miércoles, 10 de julio de 2013

Capítulo 18 - ¿He podido corromper a Hannah?


y con esa frase resonando en mi cabeza todo a mi alrededor volvió a desaparecer volviendo a la escena de antes.

Hannah estaba tirada en el suelo, y solo podía verla a ella, no veía una luz negra, no veía a los putos seres alados... nada... solo a Hannah. Una Hannah que necesitaba mi ayuda.

Mi corazón empezó a latir muy deprisa. La adrenalina empezó a recorrer mis venas y en mis manos se formaron dos puños. Mi mente se quedó en blanco y de repente, de mi interior salió algo parecido al fuego.

Era eso exactamente.

Oí los gritos y las maldiciones y pude ver de soslayo como los seres caían al suelo arrodillados y gritaban de agonía pura y dura, no me sentía culpable. Esa misma agonía la podría haber pasado Hannah tambien.

De nuevo, el pensamiento de ella hizo que mi corazón se acelerara mucho más, como si fuera a salirse de mi pecho y lo único que oía era su voz, calmada y tranquila, transmitiéndome su paz. Los dedos de mis puños se volvieron de color blanco por la fuerza que estaba ejerciendo y por una milésima de segundo, quise torturar a todos los que la hicieron sufrir.

La adrenalina me superó y antes de darme cuenta, todo a mi alrededor estaba destrozado.

Cerré los ojos un segundo para protegerme del humo que salía de alguna parte y al abrirlos me asustó ver el panorama... pero ese miedo se fue cuando me di cuenta que había sido yo quien lo había hecho.

Localicé a Hannah todavía tirada en el suelo y corrí hacia ella mientras susurraba su nombre. El pánico se apoderó de mi. Pensar en perder a Hannah otra vez... en tan poco tiempo... no podía soportar aquello. ¿Pero por qué?

Me agaché para comprobar su estado y sentí que se me paró el corazón al ver la escena de Hannah con los ojos abiertos y... llenos de vida, solté un suspiro de alivio y un gruñido haciéndole ver mi enfado a pesar de todo, ella sonrió sin fuerza y se levantó con mi ayuda.

Llevaba los pies descalzos y el pelo le caía formando una cascada sobre sus hombros.

Ella miró a su alrededor mientras suspiraba, pero no parecía asombrada, como si ya se esperara aquello, entonces recordé lo que acababa de vivir y también recordé los huecos en negro que tenía en mi cabeza.

-¿Justin? -Hannah me llamó despertándome de mis pensamientos. Clavé mi mirada en ella y algo dentro de mi fue más poderoso que mi control.

Antes de darme cuenta cogí con delicadeza el rostro de Hannah observándolo bien. Sus ojos grises... su cabello... sus mejillas ahora levemente rojas por mi culpa, y sus labios... a tan pocos centímetros de los míos que los besé.

Hannah sabía a... agua, viento y... a algo más que no pude descifrar pero provocó que se me hiciera imposible el hecho de dejar de besarla.

Rodeé con mi brazo derecho su cadera y con mi mano izquierda le levanté el mentón más hacia mi. Ella tardó en reaccionar pero finalmente me rodeó el cuello con sus brazos. Estaba insegura... pero a la vez sabía lo que hacía.
Pegué a Hannah más a mi cuerpo, me pregunté si le estaría haciendo daño y antes de que me pudiera controlar le estaba pidiendo permiso para deslizar mi lengua en su boca. Aun que no la veía podía imaginarla mientras se sonrojaba y pensaba en qué hacer. Yo no le di tiempo ni dejé que pensara en nada más.

La apreté un poco más y en el momento en el que fue a coger aire la volví a besar profundizando el beso.
Hannah al principio se resistió e intentó mantener la cordura pero luego se rindió haciendo que su lengua siguiera a la mía.
Nunca había besado a nadie de esa forma. Era suave y sin prisas, con sentimientos que seguramente Hannah no tenía hacia mi... pero no podía evitarlo. La necesitaba después de todo.

Oí lanzar un suave y muy leve gemido a Hannah, sentí que mi corazón se encogió y mi respiración empezaba a ser pesada y aun que intenté evitarlo, no pude ni quise hacer nada.

Cogí a Hannah de la forma más delicada posible de los muslos, e hice que ella me rodeara con ellos la cadera mientras caminaba con dificultad pegándome más a ella y la apoyaba contra la pared de lo que parecía ser un callejón. Apreté mis caderas más hacia ella para que pudiera sentirme y a la vez, para poder sentirla y otro gemido salió de los labios de sus labios, esta vez más alto. Yo sonreí victorioso, pero sabía que debía de detenerme.

Una voz empezó a repetírmelo una y otra vez con desesperación, quería ignorarla, quería hacerlo con todas mis fuerzas, no quería soltar a Hannah tan pronto... pero sabía que no podíamos continuar con eso porque para empezar, estábamos en mitad de un callejón.

Corté con delicadeza el beso y apoyé mi frente contra la de ella para que me mirara a los ojos. Sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración estaba casi tan agitada como la mía.
Besé su cuello mientras Hannah ponía sus pies en el suelo y la realidad de lo que había pasado nos golpeó a los dos.

Ninguno sabía muy bien que decir o que hacer, Hannah miraba sus pies y yo miraba hacia la pared que tenía a mi derecha mientras suspiraba y me frotaba la cara con mis manos intentando pensar con un poco de claridad, aun que fracasé. En mi cabeza se repetía la escena una y otra vez y lo peor era que quería repetirlo... o, incluso algo más. Sacudí mi cabeza violentamente y volví a suspirar mientras miraba a Hannah, cuyo rostro estaba tapado por su pelo rubio que creaba una especie de cortina, quería hacerle muchas preguntas pero deduje que sería mejor hacerlas en otro lugar y en otro momento.

-¿Hannah? -Hablé con voz baja. Ella se sobresaltó pero no levantó la mirada. -Hannah -Repetí esta vez con un poco más de desesperación consiguiendo que Hannah por fin me mirara. Sus mejillas estaban rojas, yo reí con dulzura. -Vamos a casa. -Ella me miró a los ojos seria para luego, con una sonrisa asentir.

El camino no se hizo ni largo ni corto, la tensión había disminuido pero las imágenes se repetían una y otra vez sin parar, como si me estuvieran echando algo en cara.

Cuando llegamos Hannah entró con ojos soñadores. Seguramente ella habría pensado que aquella sería la última vez que veía aquel lugar. Me sentí mal por aquel pensamiento y lo eliminé de mi cabeza, cogí mi móvil. No recordaba cuando lo había visto por última vez y vi seis mensajes y siete llamadas perdidas. Miley, Chaz, Nathan, Ryan, Carol... suspiré y lo volví a guardar. Esa noche ya resolvería cuentas pendientes con todos.

Fui a la pequeña cocina y abrí la nevera. Recuerdo que antes de que todo esto pasara me encontraba con muy pocas fuerzas y apenas podía hacer nada... otra pregunta más, eso era un empieza sin final, y la misión qu--- paré en seco un momento y sacudí la cabeza, no quería pensar en nada, al menos no por el momento, quería solo un minuto de descanso y mientras calentaba arroz en el microondas pude ver a Hannah sentada en la alfombra que había en el salón. Su mirada estaba clavada en el cielo y lo que un día en sus ojos fue adoración, hoy solo era miedo.

-Hannah, voy a hacer arroz -Ella me miró y vi que su pelo se había oscurecido. Fruncí el ceño y sacudí la cabeza.

Puse el arroz en dos platos, el de Hannah era más grande que el mío y los lleve a la mesa. Comimos en silencio absortos en nuestros pensamientos. Era una locura... si lo contara todos pensarían que estoy loco... ¡Loco! he visto todo eso... me han dicho todo eso... y ahora, estamos comiendo arroz como si nada hubiera sucedido... que Dios nos perdone.

Acabamos de comer y de forma monótona y ya habitual Hannah se disponía a subir las escaleras y yo acostarme en el sofá.

El silencio absorbió la casa cuando oí unos pasos y sentí que el sofá se hundía por el peso de una nueva persona. Sonreí y dejé que Hannah se colocara sobre mi pecho mientras olía aquel olor que tanto me gustaba.

"Justin..." -Susurró ella antes de dormirse. Yo por el contrario por más que lo intenté no pude conseguirlo y lo único que hice fue pensar en todo lo que había pasado y en las partes que eran realidad y en las partes que eran ficción, aun que me lamenté al deducir que todo eso era una realidad... algo irreal, pero la realidad.

Hannah era un Ángel y--- -Abrí los ojos como platos mientras me daba cuenta de lo que había hecho... Hannah era un Ángel, personas puras... y yo la había besado con nada más que lujuria... y después de eso, su cabello se oscureció y... la voz que me ordenaba que me detuviera... ¿Puede tener algo que ver todo eso? ¿Puede todo estar relacionado?


¿He podido corromper a Hannah?

Y con la fuerza de la realidad acumulándose en mi cabeza el sueño venció mientras maldecía por dentro mis malditos impulsos animales.

lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 17 - Cuidar de mi Ángel


[Narra Hannah] 

Podía oír los sollozos de Justin en mi cabeza.

Él pagaría el error, sufriría él por culpa de las decisiones de un ser alado sin cabeza ni conciencia, egoísta, preocupado solo por el cegador amor de un chico que con dulces palabras lo enamoró, y con agridulce anhelo esperaría con ansia la protección que le había prometido, 
con la única verdadera intención de volverle a ver. 
A él y a sus ojos color miel sin tener en cuenta el futuro de la humanidad.
Ese ser alado soy yo.
Este error lo creé yo.

Justin se había ido tal y como le dije, pero sabía que volvería. Su corazón era demasiado honesto como para dejarme. Por mucho que me lo mereciera.

El color negro me envolvió de forma tan rápida que casi me impresionó. Y lo hubiera hecho si no supiera que iba a suceder.

Mi cuerpo estaba muerto. Pero a la vez, no lo estaba.

Así como Julieta utilizó una bebida que la dormía para fingir su muerte y poder ir con su amor, yo por el contrario dormiría y fingiría morir para poder dejarle ir.
El triste final les llegó a ambos. ¿Sucedería lo mismo? ¿Nos sucedería lo mismo? Recuerdo que le hacía esa pregunta constantemente a mi elegido.
Él solo sonreía de la forma dulce a la que me tenía acostumbrada, y con mimos y cariños hacía desaparecer todas las preocupaciones.

Todo su esfuerzo lo destrocé cuando decidí volverme egoísta, aun que una parte de mi sabía que siempre lo había sido con mi elegido.


Podía sentir la fría carretera contra mis mejillas y casi podía imaginarme a mi misma sin vida. Indefensa, aparentemente muerta.

Realmente debería de haberlo estado hace mucho tiempo, pero por cambios del destino continué respirando, incluso aun lo hago, pero sentir el dolor de Justin tan directamente me hizo desear no querer haberlo estado.

Intenté pensar a contra reloj, necesitaba quitarle ese dolor, al menos por el momento, no podía seguir sintiéndolo, era demasiado de lo que podía aguantar, y antes de darme cuenta con una pequeña parte de mi "poder" que no se había quedado dormido bajo el hechizo, envié a Justin a un lugar que hubiera preferido cambiar si hubiera podido.

Envié a Justin a mis recuerdos.


[Narra Justin]

La imagen de sus ojos desapareció de la misma forma repentina en la que había desaparecido mientras la escena cambiaba en frente de mi.

Esta vez eso parecía ser un palacio, y ya había estado allí.

Comencé a andar por los largos pasillos de paredes blancas decoradas con cuadros pintados -seguramente- a mano, intentando memorizar todo lo que veía, los cuadros, los rostros, los más pequeños detalles y sobretodo buscando una señal de Hannah en todo aquello.

Pero no había nada, sin embargo me engañaba a mi mismo. Hannah no era Hannah y lo sabía, y aun que no encontrara a Hannah por ningún lado, Gabriel siempre estaba presente con un joven a su lado, ella parecía tan feliz y su forma de sonreír me hizo desear conocer al causante de esa sonrisa, por lo que me acerqué más y más y cuando lo pude ver, algo me llamó la atención.

No podía ver con claridad y el silencio fue sustituido por gritos.

Me di la vuelta para observar como todo comenzaba a arder en un mar de fuego, mi cuerpo se quedó paralizado y vi a una familia de alas blancas huyendo de otros seres alados, estos últimos tenían alas negras y mi cuerpo se paralizó al ver como los negros cortaban las alas de los blancos evitando sus intentos de lucha cuando detrás de toda la revuela, pude observar a una pequeña niña de ojos grises asustada y agachada mientras observaba petrificada  la escena.

La sangre cubría los suelos blancos y salpicaban las paredes, el dolor llenaba el ambiente y los gritos se oían a gran distancia que eran superpuestos por las carcajadas de los negros.
Por alguna razón sentí rabia recorrer por mis venas en vez de sangre y mis ojos no dejaron en ningún momento a la pequeña niña.

Su cuerpo temblaba, y antes de reaccionar vi como se llenaba de coraje y valor y se levantaba para precipitarse hacia la salida.

Al verla correr quise ir tras ella, pero las palabras que comenzaron a sonar me detuvieron.

-El destino ha sido marcado. La humanidad pagará el precio acordado. No quedarán vistas de clemencias. Solo quedará un rastro de sangre y dolor.

Y con esas palabras resonando en la habitación, el fuego que quemaba aquel extraño palacio se extendió y por las ventanas vi como llegaba al resto de casas y bosques derribando y destruyendo todo a su paso.

Los gemidos de dolor aumentaron y deseé con todas mis fuerzas que al menos, esa niña hubiera podido escapar y así como ellos habían mandado. El dolor reinó.

Bajé la cabeza pero segundos después la volví a levantar. En medio del horror brilló una chispa de esperanza. Una luz blanca cubrió la escena y habló.

-El destino ha sido marcado, pero también puede ser cambiado. Y lo será. -La luz pareció señalarme y yo la observé fijamente. Me transmitía una extraña sensación de paz que no podía explicar y la voz siguió hablando, aun que esta vez, solo yo podía escucharla-

-¿Aceptarás tu misión? -Fruncí las cejas extrañado por sus palabras y antes de que pudiera preguntar, volvió a hablar con la misma fuerza en sus palabras-

-Gabriel.... -Levanté fuertemente mi vista y un fondo negro lo cubrió todo. Solo estábamos la luz y yo, y una imagen apareció... Era Hannah sonriendo y con su ya típicas alas blancas en su espalda, su mirada estaba llena de luz y su sonrisa transmitía paz y tranquilidad... la imagen que vi de ella en la realidad me golpeó y me obligué a tragarme el nudo que se había creado en mi garganta-

-Si. La imagen de Gabriel... de Hannah, ha cambiado, ella es un Ángel, pero fue corrompida por el infierno. -Sus alentadoras palabras me dolieron... por eso tenías las alas negras ¿no?-

-Más o menos -Me sorprendí al ver que leyó mi mente, pero por la situación la sorpresa no duró mucho. Ya casi nada podía sorprenderme, era de locos-

-Necesito pedirte un favor.

-¿Qué? -Dije con furia en mis palabras-

-Sabes qué soy. ¿No? -Pensé mi respuesta y evidentemente, sabía quién era, pero me negaba a creerlo-

-Dilo.

-No.

-Pues cerrarás el destino de Gabr-- Hannah, para siempre. -Lo fulminé con la mirada y suspiré-

-Eres Dios. -El no contestó. Pero sentí de nuevo esa calidez que había sentido antes-

-Sé que piensas que te abandoné. -Las imágenes de la otra chica que ocupaba mi vida volvieron a mi cabeza. Sus gritos... su tristeza, cerré los ojos para apartar el recuerdo-

-No lo pienso. Lo sé -Hablé con voz fría-

-No. -Contestó con seguridad en sus palabras- Te tengo otra cosa preparada -Lo miré fijamente en busca de más detalles-

-Tú Justin, puedes cambiar el destino ya marcado.

-¿Cuántas veces diréis eso?

-Las que hagan falta -Me cortó mientras continuaba hablando- Tú puedes salvar a Hannah -Y al oír su nombre mi corazón empezó a palpitar y mi falta de atención desapareció-

-¿Aceptas?

-¿El qué?

-¿Aceptas la misión? -Su luz comenzó a desaparecer-

-¿Qué misión? -Grité con desesperación-

-Cuidar de mi Ángel. -Y con esas palabras desapareció. Con dudas pero con las ideas muy claras-

Hannah no era solo su Ángel, Hannah también es mi Ángel, y sabía que las cosas iban a cambiar por las buenas o por las malas.

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Bueno, nunca hago esto, pero me gustaría deciros algunas cosas. 
Antes de nada muchas gracias por sus comentarios, realmente me animan a continuar la novela y subir los capítulos más deprisa. 
No estoy pasando por un momento muy bueno, la verdad, he perdido a un familiar y estoy un poco triste (muy triste, para que mentir), y de alguna manera lo estoy reflejando en la novela por lo que se torna un poco estresante, voy a intentar cambiarlo y no dejar que eso afecte a la historia. 
De nuevo, gracias por sus mensajes, significa mucho para mi. 

viernes, 5 de julio de 2013

Capítulo 16 - Aquellos ojos grises, bañados por estrellas azules.


Mis piernas comenzaron a quejarse, y el no saber nada comenzó a asustarme, pero no de una forma leve y natural como antes, era una forma nueva del miedo.

Esta nueva forma te devora tan lentamente que parece que está asfixiándote, como si supiera que puede acabar contigo en segundos, contigo y con las pocas esperanzas que te quedan en situaciones como estas.

Millones de preguntas comenzaron a arrasar mi mente sin dejarme pensar con claridad, el camino se estaba haciendo más largo de lo que recordaba al haberme ido dejando a Hannah sola.

Hannah.

El sueño que había tenido la noche anterior volvió a sobrecogerme sin avisar, sin prevenirme antes. Hannah sin vida, muerta.

Todo pareció empezar a temblar aun que seguramente serían mis piernas, era extraño, pensé para mi mismo, todo era jodidamente entraño. Todo esto no tenía ni pies ni cabeza, empezando desde el día que conocí a aquella chica, cuando la vi creí recordar que no era la primera vez que la veía en aquel tejado, y luego... luego estaba el sentimiento de protección que sentía por ella y no olvidemos los días negros. Días que no recuerdo absolutamente nada, como si me hubieran borrado la memoria.

Aun que tenía la sensación de que no solo era eso. Y que las cosas pronto se iban a poner todavía peor de lo que ya estaban.


Mis piernas estaban en sus límites, Hannah no aparecía, recuerdo que la había dejado sola pero no llegué a alejarme tanto como para no encontrarla... o tal vez... ¡Joder! ¡joder, joder, joder! esta maldita sensación de no saber porqué coño pasan las cosas, y que pasen así por que sí.

Esa maldita y escalofriante voz, que de alguna manera me obligó, sin obligarme, a buscar a Hannah, pero más que una orden, sonaba como una promesa, como si lo tuviera que hacer como agradecimiento, ¿pero de qué? y ese recuerdo... hablaba sobre una tal Gabriel... Gabriel... el Ángel que anunció a María que había sido elegida para ser la madre del salvador, Jesús... María, tengo entendido que significa elegida también... Elegida... espera... Elegida... ¿Podría ser posible? no, ni de coña, esto no puede estar pasando... Hannah no tiene nada que ver con María, absolutamente nada, pero... sí se parecía a Gabriel. El Ángel Gabriel.

-Hannah, maldita seas, ¿Dónde estás? -Grité con desesperación y con toda la fuerza que pude ejercer en mis pulmones, con la voz fuerte y clara para que se pudiera escuchar a la perfección.

Un ruido en seco me detuvo.

Miré hacia todos los lados con el ceño fruncido. No había imaginado aquel ruido.

Dejé de respirar por unos segundos y concentré todos los sentidos en lo que me rodeaba. La vista... todo estaba adquiriendo un color negro carbón, como si se estuvieran pudriendo las cosas... El oído... aparte del ruido no había nada más que fuera real, era como cuando te tapas los oídos y oyes algo que simplemente no oyes, es eso, oyes la "Nada"... el Olfato... olía a viento, olía a Hannah, pero un olor extraño a quemado me advirtió de que no estaba allí, al menos, no estaba en esos momentos... y el Tacto... no sentía nada, solo una horrible presión que me ahogaba... y por último... una respiración.

Me di la vuelta de golpe en busca del dueño de aquella respiración.

No había nada. Literalmente, no había absolutamente nada ni nadie, todo había desaparecido. No veía.

Pegué un grito en sordo... que no pude oír... y si pudiera sentir mis manos había jurado que le grito ni si quiera había salido de mi garganta.

Fuera lo que fuera me había dejado incomunicado de todo el exterior.

Deseé que esa capacidad para no sentir me ayudaran para aguantar lo que estaba apunto de vivir... como supuse, no me ayudo.

El dolor era insoportable, nada comparado a lo que estaba acostumbrado, venía de todas partes, sin piedad ni clemencia. Quería hacerme sufrir... no, quería que huyera y seguramente, que olvidara a Hannah para siempre.

A cada golpe que recibía pensaba en una cosa que me gustaba de Hannah, no la pensaba en realidad, salía sola, incluso cosas que no recordaba haber descubierto de ella, las sabía... su sonrisa... sus ojos... su olor... todo, y en ningún momento se me pasó por la mente la idea de olvidarme de ella. Solo pensar en eso era más doloroso que todos esos golpes que estaba recibiendo, y sin saber como, comencé a reír a carcajada limpia, y escuché mis risas, y sentí que reía y vi mi entorno.

El dolor se acabó, sabía que seguía ahí, intentando que dejara de reír, pero no podía.

Los recuerdo del tiempo que pasé con Hannah me sobrecogió de tal manera que no podía sentir nada más que felicidad, y empecé a recordar el verdadero principio, iba en mi coche y recibí la llamada de Servicios Sociales ahí comenzó todo realmente.

Me levanté con dificultad y al fin pude entornar y ver con claridad mi entorno.

Dejé de reír, porque seguramente estaba perdiendo la cabeza.

Estaba rodeado de gente con alas... de Ángeles, que yo supiera eran seres misericordiosos y bondadosos con túnicas blancas y alas del mismo color. Aquellos seres no parecían esas cosas en absoluto.
Vestían túnicas, esta vez negras y sus alas... sus alas eran de diferentes tonos rojos. Color sangre, y todos ellos parecían obedecer a un solo líder, este se representaba en luz negra que con solo verla te dañaba la vista.

Algo me decía que debía de huir, pero una parte de mi no me dejaba hacerlo.

-¿Dónde está Hannah? -Hablé fuerte y claro.

Todos me miraron como si hubiera dicho una estupidez.

-Repetiré la pregunta. ¿Dónde, está, Hannah? -El nombre de aquella chica que me tenía cautivado lo grité con más fuerza.

Uno de "esos seres" me fulminó con la mirada.

-No existe ninguna Hannah. -Procedió otro de "esos".

-Dejaos de mierdas o--

-O... ¿qué? -Vaciló esta vez esa luz negra, para luego continuar con profundo asco- No eres nada, un simple insecto.

Algo me llamó la atención, su voz... su voz resonaba en mi cabeza, como la voz anterior... ¿eran la misma? ¿era eso una trampa?

-Prefiero ser un insecto a ser... "tú" seas lo que seas -Imité su tono de voz-

El silencio inundó el espacio, las caras de esos seres estaban mezcladas entre asombro y asco, y me entrañó que hubiera algunas que parecían suplicarme algo en silencio... pero... ¿el qué?

-Acabad con esto -Y antes de poder analizar todas las palabras, esos seres se arrojaron sobre mi con la única idea de matarme, estaba perdido.

Demuéstralo 

Oí en mi mente una voz ya conocida. La misma que me indicó que fuera a por Hannah, los primeros golpes llegaron a alcanzarme, mientras yo intentaba desvelar que quería decir con aquella palabra.

Revélate 

Suspiré y gruñí por lo bajo al oír el tono de voz de... lo que sea y el dolor punzante que me traspasó ¿No me había revelado ya?

Hannah

Y fue lo último que necesité oír para que mi cuerpo reaccionará por si solo.

Empecé a esquivar los golpes. Muchas veces me había enfrentado a otras personas en peleas, no era nada nuevo pero aquello era diferente, ¿cómo se ataca a esas cosas para hacerles daño? ¿con las manos...?
Eran aproximadamente dos chicas y tres chicos, todos bastantes más altos que yo, pero supongo que... simplemente hice lo que en un tiempo me dedicaba a hacer en mis tiempos libres, aun que no recordaba que se me diera tan bien pelear.

Los golpes empezaron a dejar de dañarme como las primeras veces, mi cuerpo se sentía ligero y mi habilidad en si había aumentado. Como si aquel fuera mi destino, pero no era suficiente, solo era un humano, ellos eran... Ángeles, o al menos, alguna vez lo fueron.

Mi cuerpo estaba cansado pero no podía detenerme, y cuando vi que ellos se retiraron solo me puse más nervioso que antes... ¿qué pretendían hacer? entonces lo supe... pude verlo en sus ojos... me iban a golpear donde más me dolía. Hannah.


Vi como la luz negra se difuminó dejándola visible a mis ojos, y el sueño me golpeó.

La sangre chorreaba de todo su cuerpo y sus ojos no tenían vida. Hannah estaba muerta, y yo sentí que me moría con ella.

Pegué un grito ensordecedor y el dolor volvió. Por todas partes, sin parar, pero ahora me daba igual... y justo cuando iba a abandonar, una nube blanca me cubrió.

Era un día nublado, todo estaba oscuro, yo estaba sentado en la arena y a mi lado había una figura de alas blancas, intente hablar pero no podía, estaba encerrado en el cuerpo de otra persona y lo único que podía hacer era esperar a ver que pasaba. 

-Gabriel -Salió de aquel cuerpo que me tenía encerrado- ¿Tienes miedo?

La figura se encogió de hombros mientras se abrazaba las piernas mientras observaba algo, aquel cuerpo "mío" me permitió ver que observaba la tal "Gabriel" y la escena me sobrecogió por completo. 
Todo estaba negro y el fuego lo quemaba todo a su paso. Los gritos se oían por todos lados y a pesar de estar a mucha distancia, se podía sentir el dolor de todas aquellas personas. 

Gabriel soltó un sollozo y habló con voz temblorosa. 

-En mi culpa... -Comenzó- Es mi culpa... todo esto... -Y se rompió. 

Quise abrazarla pero aquel cuerpo se quedó paralizado mientras respiraba hondo. 

-Gabriel, mírame -Habló con voz segura intentando transmitir una seguridad que en el fondo no tenía. 
La figura dudó unos minutos, pero poco a poco y con el corazón en un puño lo hizo, no pude observar bien su cara pero supe que estaba temblando y rompería en un llanto más fuerte si me miraba. 

-Yo te protegeré -Habló aquel cuerpo- Siempre, Gabriel. 

Y por segunda vez aquel día sentí que podía morir al verme reflejado en aquellos ojos grises bañados por estrellas azules y perderme en ellos.