sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 9 - Solo quiero que vuelva Hannah


-¿Hannah? -Mi voz titubeó. Mi cuerpo temblaba, no sabía que hacer o como reaccionar. Delante de mi estaba, pero no estaba Hannah-

Ella no contestó, y como si le costara empezó a caminar hacia mi, lenta pero decidida, sus ojos, sus ojos habían desaparecido y habían sido sustituidos por una mancha negra, el color del cielo. ¿Estaba todo llegando a su fin?

El vestido blanco de Hannah estaba también hecho trizas, sucio, como estaba toda su ropa cuando vino por primera vez a mi casa, sus manos parecían haber intentado hacer algo, escapar, pero no pudo. Su cuello presentaba moratones y su cabello estaba despeinado y lleno de barro.

Mi cuerpo, mis pulmones se quedaron sin aire cuando Hannah llegó a mi altura y se detuvo delante de mi. Me esperaba lo peor, me esperaba un ataque, me esperaba un grito, cualquier cosa, me esperaba cualquier cosa menos la que hizo.

Empezó a llorar.

Sus lágrimas eran del tamaño de una uña y todo su cuerpo temblaba incontrolablemente, sus puños antes sueltos, ahora estaban apretados y parecía querer hablar pero algo se lo impedía. Sus alas, negras como el carbón, estaban siendo arrastradas por el suelo, como si le costara mantenerlas erguidas sobre su espalda, estaban magulladas y visiblemente le faltaban muchas plumas. Antes de poder decir nada se desplomó.

El tiempo pareció pasar a cámara lenta, sus doblillas doblándose por la mitad, ella cayendo hacia el suelo mientras su vestido se iba hacia arriba de forma delicada y su pelo flotaba alrededor de su rostro. Su espalda no llegó a tocar del todo el suelo gracias a las alas. Pero antes, justo antes de caer pude ver lo que gesticulaba con sus labios. Lo siento y mi mundo, por millonésima vez, se vió destrozado y en un incendio mucho mayor que los anteriores. Podría ser el Apocalipsis, pero para mi, desde que Hannah se había ido, ya había empezado, y verla tirada en el suelo me abrió los ojos de que haría cualquier cosa por ella tuviera o no tuviera alas.

-Hannah -Me agaché y la levanté de la forma más delicada que supe del suelo. Estaba sudando y le costaba respirar, sus heridas de cerca mostraban un aspecto mil veces peor que de lejos, heridas sin curar e infectadas, si no eran tratadas no traerían nada bueno- Hannah por favor, me tienes que explicar todo esto -Aun que sabía que Hannah no me contestaría, necesitaba intentarlo, necesitaba probar suerte, pero de nuevo la suerte me falló, como otras tantas veces lo ha hecho-

Miré a mi alrededor, las calles estaban vacías, el cuerpo del hombre al que había decapitado había desparecido de la misma forma en la que Hannah lo había hecho días anteriores. La volví a mirar y aparté el pelo de su cara, cogí aire, cerré los ojos y deslicé mis brazos por debajo de sus piernas y su cintura y esperándome un gran peso la levanté como si de una pluma se tratara, no parecía que llevara alas, que ahora estaban plegadas sobre su espalda y a pesar de su color negro, eran suaves, tan suaves como las había imaginado en mis sueños. Hannah seguía estando allí.

Me vi corriendo hacia ningún lugar, solo con el objetivo de no soltar a Hannah, ahora que la había recuperado no la podía perder de nuevo. No ahora.

La cabeza de Hannah estaba apoyada contra mi hombro y me tranquilizaba pensar que ella estaba allí, conmigo y que en ese momento estábamos juntos. Su olor seguía siendo de frutas y vainilla, pero esta vez, tenía una especie de aura irresistible que te hace no querer soltarla nunca, aun que con o sin aura, yo no la habría soltado ni aun que me hubieran pagado millones.

Las piernas empezaban a pasarme factura, cada vez corría más despacio pero mi calma, a cada paso que daba, más me imponía que corriera, más y más rápido. Deseé tener yo también alas y poder volar y sacarnos de aquel maldito lugar que alguna vez fue mi hogar, y ahora era tan tétrico como estar en una casa encantada, solo que esta no tenía una salida y solo podías huir de los monstruos, que, esta vez, solo eran los incesables gritos de dolor que parecían, por su gesto, atormentar a Hannah, y su atormento, me asustaba. Hannah estaba sufriendo y no podía hacer nada para evitarlo.

Mis piernas se pararon en seco. Yo no ordené que lo hicieran, pero ellas lo hicieron, solas sin permiso, y los gritos cesaron. Hannah estaba despierta y clavaba su mirada en algo o alguien. Ahora Hannah estaba temblando de verdad y sus estremecimientos no paraban por muy fuerte que la abrazara.

Una corriente arrastró a Hannah de mis brazos, Hannah intentó sujetar mi mano, pero no pudo, sus ojos por una fracción de segundos volvieron a ser los suyos, y en ellos veía pánico. Hannah quería ser salvada.

La corriente se paro en una potente luz blanca, sin forma física, pero junto a ella, fuertemente estaba Hannah, sus alas ahora estaban fuertemente a ras del suelo y miraba al frente, sin expresión alguna, indiferente, como si le diera igual como acabara todo aquello, cerré los ojos intentando asimilarlo todo. Era demasiado para mi en tan poco tiempo.

La luz se hizo más fuerte y golpeó a Hannah haciéndola caer y junto a ella, sangre.

Mi cuerpo no pudo quedarse quieto y se precipitó sobre la luz blanca, y en milésimas de segundo, mi golpe fue de vuelto multiplicado por diez, tal vez por más, pero el dolor era insufrible, y desde el suelo pude mirar a Hannah que estaba todavía tirada sobre un pequeño charco de sangre que salia de sus alas. Seguramente sus alas sufrirían mucho más que yo.

La luz se multiplicó en once más, y de todas ellas, aparecieron más personas con alas, todas del mismo color. Un negro carbón que dañaba la vista y todos sus ojos imitaban al cielo, solo mirarlos daba miedo, y mientras más miraba más realidad me caía encima, pero mi maldita cabezonería rechazaba inminentemente aquella idea.

Me levanté al ver que cinco de las personas aladas se acercaba a Hannah con las intenciones muy bien escritas sobre sus caras sin expresión alguna, indiferente pero a la vez, tan llena de sentimientos. Sus corazones no latían, solo se oían sus pasos sobre el asfalto, sus pasos al chocar sus pies desnudos contra la carretera. Y el sonido de sus manos agarrando violentamente a Hannah.

Lo siguiente que recuerdo fue tirarme sobre todos ellos con la esperanza de que soltaran a Hannah y le dieran una oportunidad de escapar y aun que hubiera tenido alguna entre un millón, no lo habría hecho, seguía allí, en el suelo, esta vez sentada, como si fuera una clase de sumisa esperando su destino, sin rechistar ni ofrecer resistencias.

Dos personas aladas vinieron esta vez a por mi y el resto me rodeó dejando un hueco más grande en el medio para la luz blanca, que ahora se volvió de un color gris tenebroso. Me iba a meter en muchos líos y si no me metía yo en muchos líos acababa de meter a Hannah en ellos, que me acompañaba a mi lado, pero no de mi parte, estaba de parte de los demás, las personas que eran iguales a ellas. No la culpo, en esa situación yo tampoco me pondría de mi parte.

La luz no dijo nada, solo cambió velozmente de distintos colores y al color que cambiaba las personas aladas hacían algo. Empezaron a golpearme en todas partes, y Hannah se quedó quieta, observándome mientras caía e intentaba ponerme en pie con todas mis fuerzas. Nunca me he considerado débil hasta ese momento, nunca me he considerado una persona insignificante hasta ese momento, nunca me he considerado patético hasta aquel momento, y sabía que Dios me había abandonado a mi suerte pero no sabía que me odiara con toda su alma. Empecé a reírme y por sus gestos parecieron sorprenderse, todos al unísono miraron la luz blanca y ella se puso roja. Todos se apartaron de mi, yo aproveché para levantarme del suelo e intentar no perder más dignidad de la que ya había perdido.

-Habla -Me empujó una de las jóvenes aladas con el cabello celeste, su vestido esta vez era gris, al igual que el resto menos el de Hannah. Yo reí ante su trato y clavé mi mirada en ella-
-Hablo -Ella volvió a golpearme-
-No te creas superior, humano, no lo eres -No parecía enfadada. Sabía perfectamente que ella tenía todas las de ganar, y yo también-
-Vale vale, ¿qué queréis saber?
-Simplemente que la dejes en paz -Habló otra, esta vez con el cabello rosa claro mientras señalaba a Hannah, que estaba situada junto a la luz blanca y miraba a ninguna parte. La miré intentando conseguir que me devolviera la mirada, pero no lo hizo, hice una mueca burlona pero desperanzada-
-No -Dije con seguridad y noté como me golpeaban otra vez. En las costillas-
-¿Es tú última palabra? -Habló la de cabello verde-
-Si -Dije otra vez con seguridad en lo que decía-

Todos se volvieron a agrupar a mi alrededor y empezaban a empuñar arcos y espadas pero todos es pararon al ver a la luz blanca enrojecer, se apartaron dejándole sitio como si fuera un monumento o algo por el estilo, como si fuera algo nunca visto.

"Sabes que somos" -Habló la luz blanca, pero pareció que hablaba directamente en la mente de todos, como si no pudiera utilizar las palabras- "Y .... ¿Sigues desafiándonos?" -Volví a reír-
-Sé quien soy yo, y también sé lo que quiero -Me sorprendí a mi mismo por mis palabras, Hannah pareció no inmutarse, pero sus ojos parecieron brillar. La luz blanca pareció mostrar interés en mi comentario-
"Y ¿Qué quieres? ¿Al ángel Gabriel con alas negras, hijos con alas marrones, y el odio de toda una raza?" -Clavé mis ojos en la luz blanca-
-Yo no quiero al ángel Gabriel -Hannah me miró como si no comprendiera mis palabras y yo la sonreía mirándola solo a ella- Yo solo quiero que vuelva Hannah -Y con esas palabras, lo último que recuerdo fue que caí al suelo, pero el suelo que esperé que estuviera duro, era blando y cálido y en mi mente oía su voz claramente, la voz de Hannah como si intentara calmar mis heridas-

Capítulo 9 - Alas negras


No recuerdo muy bien nada de lo que pasó cuando desperté. Estaba en la misma habitación, en la misma cama, con las mismas sábanas blancas, pero algo era diferente. Hannah no estaba, y no tenía la más remota idea de donde estaba.

Los efectos de las drogas aun no se habían pasado del todo, recuerdo como si fueran fotografías, yo levantándome, arrancándome los cables que me rodeaban por todas partes, yo corriendo mientras esquivaba a un montón de enfermeros y agentes de seguridad, yo, por fin fuera de aquel lugar que atraía a la muerte, con un solo pensamiento en mente. Encontrar a Hannah o, por lo menos, descubrir la verdad, si se han creido que soy idiota y voy a dejar las cosas así como así, la llevan claro, ¿por qué Hannah está tan obsesionada con el cielo? ¿Por qué esas heridas? ¿Por qué en mi sueño, la llamaban Gabriel? ¿Por qué la llamaban Ángel? ¿Todas esas historias sobre el cielo que me contaba Hannah, eran acaso real? mientras más pensaba en ella, más ilógica eran las cosas.... pero todas apuntaban a una misma. Hannah, podría estar como una puta cabra y necesita ayuda psicológica, pero tendrá que conformarse con la mía.

Pero en el fondo sabía perfectamente la verdadera respuesta a todas las preguntas. Y todas se respondían con dos palabras, tal vez más, pero no estaba preparado para admitirlas. No por el momento.

A mi alrededor todo se quedaba atrás mientras más pasos daba, todo parecía moverse, incluso mis pies parecían estar corriendo de una forma extraña, sin rumbo, simplemente corrían como si supieran exactamente donde debían ir. En estos momentos me pregunto quien de los dos es el inteligente, mi cabeza o mis piernas.

En la puerta de mi apartamento había arañazos en la cerradura, fruncí el ceño y me imaginé que de fondo sonaba una de esas canciones de misterio que ponen al espectador en tensión y cuando la canción se acabe saltará una especie de morsa con alas cabreada y dispuesta a comerme la cabeza. Gracias a dios, esto no era una película y es imposible que eso sucediera. Más líos y misterios en mi vida no por favor.

Al entrar y abrir la puerta del salón, me quedé petrificado. Todo estaba roto, tirado, como si hubieran estado buscando algo y no lo hubieran podido encontrar. Las piezas del puzzle empezaban a encajar unas con otras y estaba cerca de la respuesta, más cerca de lo que me hubiera gustado estar.

Esquivé todos los obstáculos y corrí hacia mi cuarto, todo estaba igual que el salón, desordenado, roto, tirado por todo el suelo, no había nada en su sitio pero pude encontrar ropa y zapatos, me lo puse lo más rápido que pude y, aun que la camiseta que había encontrado estaba rota por las mangas, preferí ignorarlo, y no perder más tiempo, Hannah podría estar en peligro.... no, Hannah estaba en peligro.

Mi moto... no tenía ni puta idea de que le había pasado a raíz de que tuviera aquel accidente, tal vez se hubiera destrozado del todo o estaría por ahí tirada, de todas formas tenía decidido correr la primera parte del trayecto, después ya me buscaría la vida, o podría coger el coche... me asomé un poco e intenté localizarlo, tal y como suponía, las ventanas estaban rotas y toda la fachada abollada, no sé ni por qué lo he intentado pensé mientras corría por las calles que una vez me parecieron cortas y seguras, ahora solo podía verlas como abismos dispuesto a tragarte entero.

Mientras corría y buscaba por todas las zonas que se me ocurrían, miraba entre tiempo y tiempo el cielo. Cada vez estaba más nublado. Como si en cualquier momento fuera a llover o, incluso peor, como si fuera a haber una terrible tormenta dispuesta a sacar a todos de su camino. Joder, esto es peor de lo que siempre pensé, el miedo me empezó a dominar mientras más buscaba y menos encontraba, Hannah no estaba, igual que en el hospital, era como si hubiera desaparecido, ni rastro de ella, ni de ella ni de su voz, voz que nunca antes me había abandonado del todo, estaba intentando decirme algo pero ¿el qué? Hannah ¿Qué está pasando?--

Me agaché instintivamente al oír un fuerte ruido detrás de mi, como si algo viniera dispuesto a meterme un palo en el culo si no dejaba de... buscarla, no quería mirar hacia atrás pero algo me dijo que debía de hacerlo, que debía de mirar hacia atrás. Que mirar me daría algunas respuestas a todas esas malditas dudas que me rondaban por la cabeza. En el primer instante en el que me giré deseé no haberlo hecho.

Pestañeé varias veces intentando convencerme de que era un sueño y que en cualquier momento despertaría, o sería despertado por los golpes de Hannah o por su mirada, fija en mi.
 Pero el momento no desaparecía como debería haber hecho. Seguía ahí. Delante mía seguía un tío cubierto de tatuajes, hasta el más mínimo rincón de su piel estaba negro y con extraños dibujos, y en sus manos, llevaba una especie de espadas que no había visto en mi vida y por su cara no estaba muy feliz conmigo., conmigo o con mi propósito y objetivo.

Empezó a correr hacia mi con las espadas levantadas hacia delante. Estaba claro que no quería perder tiempo e imitándole, corrí, pero para el lado contrario. Oía sus pasos, incluso sus pasos eran intimidantes, oía sus gritos, sus gruñidos. Lo tenía justo detrás, me estaba alcanzando.
Ví que no podía escapar y me di la vuelta para encararlo. Una vocecita dentro de mi cabeza me decía que debía huir, pero otra me decía que debía de luchar, como si fuera una de esas peleas callejeras a las que estaba tan acostumbrado.

Empezó a dar golpes rápidos y secos con sus puños y con sus espadas, yo solo me agachaba y retrocedía intentando ganar tiempo, era muy hábil, y yo demasiado lento, algo que consiguió que no tardara mucho en darme el primer golpe que hice que me retorciera de dolor, pero no podía simplemente quedarme tirado en el suelo. Me levanté ayudándome y usando de apoyo mis rodillas y erguí la espalda. Tenía que hacer algo.

Cuando el lanzaba un golpe yo me agachaba e intentaba golpearle yo, el cielo cada vez estaba más negro, ahora no parecía ser el cielo ahora parecía ser más un agujero negro, casi tan negros como los tatuajes del hombre con el que "intentaba" luchar, mis heridas en comparación con las suyas, tenían una pinta muy fea, no me sentía los pies y tenía la impresión de que me había roto más de tres costillas, pero no podía parar, no podía. Necesitaba sobrevivir, necesitaba a Hannah.
De alguna forma la imaginé de nuevo con sus hermosas alas y un vestido blanco sin mangas que le llegaba por las rodillas, su cabello flotaba en el aire y su sonrisa parecía brillar, pero en su cuelo, brazos y piernas, se podían ver heridas. Heridas profundas hechas sin piedad. Y de alguna forma, conseguí la fuerza de donde no la tenía.
Lancé mi cuerpo contra el de mi enemigo, noté como me clavaba una de las espadas pero ignoré el dolor y seguí empujándole hasta hacerle chocar contra una pared. Empecé a golpearle la cabeza contra ella, una y otra vez, el dolor se hacía peor y peor a cada golpe que le daba. Soltó ambas espadas e intentó soltarse de mi agarré. No le dejé, cogí una de sus espadas, lo miré a la cara, miré sus ojos de un color morado imposible y le corté la cabeza.

Todo pareció quedarse en silencio y empezó a llover. Truenos centelleaban en el cielo y rayos junto a ellos, entre ese mar de descargar eléctricas se podían oír gritos de horror de personas. volví a mirar al hombre que acababa de matar. Seguía respirando e intentaba decir algo que me costó entender. Por fin lo hice.

El estaba diciendo la palabra Apocalipsis.

Mis pupilas se dilataron y empecé a correr al lugar de donde oía los gritos. En mi cabeza gritaba su nombre sin parar. Hannah por favor, Hannah por favor... Hannah por favor.

Y cuando la vi, fue como si me hubieran dado un puñetazo mil veces peor que los golpes que me había dado ese antiguo hombre.

Los ojos de Hannah eran negro, estaba llena de heridas que aun sangraban y, detrás de ella se distinguían dos alas que colgaban de su espalda. Pero no eran alas blancas y hermosas como tantas veces había soñado. Eran alas negras.

viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 8 - "Te enamoraste de mi Ángel"



El tiempo pasaba como si no fuera el tiempo, lento, aburrido, monótono, antes, ese tiempo, esos días me parecían agradables, las peleas, la sangre, las chicas, una distinta cada día, la diferencia entre ellas, el color de sus ojos, y no recordaba el nombre de ni una sola de ellas. Lo hacía simplemente para sentir el dolor, ese dolor que me demostraba que estaba vivo. Pero ahora mismo el dolor de haber perdido a Hannah no me demostraba eso, ese dolor me estaba matando por dentro poco a poco, como si se hubiera creado un incendio en mi interior. No podía olvidarla, ni a ella ni a su nombre, ni a sus ojos, ni a su risa, ni a su cielo, que estaba sobre mi y sobre todos las 24 horas del día, ese cielo que me hacía sentir cerca y lejos de ella a la vez. Estaba empezando a volverme loco.

-Justin, eres un imbécil ¿Como puedes simplemente acabar así conmigo? ¿No tienes dignidad? -reí ante sus comentarios, esa chica se llamaba... Mmm... Va, y yo que se, tampoco me preocupa mucho su nombre, esta, o estaba buena y me sirvió para pasar el rato y como es típico, ella pide algo mas, una clase de relación seria y algo así por el estilo. Pobre estúpida-
-la dignidad, no parecías preocuparte por ella hace tres días y... Que yo recuerde nunca te jure amor eterno... ¿O si? -le sonreí de forma maliciosa, con la esperanza de que lo entendiera y me dejara en paz para variar-
-¿Insinúas algo maldito hipócrita? -solté una sonora carcajada, mientras su cara ya roja de antes se volvía del color de la sangre, casi del mismo color de la mía al der derramada por mi nariz al recibir ese bofetón-

Me la limpie con la manga de mi chaqueta y seguí apoyado contra la pared de aquel callejón, era un buen sitio para hablar, aun que hablar hablar, solo hablaba ella, pobre estúpida, la próxima vez deberé elegir mejor mis presas si no quiero tener problemas de este tipo otra vez, al fin y al cabo dos horas de "diversión" no valen la pena si las muy pesadas van a estar dándome el coñazo durante días y días enteros. Puta pesada no se calla, ya me esta hartando.

-¿Sabes? Por que si sigues así vas a estar en problemas Justin y me gustas, quiero ayudarte, quiero seguir contigo, dame una oportunidad, puedo demostrárselo todo lo que valgo, aun que no lo quieras ver, puedo, de verdad que puedo -sus ojos se cristalizaron, yo la mire fijamente intentando decidir que hacer, y sin ningún motivo en especial me vinieron a la mente sus lagrimas. "Hannah"-
-¿Vas a empezar con las lagrimitas del demonio? Odio a las chicas que se ocultan detrás de ellas para intentar dar pena y conseguir así lo que se proponen. Joder, ¿Es que no tenéis un poquito de dignidad? Ya te dije que no, ¿Por que no te callas y te empeñad en hacernos pasar a ambos por esta mierda? -me acerque a ella hasta estar a centímetros e su odio y le susurre- fuiste una mas de montones y montones, deja de creerte especial. No lo eres, y ahora coge la poca dignidad que te queda, si es que te queda algo, y vete, largo. -me di la vuelta en redondo dejándola sola con la única compañía de su silencio, una compañía que supuse no seria demasiado agradable, o si quien sabe, la gente es muy rara.

Mi moto estaba aparcada a unas manzanas de distancia, pero andar nunca ha sido un problema para mi. Desde que se largo, era una de las cosas que mas hacia en mi tiempo libre, deje de hacerlo cuando me di cuenta que mientras mas andaba o caminaba mas pensaba en ella, en su forma de hacer sus facciones... Su corazón.

Cada vez que veía a una niña pequeña llorar, la recordaba destrozada y con la cara cubierta de lagrimas, cuando veía a una chica sonreír, recordaba la forma que tenía de deslumbrar la habitación con la suya, cuando dos personas peleaban, recordaba la forma en la que me había suplicada que me alejara de ella, de la forma en la que me había suplicado dejarla ir. Y cuando volvía a mi apartamento, vacío y desolador, recordaba como me sentí y como continúe sintiéndome a partir de ese momento. Vacío. Sin un motivo para seguir adelante. Con la esperanza de que un día, de la misma forma en la que se fue, volvería, sin razón aparente, solo que esta vez, ella sonreiría como siempre había hecho.     


Mi vida en cierta forma volvía a ser como era antes, solo que antes no me había dado cuenta de lo jodido que estaba, había incluso empezado a replantearme la oportunidad de tener novia y toda esa mierda, pero no podía, siempre que intentaba ser amable con una chica, no podía, mi amabilidad le pertenecía a Hannah, tanto mi amabilidad como una importante parte de mis pensamientos y, peligrosamente de mi corazón. Maldita ladrona.

¿Pretendía hacer esto desde el comienzo? Ganarse mi cariño y después irse, sin dar explicaciones ni un motivo lógico, ¿Le hice daño? ¿Lo hice? Aquel pensamiento hizo que mi piernas y que todo el cuerpo me temblara, podía dañar a muchas personas pero no podía dañarla a ella, no podía, no tenía ese privilegio, y que dios le libre a quien se atreva a tocarle un pelo, porque le encontrare y le haré pagarlo con su vida... Bueno, quizás estoy exagerando un poco... Pero, de todas form, le haré pagarlo caro...-me e vuelto tan patético- pensé mientras metía las llaves en la ranura de la moto y encendía el motor con un impresionante gruñido. Sonreí con orgullo, al menos no todo había cambiao y eso es de alguna forma algo bueno.

Había vuelto a ir al instituto, tan coñazo como siempre pero me pasaba la mitad de las clases durmiendo y soñando con, muy a mi pesar, ella.

Me decía a mi mismo que debía olvidarla, que ella sabría lo que quería hacer que estaba bien y que estaría mejor sin mi, la trate como mejor pude, y al parecer no fue suficiente. No debo tomármelo como algo personal.

Ya estoy acostumbrado a decepcionar a las personas que me importan.

Mientras mas pensaba mas corría, mientras mas corría mas oportunidades de pegárselas tenía, y mientras mas oportunidades de pegársela tenía, mas en paz se sentía consigo mismo. Si Hannah estaba sufriendo ¿Que menos que sufrir el también con ella? Un poco de sufrimiento, de ese sufrimiento al que estaba acostumbrado no le vendría nada mal.
Oí el claxon de numerosos coches pitando en formas de quejas, bien por la velocidad o bien por la forma en la que estaba adelantand a unos coches y a otros. La adrenalina fruía por sus venas, cerro los ojos y sintió algo frío en la cara y después todo se volvía de un color oscuro, y de nuevo ese pensamiento que no lo abandonaba hiciera lo que hiciera volvió. En mitad de ese fondo negro, estaba Hannah, vestida de blando y con unas hermosa salas blancas saliendo su espalda. Parecía tan real que inconscientemente levanto una mano y alargo el brazo intentando acariciar una de sus alas, o su pelo, quería abrazarla, quería sentir que estaba con el, quería sentir que Hannah si era feliz junto a el y que también el podía hacer feliz a alguien. Se dio cuenta que esa cosa que sentía fría sobre su cara eran sus propias lagrimas y que ese dolor fue el resultado de su caída, y que Hannah solo era como un soplo de aire fresco en aquel momento. Necesitaba verla y oír la, pero en ese momento lo único quería eran los gritos histérico de todos a su alrededor, después, fue como si hubiera muerto y la imagen de Hannah desapareció. Pero no desapareció su voz , que siguió resonando en aquella oscuridad. Se pregunto si seguiría teniendo esas hermosas alas cayendo de forma elegante desde su espalda, y por ultimo, deseo abrazarla, abrazarla comp nunca había querido abrazar a nadie en su vida desde el di en que su hermana había muerto, y con ella, toda su vida. No quería que su nueva vida, Hannah volviera a ser destrozada aun que eso significara dejarla ir. Aun que ¿A quien pretendía engañar? No podía hacerlo. Ni jamás podría.

Cuando abrí los ojos estaba en una habitación de paredes blancas y sabanas a juego. La habitación estaba totalmente en silencio, solo se oía mi dificultosa respiración pero o estaba sola, estaba acompasada de otra, de una enfermera que iba totalmente de blanco y estaba recogiendo algo de la mesita que estaba a mi lado, intente incorporarme pero antes de poder hacerlo, la joven se acerco a mi obligándome a tumbarme de nuevo, al principio me queje pero nada mas ver sus ojos, el mundo pareció congelarse. Hannah.

-¿Hannah, eres tu de verdad o estoy soñando?- ella bajo la mirada y empezó a jugar con los dedos de sus manos, estaba incomoda, pero mas que eso, parecía asustada, de mi y de mi reacción-

Ella río, de una forma fría, y empezó a respirar mas rápido y de forma agitada. Mi corazón se encogió al ver lo que le provocaba mi presencia. Quería que sintiera cómoda conmigo, pero al parecer, no era así, cerré los ojos intentando aclarar mis ideas.

-Justin, tu no lo entiendes, de verdad... No, no me conoces -esta vez, fue ella quien cerro los ojo, su cabello estaba recogido en una coleta mal hecha, haciendo que algunos mechones cayeran sobre su caray su frente, y al abrir sus ojos, sus malditos hermosos ojos, mi mundo se resquebrajo-
-no, tienes razón, no lo entiendo... -nos miramos a los ojos, y ella aparto la mirada mientras negaba con la cabeza-

Entonces, con mucha mas fuerza que antes, me miro directamente a los ojos transmitiéndome lo que con palabras no podía hacer, tuve la tentación de levantarme y abrazarla, pero cuando me di cuenta de los numerosos cables a mi alrededor y del martilleaste dolor que acechaba mis costillas, oprimí la idea como una bonita fantasía con un bonito final que nunca se cumplirá.

-imbécil... ¿Como puedes, como se te ocurre si quiera ir por la calle de esa manera? ¿Te falta un tornillo o algo por el estilo? Justin, no te imaginas lo... -la calle con la mirada, retándola a que siguiera hablando, sabia muy bien porque iba a esa velocidad, que ella no quisiera admitirlo o asumirlo no era mi culpa-
-es mejor para nosotros no estar en contacto, Justin, creo que será mucho mejor, tanto para mi como para ti -dijo con seguridad, pero pude notar que en las ultimas frases, su voz disminuyo notablemente-
-Será mejor para ti, pero no para mi, sin una explicación, comp si hubiera hecho algo malo, suéltalo, te mentes o cualquier cosa y preferiste huir, lo entiendo, en serio, siempre pasa lo mismo. Todos se ganan mi cariño y en el ultimo segundo cambian de idea y prefieren simplemente dejarme tirado¿Es eso bueno para mi? ¿Lo es? Sin explicaciones ni motivos... -el silencio reino en la sala, y tome esos minutos para fijarme mas detenidamente en ella, llevaba un vestido blanco por encima de las rodillas, su pelo era algo mas largo, me sorprendió por una fracción de segundos cuando volví a la realidad de que en verdad no la había visto en dos largos meses, aun que sin ella el tiempo parecía no pasar, su piel era mas blanca que antes, sus ojos grises como si de una tormenta se tratara, sus manos estaban sucias, magulladas, como si hubiera estado trabajando y en su cuello se marcaban círculos morados. Moretones. La rabia empezó a consumirme muy lentamente, pero sin dejar nada de mi cuerpo sin consumir. Solo podía ver esos maratones, y la dueña del cuerpo en el que es encontraban. Ella parecía mas madura, menos infantil, era extraño verla de esa forma, si su sonrisa burlona de siempre, con una seria mueca, mezclada con un ceño algo fruncido.

Oí su suspiro, y vi como tapaba el mayor numero de heridas que sus brazos le permitieron, yo ya había empezado a levantarme ignorando el dolor del accidente, cuando ella estaba corriendo para salir de mi habitación, con aire de resignación, como si quisiera decirme algo pero no pudiera hacerlo.

Desenfado salí en busca de ella, solo hasta que unos enfermeros me obligaron por la fuerza a volver a mi cama.

Hannah ya no estaba, se había ido, como si se hubiera evaporado, sin dejar rastro algo solo un enorme vacío en mi interior, que, inexplicablemente era mucho mayor que antes.

Me sedaron para que no diera problemas, chicos listos, a la mínima en la que se dieran la vuelta intentaría escaparme, aun que esta vez, con la cosas esas, me costaría mas trabajo llevar a cabo mi plan. El negro, la oscuridad volvió a dominarme del todo pero esta vez, curiosamente no solo soñé con Hannah y sus hermosas alas, sino que empece a soñar con todas las personas a las que había defraudado, una por una, sin dejarme descansar, cuando el sueño de una de ellas acababa empezaba otro mas y otro, parecía que eso nunca acabaría, hasta que en uno, en una persona en especial pareció detenerse mas, este no tenía apariencia física, era una enorme bola de luz que parecía estar muy cabreada conmigo, y este no tenía un motivo especifico, era como un resumen de todo lo anterior, de todos mis fallos y mis errores. pero remarcando uno de ellos, y de algo de lo que había estado huyendo prácticamente todo el rato que tanto el como yo sabía que por mucho que huyera, eso seguía ahí.

Se paro en la imagen de Hannah y mía, juntos, todos esos días juntos, riendo y compartiendo un mismo aire, sentimientos similares, latidos iguales. Pero no se refería a Hannah como Hannah, Se refería a ella como Gabriel. Como su Ángel Gabriel, y me echaba en cara una única cosa que no me perdonaría nunca por muchos siglos y siglos que pasaran.

Sus palabras textuales, o las palabras que pude oír con mas claridad en aquel sueño no las olvidare jamás tampoco, ni las palabras ni toda esa mezcla de sentimientos al poder verlas con tanta claridad, cuando siempre había estado intentando huir de un hecho, que era definitivo desde el principio.

"Te enamoraste de mi Ángel, ahora, sufre las consecuencias"