un simple frutero con muchas manzanas en su interior, y tal y como esperaba me salió de cero para detrás. Pintar no era lo mío.
Dejé, mi (horrible) dibujo encima de la mesa, y de la nada, apareció Hannah, mirando fijamente mi dibujo, yo le sonreí y la invité a que se sentara a mi lado a "contemplar" mi "obra maestra"
-¿Lo has hecho tú? -Preguntó mientras me miraba con los ojos muy abiertos-
-Si
-¿Puedo intentarlo? -Reí ante su pregunta, asentí y le di una de las láminas y lápices que tenía ya guardados en el estuche rojo que entregaban a todos los alumnos de la escuela-
Ella, como supuse, se dirigió directamente a la ventana, la abrió de par en par, se sentó y comenzó a observar el cielo, solo observarlo, y después de observarlo, empezó a pintar sin levantar la vista ni una vez, como si tuviera la imagen exacta de lo que quería hacer, y como si de una fotografía se tratara, lo miró orgullosa y me lo enseñó con un brillo especial en sus ojos.
-Es mi cielo -Me informó. Aquel cielo y el cielo de todos los días, no tenían nada que ver, este era brillante, alegre, pacífico, relajante, el otro solo hacía que te estresaras nada más verlo-
-No son iguales -Ella pareció entristecer- Este es mil veces mejor ¿esto ves tú tanto, tanto tiempo? -El brillo que se había apagado, volvió ahora con más fuerza, mientras me hablaba del cielo que ella veía-
Su cielo, era un mundo de fantasía, donde las buenas personas irían convirtiéndose en ángeles que cuidan a los humanos y ocultándose de ellas gracias a la nubes, Dios, era el padre bueno, que decidía quien merecía ir al cielo o al infierno.
El entusiasmo con el que contaba todas aquellas historias inventadas por ella misma me abrumaba, que si un mono vuela subido en una nube ¿no es una especie de historia o serie eso? que si una princesa (que llamó doncella celestial) bajaba para verse a escondidas con su amor platónico, que si soñaba con tener alas y surcar el cielo con ellas... y antes o después, su entusiasmo me sobrecogió a mi también, la miraba con adoración y la escuchaba con interés, y mientras ella se pasaba toda la tarde hablando sobre su adorado cielo, yo me pasé toda la tarde escuchando aquella voz, y observando aquellos ojos que había llegado a amar en poco tiempo, y aun que no lo admitiera ni en un millón de años, tenía miedo de pensar que todo esto se acabaría, y ella se marcharía para siempre.
-Es increíble... -Suspiró con felicidad después de la emoción de compartir conmigo sus aventuras-
-Lo es... -Admití. De esa forma, nadie nunca se aburriría. Esta chica debía hacer una novela o algo por el estilo-
-¿Y tú? cuéntame algo tú, cuéntame algo de tí -Insistió ella en saber, yo pensé en las cosas que debía o no debía contarle, pero fui incapaz-
-Tengo dieciocho años...
-Sigue
-Nací en Canadá -Me golpeó las costillas con el codo-
-Sigue...
-No soy un buen tipo, Hannah, hago daño a la gente, mucho daño, no te viene bien saber mucho de mi o acabarás teniéndome miedo -Y eso poco a poco, acabaría destruyéndome a mi-
-Yo tampoco soy buena... -Dijo ella de forma triste, y al ver esa expresión deseé haberle contado cosas sobre mi-
-Lo eres, créeme -Le aseguré dándole un golpecito en la espalda-
-Puede que no sepa de ti, pero tú tampoco sabes de mi. -Su mirada se endureció- No me trates como una chica dulce y sensible. Jamás -Se levantó y cogió su dibujo mientras salía corriendo por las escaleras-
Cada día entendía menos a esta chica, un rato estaba contenta y feliz, otro emocionada y al otro, enfadada ¿tan extraña era? no... ¿qué no era extraño en esa chica? si hasta su forma de ver las cosas lo eran... 'Sonreí' Esa chica en tan solo unos días iba a volverme loco, incluso más de lo que ya estaba.
Me levanté y empecé a preparar la cena, ya no sabía que hacerle a Hannah, preparé unos filetes y patatas fritas y la llamé para que bajara. Tardó en responder, pero al bajar, me asustó ver que estaba cubierta de sangre.
-¡Hannah! -Corrí a su lado mientras la agarraba de los brazos y la miraba de arriba a abajo para comprobar que estaba bien-
-Me caí... -Admitió ella avergonzada, yo suspiré-
-Me buscaré una buena si te metes en líos, tus líos son mis líos, ¿vale? -Ella asintió y se sentó delante de su plato, ya colocado en la mesa, yo la seguí y me senté delante de ella-
Esta noche estaba muy callada, demasiado para ser ella, pero comió todo lo que había en su plato. Sonreí, al menos había conseguido un avance, pequeño, pero al fin y al cabo era un avance.
-Mi padre me pegaba, Hannah -Dije en un intento de que me perdonara. Nunca había hablado de eso con nadie y al parecer, Hannah sería la primera en saber.-
Ella se quedó en silencio, esperando a que siguiera hablando, aun que por su expresión, supe que me comprendía y simplemente bajo un poco su rostro. Volví a tener curiosidad por saber cosas acerca de ella, de ella y de su vida.
-¿Y tú? -Intenté sonsacarle aun que fuera un mínimo de información-
-También hice cosas malas -Su rostro se entristeció más, y miraba hacia algún lugar que yo no alcanzaba a ver. ¿Era una especie de don que ella pudiera ver cosas que el resto no podía? si lo era, era increíble-
-Comprendo... -Esta vez yo bajé mi rostro. A ambos nos costaba a hablar de eso, y si le producía dolor hablar de ello, yo no sería quien la obligara a hablar-
Vimos una película, mierdas de días o algo así, ella no le hacía caso, y miraba el cielo, ahora oscuro y repleto de estrellas, y yo, en cambio, la miraba a ella. Sus ojos seguían resplandeciendo a pesar de la oscuridad de la habitación.
Cuando acabo la película, ella se levantó y se fue. Yo lo apagué todo y me acosté, cerré los ojos e intenté que el sueño me envolviera, un intento inútil, hasta que sentí el suave roce tibio de los labios de Hannah contra la piel de mis mejillas. Sonreí y ahora si, fui capaz de dormir.
"Gracias, Hannah" -Susurré apenas con un hilo de voz antes de adentrarme en un profundo sueño-
jueves, 14 de febrero de 2013
Capítulo 2 - Gracias, Hannah
Me desperté sudando y un grito sordo salió de mi garganta mientras me levantaba rápidamente y me sentaba sobre el incómodo sofá, intentando por todos los medios, situarme y descubrir donde me encontraba. En el salón finalmente pensé. mi mirada se posó en una figura pequeña y encorvada sentada en el suelo, sobre sus piernas cuya mirada gris me fulminaba, sin preocupación, tan solo curiosidad.
Ladeó un poco la cabeza a la derecha y frunció el ceño. Estaba intentando leer mis pensamientos y de alguna manera no pude apartar la vista.
-Buenos días -Susurró, y me sonrió de una forma cálida, tan cálida que me hizo sentir como si estuviera en casa, pero no en mi viejo apartamento, sino en casa de verdad. En sus ojos solo había algo parecido a la gratitud, y cuando se levantó y acarició mi cara, fue cuando me di cuenta que mi rostro estaba inundado en lágrimas-
-B-buenos días -Fui capaz de decir finalmente mientras intentaba serenarme a mi mismo-
Se apartó un poco para dejarme espacio y me levanté. Miré el reloj y solo eran las siete de la mañana, ¿Tan pronto se levantaba ella normalmente?
-Chica madrugadora -Sonreí mientras me estiraba y bostezaba-
-En verdad -Contestó con indiferencia- No dormí -Mi cara se descolocó por la extraña respuesta ¿qué quería decir?-
-No te haré nada... -Dudé y elegí bien mis palabras- Indebido, puedes estar tranquila.
-Lo sé... -Miró a algún sitio de la nada- ¿Es normal no saber desde cuando vives? -Su pregunta me sorprendió incluso más que la respuesta que me dio antes. ¿Era una broma? Si lo era, no tenía mucha gracia... bueno, si, un poco si la tiene 'pensé reprimiendo una carcajada'-
-Depende -Fui a la cocina a hacer el desayuno, no sabía que le gustaba a ella... ¿ella? ah... Hannah... Hannah me siguió y se sentó en un taburete mientras se apoyaba en sus brazos, ahora cruzados sobre la mesa-
-¿Depende de qué?
-Si has tenido un accidente, si, es normal, y si no lo has tenido... puedes tener alguna enfermedad, realmente no es algo extraño... o al menos no demasiado -Confesé al pensar bien las cosas, de cierta forma era algo extraño, si-
-Umm -Ocultó su rostro más entre sus brazos y el silencio se adueñó de la cocina-
No era incómodo estar con ella en silencio, era como estar solo pero en paz, una paz que no había experimentado muchas veces, pero que las pocas veces que lo hacía, lo aprovechaba al máximo.
Desayunamos y empezó a contarme algunas cosas que consideraba información de "suma importancia" Tenía quince años, (más o menos, no lo recuerda con claridad) y era una persona algo tímida... pero que odiaba que la trataran como si fuera subnormal, aun que que yo recuerde eso ya lo aclaró el día anterior... y a pesar de que me contó algunas cosas (las mínimas) algo era algo, y para ser tan solo el segundo día, oye, estaba bien.
Recogimos la mesa y ella empezó a subir las escaleras, fuera donde fuera, podía hacer lo que quisiera, ya le había dejado claro que mi casa en este tiempo era como si fuera suya.
-Te llamas Hannah ¿Correcto? -Pregunté antes de que subiera. Ella se giró hacia mi y me contempló durante un tiempo-
-Hannah... en japonés, significa Flor... -Fue lo único que contestó antes de darse la vuelta y salir corriendo. ¿Qué había querido decir con eso? ¿Era siempre esta chica tan rara? Pero poseía algo... que me hacía preguntarme cosas acerca de ella... qué le había pasado, cómo era su familia, cómo era su vida en general... pero solo podía esperar a que todas esas preguntas las respondiera ella a su debido tiempo-
Pasó alrededor de cuatro horas, y Hannah todavía no había bajado ¿qué demonios estaba haciendo? decidí subir y descubrirlo yo mismo, al entrar en mi habitación la vi, estaba sentada en una silla al lado de la ventana, mirando a través de ella, las nubes blancas y el cielo azul, por el reflejo de la luz del sol su rostro no se veía, solo se veía una mancha negra dibujando su contorno. ¿Había estado observando el cielo durante todas estas cuatro horas?
-¿Qué ves en el cielo? -Pregunté pasando por su lado y quedando frente a ella mientras giraba de vez en cuando la cabeza intentando descubrir que miraba ella tan deseosa-
-El cielo... -Susurró con un hilo de voz-
-Ajam... ¿Qué tiene de interesante? quiero decir; siempre es igual -Admití confuso y avergonzado por desconocer tanto de ella-
-Nada es siempre igual... ni si quiera tú -Y como siempre, su respuesta me había sorprendido, pero ante todo me había sorprendido el pensamiento que se me había cruzado por la cabeza en una fracción de segundos. Con la luz bañándole el rostro y su cabello cayendo desordenado sobre sus hombros parecía una especia de... ¿ángel? pero de la misma manera en que había venido la idea, se había ido-
Observé mi habitación, sus cosas seguían en el mismo lugar en donde yo lo deje ayer, y su ropa parecía estar sucia, rectifico, no lo parecía lo estaba, y de sangre.
-Vayamos de compras -Advertí mientras le cogía con suavidad de la muñeca y la obligaba a levantarse para bajar por las escaleras hasta el salón. Allí cogí mis llaves del coche y de mi apartamento, pude ver su mirada llena de curiosidad- A comprar ropa... -Expliqué-
-¿Necesitas ropa? -Reí sin darme cuenta; ¿Cuan tonta podía ser esta chica?
-Es para ti, vamos, chica inteligente -Fingió sentirse ofendida y ser indiferente, pero se notaba a kilómetros su entusiasmo-
En la tienda, no había casi nadie, salvo mujeres casadas y con sus hijos en brazos. Claro, todos estaban en la escuela o la universidad, bueno, no todos. Yo no.
Mi plan era ir paseando y entrar en las tiendas que a Hannah le llamaran la atención, pero tan solo entró en tiendas de libros sobre el cielo y cosas así ¿astrología? ¿astronomía? ¿cómo era?
Tuve que entrar yo en las tiendas de ropa para chicas, incluso obligándole a ella, y dentro de las tiendas, no miró ni una sola prenda, solo se quedaba parada, mientras yo decidía que hacer ¿compraba yo algo? ¿y si no le gustaba? al ver que la indecisión no se calmaba lo mandé a la mierda y cogí los primeros tres vestidos que encontré y la metí en un probador entregándole la ropa.
Ella entró dudosa y con dificultad, como si fuera una niña pequeña, y yo me senté en los asientos de "espera" solo, éramos los únicos allí, al menos en esa tienda.
Cuando salió mis pupilas se dilataron, el primer vestido era blanco y le caía levemente por encima de las rodillas, no tenía mangas y estaba apretado por detrás del cuello, y ese tipo de broche permitía que su espalda se pudiera contemplar, su cabello, ahora más despeinado que al principio caía sobre sus hombros y sus ojos me miraban, y por ellos me advertí a mi mismo de que seguramente era la chica me insegura del planeta Tierra.
Yo levanté mis dos dedos pulgares haciendo una señal de "está bien" y le sonreí, ella me devolvió la sonrisa y asintió metiéndose de nuevo en el probador.
Al salir, el segundo vestido me dejó sin aliento y sin ni si quiera contemplar lo demás, le ordené que se cambiara, ella notó mi reacción y volvió al probador, ¿A eso le llamaban vestido? Parecía un cinturón, y lo peor de todo es que le sentaba jodidamente bien.
Y el tercero, me atacó donde más dolía a mi "corazóninesistente" Era de un color azul claro, le llegaba por las rodillas, quizás unos centímetros más arriba, llevaba unas mangas muy pequeñas de farol, (un farol apenas notorio) y en la parte de arriba había botones de color blanco, realmente parecía de la edad media, una de sus princesas o duquesas, pero en ella definitivamente se veía genial. Volví a hacer un gesto con mis dos dedos pulgares y ella se miró en el espejo ladeando su cabeza hacia la derecha, yo le sonreí y asentí con fuerza, cuando ella dio una vuelta sobre si misma. Todo a su alrededor se paró mientras su cabello y el vestido, ahora suyo, volaban con la fuerza producida por su vuelta. Me quedé sin aliento y aparté la mirada rápidamente.
Ella me sonrió con fuerza cuando salimos de la tienda, me costó horrores calmarme y serenarme al verla con aquel vestido... también compramos zapatos, unos vaqueros cortos y una blusa verde, todo ella elegido por mi 'sonreí con orgullo'
-Muchas... Gracias
-Muchas... de nada -Me sonrió y no pude evitar por seguir su sonrisa-
-No te creas que voy a estar todo el día detrás tuya agradeciéndotelo -Se cruzó los brazos sobre su pecho y frunció el ceño, yo reí-
-Gracias a dios, de la que me has librado -Ella sonrió mientras me daba un codazo en las costillas. Hice una mueca de dolor y me sacó la lengua en un gesto infantil-
-Infantil
-Viejo -Solté una carcajada insonora-
-Solo son tres años de diferencia
-Como si fuera poco. Viejo.
-Enana. -Me miró y me fulminó con la mirada-
-Soy casi tan alta como tú
-Sigue soñando, ni con tacones de veinte centímetros llegarás a ser si quiera igual de alta que yo... -Le sonreí de forma engreída- ¿Cómo puedes ser tan bajita?
-Es tú culpa, por ser tan alto -Puso un enfasis especial en "tú" y yo fingí meditarlo unos segundos-
-Pues, todos me consideran bastante normal de altura, incluso bajito entre los chicos -Ella se rió-
-¿Eres el bajito? o dios, eso es muy patético -¿Me acababa de llamar patético? Solté una carcajada a la vez que ella luchaba por ocultar una, hasta que no pude y se dejó contagiar por la mía-
-Hasta ahora, ninguna chica me dijo eso -Le guiñe un ojo seductoramente-
-Hasta ahora, no me conocías -Me devolvió el guiño y sonreí, esta chica me va a matar-
En el camino en coche, ella fue mirándolo todo con atención, parecía que quería quedarse hasta con el más pequeño detalle, y de vez en cuando me miraba a mi, mi rostro, como si estuviera intentando memorizarlo, y era en esos momentos donde sabía con certeza que algo estaba pasando, y no era bueno, y si no es bueno, es malo, y si es malo, quiero saber que es.
Entramos en casa, ella contenta y feliz mientras giraba sobre si misma sin parar y reía, como si de una niña se tratara, y al verla, no pude contener la risa, y empecé a sonreír como un tonto y rezando porque no se me cayera la baba, como cuando un tío miraba a Megan Fox.
Entre vuelta y vuelta ella se cayó al suelo, yo fui a su lado asustado dejando todas las bolsas en el sofá, y antes de que pudiera preguntarle si estaba viendo sonrió mientras se apartaba el pelo de la cara, esa imagen dulce, por primera me conmovió y recordé algo que no deseaba recordar.
Su flequillo castaño cubría sus ojos marrones, con un reflejo de pánico mientras se miraba la ropa e intentaba despertar del que ella creyó, que había sido un sueño. La sangre no cesaba, y ella en ningún momento soltó a ese bastardo, solo rogaba con la mirada, rogaba mi ayuda, y yo y mi ego no se la dimos, cogí esa bolsa que tanto había estado buscando y tras oír la orden de Víctor, nos fuimos.
Ella notó el miedo en mi mirada y en un intento por tranquilizarme me sonrió, pero sin una gota de compasión, la cosa que más odiaba en el mundo, y supe que a ella le pasaba lo mismo. Ambos odiábamos la compasión.
Se levantó del suelo y cogió las bolsas que yo había dejado anteriormente en el sofá, y se dirigió a las escaleras pero antes hizo algo que me sorprendió.
Se giró completamente hacia mi, vino corriendo, se puso se puntillas y me dio un leve beso en la mejilla, duró una fracción de segundos, pero en esa fracción cerré los ojos disfrutando del contacto de sus labios contra mi piel, y podía jurar que no había tenido ni un solo pensamiento lujurioso, solo pensamientos cursis y mierdas sobre abrazarla y no dejarla ir nunca más.
Sonreí al verla correr y salir disparada por las escaleras totalmente roja, negué con la cabeza y miré la hora en el reloj, ya eran las siete, quien lo diría... Habíamos comido en el McDonald, ella solo me miraba, no había comido ni un solo trozo de su hamburguesa, y me miraba como si estuviera haciendo algo extraño. Vale, que coma un poco rápido puede sorprender a algunas personas, pero por el amor de dios, es una tontería...
Me giré sobre mis talones, y me pregunté que estaría haciendo Miley, cogí mi móvil y observé que tenía tres llamadas perdidas de ella, y como 58 mensajes, pero en ninguno se mostraba preocupada, es lo que me he ganado dije en voz alta para mi mismo mientras marcaba su número, no lo cogió inmediatamente, y esperó a que sonara tres veces.
-¿Justin? -Su voz sonaba rara. Esa sucia rata me la ha jugado-
-Buen sexo, supongo -Noté como se cortaba su respiración-
-Tu te lo hiciste con Vanessa -Reprendió, oh, esto iba a ser divertido-
-Y no solo con ella -Comencé a pensar con todas las chicas que me había acostado y sonreí- Están Jessica Parker, Jessica Vanner, Jessica Williams, Marie Robbinson, Marie Morris, Marie Espenser, Paula Feins, Paula de Rox, Cristina di Caprio...
-Basta... -Cortó ella con un hilo de voz- ¿Las tienes apuntadas...? -Sonreí. Se lo había ganado-
-En verdad, estaba leyendo los mensajes que me mandan todos los días, ¿te leo alguno? seguro que acabas corriéndote -Aguanté una carcajada al imaginar su cara roja de ira, pero me sorprendió oír el tono dolido de su voz-
-Estoy con Ryan, Adiós Justin -Fue un golpe bajo, mi mejor amigo... Imbécil grité intentando controlar mi impulso de ir a reventarle la cara, aun que en cierta parte ya me lo esperaba, y sabía que no era solo un Adiós temporal, era un Adiós definitivo... todo lo bueno se acaba Justin, todo. Incluso la tía más buena de la escuela. 'Sonreí mientras daba un golpe en la mesa del salón'
Entonces me percaté de que Hannah estaba en las escaleras, una de sus manos estaba apoyada en la pared y su mirada me fulminaba con tristeza... y yo de la misma manera le sonreí. Estaba seguro de que había escuchado toda la conversación... debería al menos estar molesta por ser tan poco respetuoso con ella en mi casa, pero sin embargo, asintió, fue a la cocina, cogió un vaso y echo leche en el calentándola 30 segundos, y con dificultad y cuidado se acercó entregándome el vaso. Sonreí ante el detalle y acepté el vaso, después se dio la vuelta y volvió a subir las escaleras otra vez.
Ahora Miley no me importaba en absoluto. Todo lo bueno se acaba para dar paso a algo mejor, y no tiene que ser un sexo mejor, solo... una sonrisa mejor.
Preparé una pizza, ya que estaba seguro de que ella no podría con una entera ella sola, la llamé y cuando bajé me lamenté al recordar que no le había comprado un pijama, le hice una señal para que se sentara y me obedeció.
Corrí y subí las escaleras de dos en dos, y cogí una camiseta de mi armario, bajé y se la tendí. Ella me miró extrañada mientras inclinaba un poco la cabeza hacia la derecha, yo insistí y finalmente aceptó la camiseta. Fue al baño y se la puso, en ella mi camiseta parecía un camisón y sonreí haciendo un gesto con mi dedo pulgar, ella sonrió en respuesta.
Nos sentamos y cenamos en silencio, me urgía la curiosidad de saber más cosas sobre ella, pero si ella no quería contármelo no la iba a obligar.
Después de cenar cada uno se fue a dormir, y cuando pensé que estaba solo y apunto de dormirme, noté que algo cálido, suave y dulce me rozaba la mejilla, asegurándome una noche de llena de sueños que me harán sonreír como un idiota y seguramente ella sería la protagonista de ellos.
Oí sus pisadas en el suelo, seguramente frío, y cuando por fin se había ido de verdad sonreí para mi mismo y en el silencio de aquella habitación susurré "Gracias, Hannah"
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