martes, 3 de diciembre de 2013

Noticias


He estado perdida, muy perdida, y lo siento muchísimo...
He estado ocupada y, bueno, digamos que en cierta forma, sentía que nadie me leía porque a nadie le gustaba lo que escribía, y no pude evitar desmotivarme, sin embargo, he leído los comentarios y los me gusta que tenía la novela y me han entrado muchísimas ganas de continuarla.

Y es exactamente eso lo que voy a hacer.

Tal vez suba despacio, pero subiré, y les daré un final a Hannah y Justin.

¿Están preparadas?


miércoles, 10 de julio de 2013

Capítulo 18 - ¿He podido corromper a Hannah?


y con esa frase resonando en mi cabeza todo a mi alrededor volvió a desaparecer volviendo a la escena de antes.

Hannah estaba tirada en el suelo, y solo podía verla a ella, no veía una luz negra, no veía a los putos seres alados... nada... solo a Hannah. Una Hannah que necesitaba mi ayuda.

Mi corazón empezó a latir muy deprisa. La adrenalina empezó a recorrer mis venas y en mis manos se formaron dos puños. Mi mente se quedó en blanco y de repente, de mi interior salió algo parecido al fuego.

Era eso exactamente.

Oí los gritos y las maldiciones y pude ver de soslayo como los seres caían al suelo arrodillados y gritaban de agonía pura y dura, no me sentía culpable. Esa misma agonía la podría haber pasado Hannah tambien.

De nuevo, el pensamiento de ella hizo que mi corazón se acelerara mucho más, como si fuera a salirse de mi pecho y lo único que oía era su voz, calmada y tranquila, transmitiéndome su paz. Los dedos de mis puños se volvieron de color blanco por la fuerza que estaba ejerciendo y por una milésima de segundo, quise torturar a todos los que la hicieron sufrir.

La adrenalina me superó y antes de darme cuenta, todo a mi alrededor estaba destrozado.

Cerré los ojos un segundo para protegerme del humo que salía de alguna parte y al abrirlos me asustó ver el panorama... pero ese miedo se fue cuando me di cuenta que había sido yo quien lo había hecho.

Localicé a Hannah todavía tirada en el suelo y corrí hacia ella mientras susurraba su nombre. El pánico se apoderó de mi. Pensar en perder a Hannah otra vez... en tan poco tiempo... no podía soportar aquello. ¿Pero por qué?

Me agaché para comprobar su estado y sentí que se me paró el corazón al ver la escena de Hannah con los ojos abiertos y... llenos de vida, solté un suspiro de alivio y un gruñido haciéndole ver mi enfado a pesar de todo, ella sonrió sin fuerza y se levantó con mi ayuda.

Llevaba los pies descalzos y el pelo le caía formando una cascada sobre sus hombros.

Ella miró a su alrededor mientras suspiraba, pero no parecía asombrada, como si ya se esperara aquello, entonces recordé lo que acababa de vivir y también recordé los huecos en negro que tenía en mi cabeza.

-¿Justin? -Hannah me llamó despertándome de mis pensamientos. Clavé mi mirada en ella y algo dentro de mi fue más poderoso que mi control.

Antes de darme cuenta cogí con delicadeza el rostro de Hannah observándolo bien. Sus ojos grises... su cabello... sus mejillas ahora levemente rojas por mi culpa, y sus labios... a tan pocos centímetros de los míos que los besé.

Hannah sabía a... agua, viento y... a algo más que no pude descifrar pero provocó que se me hiciera imposible el hecho de dejar de besarla.

Rodeé con mi brazo derecho su cadera y con mi mano izquierda le levanté el mentón más hacia mi. Ella tardó en reaccionar pero finalmente me rodeó el cuello con sus brazos. Estaba insegura... pero a la vez sabía lo que hacía.
Pegué a Hannah más a mi cuerpo, me pregunté si le estaría haciendo daño y antes de que me pudiera controlar le estaba pidiendo permiso para deslizar mi lengua en su boca. Aun que no la veía podía imaginarla mientras se sonrojaba y pensaba en qué hacer. Yo no le di tiempo ni dejé que pensara en nada más.

La apreté un poco más y en el momento en el que fue a coger aire la volví a besar profundizando el beso.
Hannah al principio se resistió e intentó mantener la cordura pero luego se rindió haciendo que su lengua siguiera a la mía.
Nunca había besado a nadie de esa forma. Era suave y sin prisas, con sentimientos que seguramente Hannah no tenía hacia mi... pero no podía evitarlo. La necesitaba después de todo.

Oí lanzar un suave y muy leve gemido a Hannah, sentí que mi corazón se encogió y mi respiración empezaba a ser pesada y aun que intenté evitarlo, no pude ni quise hacer nada.

Cogí a Hannah de la forma más delicada posible de los muslos, e hice que ella me rodeara con ellos la cadera mientras caminaba con dificultad pegándome más a ella y la apoyaba contra la pared de lo que parecía ser un callejón. Apreté mis caderas más hacia ella para que pudiera sentirme y a la vez, para poder sentirla y otro gemido salió de los labios de sus labios, esta vez más alto. Yo sonreí victorioso, pero sabía que debía de detenerme.

Una voz empezó a repetírmelo una y otra vez con desesperación, quería ignorarla, quería hacerlo con todas mis fuerzas, no quería soltar a Hannah tan pronto... pero sabía que no podíamos continuar con eso porque para empezar, estábamos en mitad de un callejón.

Corté con delicadeza el beso y apoyé mi frente contra la de ella para que me mirara a los ojos. Sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración estaba casi tan agitada como la mía.
Besé su cuello mientras Hannah ponía sus pies en el suelo y la realidad de lo que había pasado nos golpeó a los dos.

Ninguno sabía muy bien que decir o que hacer, Hannah miraba sus pies y yo miraba hacia la pared que tenía a mi derecha mientras suspiraba y me frotaba la cara con mis manos intentando pensar con un poco de claridad, aun que fracasé. En mi cabeza se repetía la escena una y otra vez y lo peor era que quería repetirlo... o, incluso algo más. Sacudí mi cabeza violentamente y volví a suspirar mientras miraba a Hannah, cuyo rostro estaba tapado por su pelo rubio que creaba una especie de cortina, quería hacerle muchas preguntas pero deduje que sería mejor hacerlas en otro lugar y en otro momento.

-¿Hannah? -Hablé con voz baja. Ella se sobresaltó pero no levantó la mirada. -Hannah -Repetí esta vez con un poco más de desesperación consiguiendo que Hannah por fin me mirara. Sus mejillas estaban rojas, yo reí con dulzura. -Vamos a casa. -Ella me miró a los ojos seria para luego, con una sonrisa asentir.

El camino no se hizo ni largo ni corto, la tensión había disminuido pero las imágenes se repetían una y otra vez sin parar, como si me estuvieran echando algo en cara.

Cuando llegamos Hannah entró con ojos soñadores. Seguramente ella habría pensado que aquella sería la última vez que veía aquel lugar. Me sentí mal por aquel pensamiento y lo eliminé de mi cabeza, cogí mi móvil. No recordaba cuando lo había visto por última vez y vi seis mensajes y siete llamadas perdidas. Miley, Chaz, Nathan, Ryan, Carol... suspiré y lo volví a guardar. Esa noche ya resolvería cuentas pendientes con todos.

Fui a la pequeña cocina y abrí la nevera. Recuerdo que antes de que todo esto pasara me encontraba con muy pocas fuerzas y apenas podía hacer nada... otra pregunta más, eso era un empieza sin final, y la misión qu--- paré en seco un momento y sacudí la cabeza, no quería pensar en nada, al menos no por el momento, quería solo un minuto de descanso y mientras calentaba arroz en el microondas pude ver a Hannah sentada en la alfombra que había en el salón. Su mirada estaba clavada en el cielo y lo que un día en sus ojos fue adoración, hoy solo era miedo.

-Hannah, voy a hacer arroz -Ella me miró y vi que su pelo se había oscurecido. Fruncí el ceño y sacudí la cabeza.

Puse el arroz en dos platos, el de Hannah era más grande que el mío y los lleve a la mesa. Comimos en silencio absortos en nuestros pensamientos. Era una locura... si lo contara todos pensarían que estoy loco... ¡Loco! he visto todo eso... me han dicho todo eso... y ahora, estamos comiendo arroz como si nada hubiera sucedido... que Dios nos perdone.

Acabamos de comer y de forma monótona y ya habitual Hannah se disponía a subir las escaleras y yo acostarme en el sofá.

El silencio absorbió la casa cuando oí unos pasos y sentí que el sofá se hundía por el peso de una nueva persona. Sonreí y dejé que Hannah se colocara sobre mi pecho mientras olía aquel olor que tanto me gustaba.

"Justin..." -Susurró ella antes de dormirse. Yo por el contrario por más que lo intenté no pude conseguirlo y lo único que hice fue pensar en todo lo que había pasado y en las partes que eran realidad y en las partes que eran ficción, aun que me lamenté al deducir que todo eso era una realidad... algo irreal, pero la realidad.

Hannah era un Ángel y--- -Abrí los ojos como platos mientras me daba cuenta de lo que había hecho... Hannah era un Ángel, personas puras... y yo la había besado con nada más que lujuria... y después de eso, su cabello se oscureció y... la voz que me ordenaba que me detuviera... ¿Puede tener algo que ver todo eso? ¿Puede todo estar relacionado?


¿He podido corromper a Hannah?

Y con la fuerza de la realidad acumulándose en mi cabeza el sueño venció mientras maldecía por dentro mis malditos impulsos animales.

lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 17 - Cuidar de mi Ángel


[Narra Hannah] 

Podía oír los sollozos de Justin en mi cabeza.

Él pagaría el error, sufriría él por culpa de las decisiones de un ser alado sin cabeza ni conciencia, egoísta, preocupado solo por el cegador amor de un chico que con dulces palabras lo enamoró, y con agridulce anhelo esperaría con ansia la protección que le había prometido, 
con la única verdadera intención de volverle a ver. 
A él y a sus ojos color miel sin tener en cuenta el futuro de la humanidad.
Ese ser alado soy yo.
Este error lo creé yo.

Justin se había ido tal y como le dije, pero sabía que volvería. Su corazón era demasiado honesto como para dejarme. Por mucho que me lo mereciera.

El color negro me envolvió de forma tan rápida que casi me impresionó. Y lo hubiera hecho si no supiera que iba a suceder.

Mi cuerpo estaba muerto. Pero a la vez, no lo estaba.

Así como Julieta utilizó una bebida que la dormía para fingir su muerte y poder ir con su amor, yo por el contrario dormiría y fingiría morir para poder dejarle ir.
El triste final les llegó a ambos. ¿Sucedería lo mismo? ¿Nos sucedería lo mismo? Recuerdo que le hacía esa pregunta constantemente a mi elegido.
Él solo sonreía de la forma dulce a la que me tenía acostumbrada, y con mimos y cariños hacía desaparecer todas las preocupaciones.

Todo su esfuerzo lo destrocé cuando decidí volverme egoísta, aun que una parte de mi sabía que siempre lo había sido con mi elegido.


Podía sentir la fría carretera contra mis mejillas y casi podía imaginarme a mi misma sin vida. Indefensa, aparentemente muerta.

Realmente debería de haberlo estado hace mucho tiempo, pero por cambios del destino continué respirando, incluso aun lo hago, pero sentir el dolor de Justin tan directamente me hizo desear no querer haberlo estado.

Intenté pensar a contra reloj, necesitaba quitarle ese dolor, al menos por el momento, no podía seguir sintiéndolo, era demasiado de lo que podía aguantar, y antes de darme cuenta con una pequeña parte de mi "poder" que no se había quedado dormido bajo el hechizo, envié a Justin a un lugar que hubiera preferido cambiar si hubiera podido.

Envié a Justin a mis recuerdos.


[Narra Justin]

La imagen de sus ojos desapareció de la misma forma repentina en la que había desaparecido mientras la escena cambiaba en frente de mi.

Esta vez eso parecía ser un palacio, y ya había estado allí.

Comencé a andar por los largos pasillos de paredes blancas decoradas con cuadros pintados -seguramente- a mano, intentando memorizar todo lo que veía, los cuadros, los rostros, los más pequeños detalles y sobretodo buscando una señal de Hannah en todo aquello.

Pero no había nada, sin embargo me engañaba a mi mismo. Hannah no era Hannah y lo sabía, y aun que no encontrara a Hannah por ningún lado, Gabriel siempre estaba presente con un joven a su lado, ella parecía tan feliz y su forma de sonreír me hizo desear conocer al causante de esa sonrisa, por lo que me acerqué más y más y cuando lo pude ver, algo me llamó la atención.

No podía ver con claridad y el silencio fue sustituido por gritos.

Me di la vuelta para observar como todo comenzaba a arder en un mar de fuego, mi cuerpo se quedó paralizado y vi a una familia de alas blancas huyendo de otros seres alados, estos últimos tenían alas negras y mi cuerpo se paralizó al ver como los negros cortaban las alas de los blancos evitando sus intentos de lucha cuando detrás de toda la revuela, pude observar a una pequeña niña de ojos grises asustada y agachada mientras observaba petrificada  la escena.

La sangre cubría los suelos blancos y salpicaban las paredes, el dolor llenaba el ambiente y los gritos se oían a gran distancia que eran superpuestos por las carcajadas de los negros.
Por alguna razón sentí rabia recorrer por mis venas en vez de sangre y mis ojos no dejaron en ningún momento a la pequeña niña.

Su cuerpo temblaba, y antes de reaccionar vi como se llenaba de coraje y valor y se levantaba para precipitarse hacia la salida.

Al verla correr quise ir tras ella, pero las palabras que comenzaron a sonar me detuvieron.

-El destino ha sido marcado. La humanidad pagará el precio acordado. No quedarán vistas de clemencias. Solo quedará un rastro de sangre y dolor.

Y con esas palabras resonando en la habitación, el fuego que quemaba aquel extraño palacio se extendió y por las ventanas vi como llegaba al resto de casas y bosques derribando y destruyendo todo a su paso.

Los gemidos de dolor aumentaron y deseé con todas mis fuerzas que al menos, esa niña hubiera podido escapar y así como ellos habían mandado. El dolor reinó.

Bajé la cabeza pero segundos después la volví a levantar. En medio del horror brilló una chispa de esperanza. Una luz blanca cubrió la escena y habló.

-El destino ha sido marcado, pero también puede ser cambiado. Y lo será. -La luz pareció señalarme y yo la observé fijamente. Me transmitía una extraña sensación de paz que no podía explicar y la voz siguió hablando, aun que esta vez, solo yo podía escucharla-

-¿Aceptarás tu misión? -Fruncí las cejas extrañado por sus palabras y antes de que pudiera preguntar, volvió a hablar con la misma fuerza en sus palabras-

-Gabriel.... -Levanté fuertemente mi vista y un fondo negro lo cubrió todo. Solo estábamos la luz y yo, y una imagen apareció... Era Hannah sonriendo y con su ya típicas alas blancas en su espalda, su mirada estaba llena de luz y su sonrisa transmitía paz y tranquilidad... la imagen que vi de ella en la realidad me golpeó y me obligué a tragarme el nudo que se había creado en mi garganta-

-Si. La imagen de Gabriel... de Hannah, ha cambiado, ella es un Ángel, pero fue corrompida por el infierno. -Sus alentadoras palabras me dolieron... por eso tenías las alas negras ¿no?-

-Más o menos -Me sorprendí al ver que leyó mi mente, pero por la situación la sorpresa no duró mucho. Ya casi nada podía sorprenderme, era de locos-

-Necesito pedirte un favor.

-¿Qué? -Dije con furia en mis palabras-

-Sabes qué soy. ¿No? -Pensé mi respuesta y evidentemente, sabía quién era, pero me negaba a creerlo-

-Dilo.

-No.

-Pues cerrarás el destino de Gabr-- Hannah, para siempre. -Lo fulminé con la mirada y suspiré-

-Eres Dios. -El no contestó. Pero sentí de nuevo esa calidez que había sentido antes-

-Sé que piensas que te abandoné. -Las imágenes de la otra chica que ocupaba mi vida volvieron a mi cabeza. Sus gritos... su tristeza, cerré los ojos para apartar el recuerdo-

-No lo pienso. Lo sé -Hablé con voz fría-

-No. -Contestó con seguridad en sus palabras- Te tengo otra cosa preparada -Lo miré fijamente en busca de más detalles-

-Tú Justin, puedes cambiar el destino ya marcado.

-¿Cuántas veces diréis eso?

-Las que hagan falta -Me cortó mientras continuaba hablando- Tú puedes salvar a Hannah -Y al oír su nombre mi corazón empezó a palpitar y mi falta de atención desapareció-

-¿Aceptas?

-¿El qué?

-¿Aceptas la misión? -Su luz comenzó a desaparecer-

-¿Qué misión? -Grité con desesperación-

-Cuidar de mi Ángel. -Y con esas palabras desapareció. Con dudas pero con las ideas muy claras-

Hannah no era solo su Ángel, Hannah también es mi Ángel, y sabía que las cosas iban a cambiar por las buenas o por las malas.

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Bueno, nunca hago esto, pero me gustaría deciros algunas cosas. 
Antes de nada muchas gracias por sus comentarios, realmente me animan a continuar la novela y subir los capítulos más deprisa. 
No estoy pasando por un momento muy bueno, la verdad, he perdido a un familiar y estoy un poco triste (muy triste, para que mentir), y de alguna manera lo estoy reflejando en la novela por lo que se torna un poco estresante, voy a intentar cambiarlo y no dejar que eso afecte a la historia. 
De nuevo, gracias por sus mensajes, significa mucho para mi. 

viernes, 5 de julio de 2013

Capítulo 16 - Aquellos ojos grises, bañados por estrellas azules.


Mis piernas comenzaron a quejarse, y el no saber nada comenzó a asustarme, pero no de una forma leve y natural como antes, era una forma nueva del miedo.

Esta nueva forma te devora tan lentamente que parece que está asfixiándote, como si supiera que puede acabar contigo en segundos, contigo y con las pocas esperanzas que te quedan en situaciones como estas.

Millones de preguntas comenzaron a arrasar mi mente sin dejarme pensar con claridad, el camino se estaba haciendo más largo de lo que recordaba al haberme ido dejando a Hannah sola.

Hannah.

El sueño que había tenido la noche anterior volvió a sobrecogerme sin avisar, sin prevenirme antes. Hannah sin vida, muerta.

Todo pareció empezar a temblar aun que seguramente serían mis piernas, era extraño, pensé para mi mismo, todo era jodidamente entraño. Todo esto no tenía ni pies ni cabeza, empezando desde el día que conocí a aquella chica, cuando la vi creí recordar que no era la primera vez que la veía en aquel tejado, y luego... luego estaba el sentimiento de protección que sentía por ella y no olvidemos los días negros. Días que no recuerdo absolutamente nada, como si me hubieran borrado la memoria.

Aun que tenía la sensación de que no solo era eso. Y que las cosas pronto se iban a poner todavía peor de lo que ya estaban.


Mis piernas estaban en sus límites, Hannah no aparecía, recuerdo que la había dejado sola pero no llegué a alejarme tanto como para no encontrarla... o tal vez... ¡Joder! ¡joder, joder, joder! esta maldita sensación de no saber porqué coño pasan las cosas, y que pasen así por que sí.

Esa maldita y escalofriante voz, que de alguna manera me obligó, sin obligarme, a buscar a Hannah, pero más que una orden, sonaba como una promesa, como si lo tuviera que hacer como agradecimiento, ¿pero de qué? y ese recuerdo... hablaba sobre una tal Gabriel... Gabriel... el Ángel que anunció a María que había sido elegida para ser la madre del salvador, Jesús... María, tengo entendido que significa elegida también... Elegida... espera... Elegida... ¿Podría ser posible? no, ni de coña, esto no puede estar pasando... Hannah no tiene nada que ver con María, absolutamente nada, pero... sí se parecía a Gabriel. El Ángel Gabriel.

-Hannah, maldita seas, ¿Dónde estás? -Grité con desesperación y con toda la fuerza que pude ejercer en mis pulmones, con la voz fuerte y clara para que se pudiera escuchar a la perfección.

Un ruido en seco me detuvo.

Miré hacia todos los lados con el ceño fruncido. No había imaginado aquel ruido.

Dejé de respirar por unos segundos y concentré todos los sentidos en lo que me rodeaba. La vista... todo estaba adquiriendo un color negro carbón, como si se estuvieran pudriendo las cosas... El oído... aparte del ruido no había nada más que fuera real, era como cuando te tapas los oídos y oyes algo que simplemente no oyes, es eso, oyes la "Nada"... el Olfato... olía a viento, olía a Hannah, pero un olor extraño a quemado me advirtió de que no estaba allí, al menos, no estaba en esos momentos... y el Tacto... no sentía nada, solo una horrible presión que me ahogaba... y por último... una respiración.

Me di la vuelta de golpe en busca del dueño de aquella respiración.

No había nada. Literalmente, no había absolutamente nada ni nadie, todo había desaparecido. No veía.

Pegué un grito en sordo... que no pude oír... y si pudiera sentir mis manos había jurado que le grito ni si quiera había salido de mi garganta.

Fuera lo que fuera me había dejado incomunicado de todo el exterior.

Deseé que esa capacidad para no sentir me ayudaran para aguantar lo que estaba apunto de vivir... como supuse, no me ayudo.

El dolor era insoportable, nada comparado a lo que estaba acostumbrado, venía de todas partes, sin piedad ni clemencia. Quería hacerme sufrir... no, quería que huyera y seguramente, que olvidara a Hannah para siempre.

A cada golpe que recibía pensaba en una cosa que me gustaba de Hannah, no la pensaba en realidad, salía sola, incluso cosas que no recordaba haber descubierto de ella, las sabía... su sonrisa... sus ojos... su olor... todo, y en ningún momento se me pasó por la mente la idea de olvidarme de ella. Solo pensar en eso era más doloroso que todos esos golpes que estaba recibiendo, y sin saber como, comencé a reír a carcajada limpia, y escuché mis risas, y sentí que reía y vi mi entorno.

El dolor se acabó, sabía que seguía ahí, intentando que dejara de reír, pero no podía.

Los recuerdo del tiempo que pasé con Hannah me sobrecogió de tal manera que no podía sentir nada más que felicidad, y empecé a recordar el verdadero principio, iba en mi coche y recibí la llamada de Servicios Sociales ahí comenzó todo realmente.

Me levanté con dificultad y al fin pude entornar y ver con claridad mi entorno.

Dejé de reír, porque seguramente estaba perdiendo la cabeza.

Estaba rodeado de gente con alas... de Ángeles, que yo supiera eran seres misericordiosos y bondadosos con túnicas blancas y alas del mismo color. Aquellos seres no parecían esas cosas en absoluto.
Vestían túnicas, esta vez negras y sus alas... sus alas eran de diferentes tonos rojos. Color sangre, y todos ellos parecían obedecer a un solo líder, este se representaba en luz negra que con solo verla te dañaba la vista.

Algo me decía que debía de huir, pero una parte de mi no me dejaba hacerlo.

-¿Dónde está Hannah? -Hablé fuerte y claro.

Todos me miraron como si hubiera dicho una estupidez.

-Repetiré la pregunta. ¿Dónde, está, Hannah? -El nombre de aquella chica que me tenía cautivado lo grité con más fuerza.

Uno de "esos seres" me fulminó con la mirada.

-No existe ninguna Hannah. -Procedió otro de "esos".

-Dejaos de mierdas o--

-O... ¿qué? -Vaciló esta vez esa luz negra, para luego continuar con profundo asco- No eres nada, un simple insecto.

Algo me llamó la atención, su voz... su voz resonaba en mi cabeza, como la voz anterior... ¿eran la misma? ¿era eso una trampa?

-Prefiero ser un insecto a ser... "tú" seas lo que seas -Imité su tono de voz-

El silencio inundó el espacio, las caras de esos seres estaban mezcladas entre asombro y asco, y me entrañó que hubiera algunas que parecían suplicarme algo en silencio... pero... ¿el qué?

-Acabad con esto -Y antes de poder analizar todas las palabras, esos seres se arrojaron sobre mi con la única idea de matarme, estaba perdido.

Demuéstralo 

Oí en mi mente una voz ya conocida. La misma que me indicó que fuera a por Hannah, los primeros golpes llegaron a alcanzarme, mientras yo intentaba desvelar que quería decir con aquella palabra.

Revélate 

Suspiré y gruñí por lo bajo al oír el tono de voz de... lo que sea y el dolor punzante que me traspasó ¿No me había revelado ya?

Hannah

Y fue lo último que necesité oír para que mi cuerpo reaccionará por si solo.

Empecé a esquivar los golpes. Muchas veces me había enfrentado a otras personas en peleas, no era nada nuevo pero aquello era diferente, ¿cómo se ataca a esas cosas para hacerles daño? ¿con las manos...?
Eran aproximadamente dos chicas y tres chicos, todos bastantes más altos que yo, pero supongo que... simplemente hice lo que en un tiempo me dedicaba a hacer en mis tiempos libres, aun que no recordaba que se me diera tan bien pelear.

Los golpes empezaron a dejar de dañarme como las primeras veces, mi cuerpo se sentía ligero y mi habilidad en si había aumentado. Como si aquel fuera mi destino, pero no era suficiente, solo era un humano, ellos eran... Ángeles, o al menos, alguna vez lo fueron.

Mi cuerpo estaba cansado pero no podía detenerme, y cuando vi que ellos se retiraron solo me puse más nervioso que antes... ¿qué pretendían hacer? entonces lo supe... pude verlo en sus ojos... me iban a golpear donde más me dolía. Hannah.


Vi como la luz negra se difuminó dejándola visible a mis ojos, y el sueño me golpeó.

La sangre chorreaba de todo su cuerpo y sus ojos no tenían vida. Hannah estaba muerta, y yo sentí que me moría con ella.

Pegué un grito ensordecedor y el dolor volvió. Por todas partes, sin parar, pero ahora me daba igual... y justo cuando iba a abandonar, una nube blanca me cubrió.

Era un día nublado, todo estaba oscuro, yo estaba sentado en la arena y a mi lado había una figura de alas blancas, intente hablar pero no podía, estaba encerrado en el cuerpo de otra persona y lo único que podía hacer era esperar a ver que pasaba. 

-Gabriel -Salió de aquel cuerpo que me tenía encerrado- ¿Tienes miedo?

La figura se encogió de hombros mientras se abrazaba las piernas mientras observaba algo, aquel cuerpo "mío" me permitió ver que observaba la tal "Gabriel" y la escena me sobrecogió por completo. 
Todo estaba negro y el fuego lo quemaba todo a su paso. Los gritos se oían por todos lados y a pesar de estar a mucha distancia, se podía sentir el dolor de todas aquellas personas. 

Gabriel soltó un sollozo y habló con voz temblorosa. 

-En mi culpa... -Comenzó- Es mi culpa... todo esto... -Y se rompió. 

Quise abrazarla pero aquel cuerpo se quedó paralizado mientras respiraba hondo. 

-Gabriel, mírame -Habló con voz segura intentando transmitir una seguridad que en el fondo no tenía. 
La figura dudó unos minutos, pero poco a poco y con el corazón en un puño lo hizo, no pude observar bien su cara pero supe que estaba temblando y rompería en un llanto más fuerte si me miraba. 

-Yo te protegeré -Habló aquel cuerpo- Siempre, Gabriel. 

Y por segunda vez aquel día sentí que podía morir al verme reflejado en aquellos ojos grises bañados por estrellas azules y perderme en ellos. 

sábado, 22 de junio de 2013

Capítulo 15 - El primer recuerdo de Hannah


¿Crees en los Ángeles? 

Al oír aquella voz me asusté. Pero no por la voz en si, sino por la lejanía de aquella voz.

¿Crees en Dios?

....

¿Crees en la esperanza? 

...

¿Crees en la Verdad?

...

¿Crees que podrás soportarla? ¿Podrás?

Sé que no podré. Pero me gusta arriesgar, sin hacerlo, nunca podrías ganar...

...

-¡Gabriel! -La sonrisa del chico brilló iluminando todo el entorno, ella emocionada por su regreso, se puso en pie y con un grito de alegría saliendo de sus labios se abalanzó sobre el chico. Este le respondió con el mismo entusiasmo y empezaron a dar vueltas hasta caer sobre la hierva y comenzar a rodar.
Las carcajadas bailaban por el ambiente y la tristeza brillaba por su ausencia. ¿Alguna vez existió pena? se preguntó Gabriel, ¿cómo pudo haber estado triste alguna vez?


-Estás hermosa Gabriel -Susurró el joven cuando ambos cayeron en el suelo. Uno sobre el otro a centímetros de fundir sus labios en uno mismo- Increíblemente hermosa... -Fueron acortando la distancia... pero un grito impidió el beso- 

Ambos se levantaron asustados y con las mejillas sonrojadas y con una sonrisa tonta en los labios se despidieron y marcharon cada uno por su lado. 

La joven de rubio cabello y ojos azules como el mar no pudo evitar desear más. No pudo evitar desear que el joven no se apartara nunca de su lado aun sabiendo... que eso significaba el final de la humanidad. Aun sabiendo que esa era la regla, la única regla que te arrebataba algo peor que la muerte. Romperla significaba arrebatarte el alma y las sensaciones. Todas ellas. Las de felicidad. 

Era un día normal y corriente para todos. Gabriel se levantó con su habitual entusiasmo y se peinó las hermosas alas blancas que colgaban sobre su espalda mientras intentaba decidir que vestido elegiría ese día. 
Cuando sus plumas estuvieron ordenadas y sus mejillas volvieron a ser blancas como la nieve se levantó y empezó a dar vueltas hasta el armario, una vez allí lo abrió dejando mostrar el interior. Lleno de pomposos vestidos de todos los colores, y a pesar de la gran cantidad de trajes, tuvo claro cual se pondría. 
Sacó con cuidado un vestido rosa amanecer y se lo puso de inmediato y dando saltitos salió de su habitación, su madre la vio y le besó la frente mientras la sentaba en una silla para trenzarle el pelo. Ambas sabían que en menos de media hora se le desmoronaría todo, pero esa ya era una tradición para ambas. 
Ese día, todo estaba saliendo perfecto, salió de casa después de tomar tortitas y se dispuso a correr para volver a ver al joven, pero algo la detuvo. Algo que hizo que le recorriera un escalofría por la espalda y las piernas le comenzaran a temblar.

Su hermoso cielo estaba negro. 

Gabriel se sintió paralizada e intentó volver a su casa cuando por segunda vez en menos de dos segundos, su alma se destrozó. 
Dentro de su casa, personas vestidos de negro y con alas del mismo color, le arrebataban la vida a su madre, le estaban cortando las alas de cuajo mientras le degollaban la garganta, y no supo que estaba llorando hasta sentir un cosquilleo en las mejillas y un empujón por la espalda, sus piernas empezaron a temblar más violentamente. ¿Le tocaría a ella? sin embargo, su cara no pudo evitar sentirse aliviada. 

El joven. 

-Gabriel, corre -Le decía mientras intentaba hacer que corriera, ella apenas podía moverse y llevaba por primera vez en mucho tiempo las alas arrastrándose por el suelo-

El joven se dio cuenta y después de veinte segundos, la cargó cogiéndole por la parte baja de la espalda y por detrás de las rodillas mientras ordenaba a Gabriel que cerrara sus alas. Ella obedeció con dificultad ya que estas le ordenaban que saliera volando inmediatamente, y con un poco de dificultad el joven comenzó a correr como si la vida dependiese de ello. Literalmente. 

Gabriel pudo ver el rostro cansado del joven y las numerosas heridas que presentaba su rostro, y bajando un poco la mirada pudo saber que también tenía heridas en las manos. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba pasando todo esto? ¿Qué habían hecho ellos? y callándose un nuevo sollozo que no pudo ocultar a su joven, se volvió a preguntar ¿Pasará? 

Justin se sintió mareado y se separó lentamente del rostro de la chica.

-¿Hannah?
-Justin... Lo siento tanto
-¿Qué? ¿Qué pasa Hannah?
-Creo que te he destrozado la vida -Susurró sin aliento ella. Las lágrimas no tuvieron tiempo a salir cuando un fuerte viento comenzó a correr-
-Hannah... aún ha---
-Cállate. -Le cortó Hannah- Cállate y corre, no es tu guerra. Es la mía. -Ella se levantó con dificultad del suelo y obligó a Justin a imitarla, el lo hizo aun que sintió un escalofrío recorrerle la espalda-
-Hannah en serio...
-Dije que te callaras Justin. Escúchame bien -Hannah sujetó la cara de Justin entre sus manos y le obligó a que él la mirara, el lo hizo con el corazón en un puño mientras tragaba saliva. Se temía lo peor-
-Es peligroso estar aquí, Justin, es muy peligroso y no puedo permitir que suceda
-Que suceda... ¿El qué Hannah? Dímelo
-Todavía no -Las pupilas de ella se dilataron mientras miraba de forma cuidadosa hacia un lado y hacia otro- Todavía no, pero si Dios... -Hannah paró para reírse de si misma y de sus palabras- Si el destino quiere, sabrás hasta el más pequeños detalle. Te lo aseguro, pero si te quedas aquí -Justin la volvió a mirar a los ojos- Si te quedas aquí nunca lo sabrás.

Y como si hubiera sido así de fácil siempre, Justin empezó a correr como si la vida le fuera en ello... literalmente... de nuevo.

Pero como si todos estuvieran en su contra, se paró. Algo lo paró. Algo o alguien.


Protégela. 

Escuchó dentro de su mente

 Protégela, eleg 

Repitió aquella voz, como si de eco se tratase

No permitas que le hagan daño 

-¿Quién? ¿Quién eres, quién es eleg? -grito frustrado por toda aquella situación-

El trato, firma el acuerdo 

-¿Qué acuerdo? ¡No soy Dios! ¡Necesito detalles!

Dios ya no es Dios. Ahora no está en sus manos. Debes saberlo, eleg, pero si te vas... nunca lo sabrás.

-¡Ella dijo...!

Las cosas no pueden suceder así... no así.  

-Guíame

Debes recordarlo.cinco favores, tres deseos, dos destinos, una oportunidad en cada ocasión. 

Y como si de magia se tratara, la voz salió así como así de mi mente. Las dudas me superaron, pero la adrenalina lo sobrepasó, y en lugar de correr hacia el lugar al que debería seguramente haber corrido, di de nuevo media vuelta. Sin detalles. Sin respuestas. Pero con un montón de dudas que merecen explicaciones.


Porque el Primer recuerdo de Hannah, no a resuelto ninguna.

lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo 14 Quiero respuestas, Hannah


-¿Hannah? -Todo estaba oscuro, el miedo comenzó a embriagarme, quería correr pero no podía, mis pies pesaban y me obligaban a quedarme en el lugar, intentaba gritar con todas mis fuerzas, pero nadie parecía contestarme, todo estaba desencajado- ¿¡Hannah?! -Mi voz ahora sonaba más desesperada que asustada, no me preocupaba estar allí indefenso y todo eso, me preocupaba algo más extraño, me preocupaba haberla perdido por cuarta o quinta vez consecutiva, no podía volverme a pasar eso, no podía.
La habitación se llenó de una luz extraña dando una sensación algo... rara, como si no existiera, como si no fuera nada de lo que en verdad era, y después un fuerte viento me golpeo dando lugar a la imagen de alguien... alguien con alas.
Mis ojos se abrieron como única reacción pero mis manos solo deseaban tocar aquellas alas oscuras, no estaba seguro de cual era el color por la luz de la que antes había hablado, todo parecía ser irreal, aun que de cierta forma ese podría ser el misterio... aquello no era real.
Entonces Hannah se dio la vuelta y pude notar como mi cuerpo por si solo comenzaba a temblar. Su cuerpo estaba lleno de sangre y sus ojos grises estaban vacíos, como si le hubieran robado el alma, como si aquel cuerpo fuera de trapo. Sin vida. Hannah.


Me levanté y me senté erguido sobre el sofá, estaba sudado y mi cuerpo temblaba, me encontraba desorientado y no conseguía visualizar bien las cosas, pero sobretodo sentí miedo, miedo de que aquel sueño se fuera a hacer real.

-¿Justin? -El simple susurró de mi nombre saliendo de sus labios calmó inmediatamente mi cuerpo haciendo que suspirara. Hannah-
-¿Te desperté? -Ella se quedó mirándome, clavando sus ojos en los míos como si intentara leer mis pensamientos, yo no aparté la vista, no quería, cada vez que la miraba de esa forma, era como reencontrarme con una parte de mi-
-Justin... -Hannah parecía querer continuar, pero suspiro y con una leve sonrisa se volvió a tumbar-

No tenía sentido del tiempo desde hace días, todo era tan confuso, me sentía extraño en mi propio cuerpo y en su defecto, Hannah estaba también intranquila, ella aseguraba que estaba bien pero su mirada la delataba. Hannah estaba ocultándome algo y no sabía lo que era.
Habíamos empezado a vivir juntos. En mi piso, realmente no sé como pude dejar entrar a una extraña en mi casa de ese modo, pero cuando lo hizo se sintió como si estuviera bien, y cada vez que ella se alejaba más de lo debido de mi el miedo me inundaba. Yo, el Justin duro que se peleaba con pandillas enteras el solo, se divertía con una chica cada noche y bebía hasta perder la conciencia... ¿qué me está pasando? y sobretodo ¿por qué es como si ya estuviera acostumbrado a esto?

Volví a tumbarme hacia el lado de Hannah, podía observar su pequeña figura y tenerla allí me tranquilizaba, quise abrazarla pero algo me lo impidió, pero las dudas no duraron mucho, sentí como Hannah cogía mi muñeca y tiraba hacia ella, haciendo que mi brazo quedara sobre su cintura, sonreí y la abracé con todas mis fuerzas haciendo que su espalda chocara contra mi pecho. Hannah olía bien, olía a viento... y todo lo que traía el viento con él, y con su aroma y el sonido de su respiración pude volver a conciliar el sueño, pero todos los sueños se acaban, y el mío no sería un excepción.

Los días pasaban uno detrás de otro y cada vez me sentía más débil físicamente  porque moralmente me sentía mejor que nunca, esa chica y su sonrisa eran la mejor medicina, siempre con su positividad y su única y dulce manera de hacerte cambiar de parecer... antes apenas rezaba y esas mierdas, ahora lo hacía continuamente, como una muestra de mi gratitud hacia el señor por traérmela a ella. Lo único que estaba mal para mi, era que Hannah no parecía cien por cien feliz... en ocasiones se quedaba perdida en su mundo, pero la forma en la que lo hacía era vacía, como si estuviera tomando una difícil decisión y no pudiera elegir, quería ayudarla pero sabía que no podía, esa decisión, fuera cual fuera debería tomarla ella sola, sin embargo me quedaré a su lado hasta el final.

-¿Justin? -Oí la voz de Hannah llamándome desde el marco de la puerta de mi habitación, yo estaba tumbado intentando reservar las fuerzas-
-Hannah... -Suspiré de felicidad al verla. Ella se acercó despacio hasta el borde de mi cama mientras se mordía el labio inferior-
-Yo... -La miré para que acabara la frase- quiero un helado -Su cara me decía que iba en serio y yo sonreí mientras me levantaba, debería haberme arreglado pero no me molesté en hacerlo-

Cogí las llaves del coche y las del piso y salimos dirección al centro.

El cabello de Hannah había crecido y se había vuelto más oscuro que antes, su piel seguía igual de pálida pero sus mejillas eran más rosadas, cada vez se volvía más hermosa... ese día llevaba un vestido azul que me sonaba de algo, pero no sabía de qué.

El camino al centro fue silencioso, sin preguntar, sin conversación, Hannah observaba por la ventanilla y yo la carretera, ambos pensábamos, yo en ella y ella... bueno, ella en lo que sea...

El centro estaba practicamente vacío, era raro ya que normalmente solía estar lleno de gente, a medida que avanzaba el día las cosas se volvían más y más raras, y Hannah también se estaba dando cuenta de eso, ese día parecía más preocupada que nunca y deseé no haberla dejado salir, ni si quiera conmigo, ella debería estar en casa... no por ninguna razón, al menos ninguna que conozca, pero siento que Hannah no está segura, y esto me está matando.

Bajamos del coche después de aparcarlo y comenzamos a caminar, de nuevo en silencio, Hannah observaba el cielo con el ceño fruncido y su cara estaba bañada de culpa. Cuando llegamos al puesto de helados parecía que fueran a crucificarla.
Compramos un helado de fresa, yo no quería, parecía que no pudiera tragar, y me costaba respirar, Hannah lo notó y pareció estallar.

-Justin escúchame -Sus ojos parecieron inundarse en lágrimas y un nudo se forma en mi garganta, como si me estuviera asfixiando- ¿Crees en mi? -Miré a Hannah sorprendido por su pregunta y algo extrañado asentí con la cabeza- No soy lo que parece... te he hecho algo terrible... Justin... no sé como arreglarlo -Ella estalló en lágrimas mientras tiraba el helado de fresa al suelo. Las calles ya practicamente vacías antes, ahora estaban desiertas, y mi visión empezaba a nublarse, sentí las manos de Hannah en mi rostro, el tacto me provocó una pequeña descarga eléctrica, y me obligó a mirarla- Confía en mi. Te protegeré, pero no te duermas... lo voy a arreglar. -Apenas podía mantenerme en pie, me apoyé en Hannah y sentí que el mundo daba vueltas, todo se volvió negro y solo había una luz en esa oscuridad, era la luz de Hannah, clara y brillante que al poco tiempo se fueron uniendo otras luces, estas eran mas oscuras y tétricas, podía oír sus voces pero no entendía bien la conversación.. también noté gestos insultantes y signos de alguna pelea, gritos y más gritos, insultos, uno detrás de otro, pero solo escuche con claridad una frase cuya voz era de Hannah-

-Puedo haber fallado, pero él no es el culpable de mis sentimientos.

Creí que me había caído al suelo al no notar nada debajo de mis pies pero cuando mi visión se aclaró un poco con dificultad... estaba volando, y de la espalda de Hannah salían dos enormes alas. Sentí pánico, pero ella lo único que hizo fue agarrarme más fuerte y el miedo me paralizó. Esto tenía que acabar desde ese momento.

Mis pies volvieron a tocar el suelo, la respiración se me encontraba y me dejé caer sobre él, Hannah vino lo más rápido que pudo a mi lado e intentó socorrerme, yo la aparté.

-Justin...
-Quiero respuestas, Hannah -Oí como ella suspiraba y volvía a ser absorbida en su mundo-
-Si eso quieres las tendrás

Me senté bien quedando en frente de Hannah, ella tomó aire, y lo que hizo a continuación me tomo totalmente de improvisto.
Cogió mi rostro entre sus pequeñas manos y con un movimiento rápido y leve, unió nuestros labios formando un beso, creí que sería un beso normal pero aquel beso parecía arrastrarme a otro lugar... como si fuera una especie de sueño... como si fuera un recuerdo. Entonces comencé a comprender una pequeña parte de todo ese enigma.

¿Qué me estás haciendo Hannah?

sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 13 ¿Cuánto quieres que dure... Justin?


El viento azotaba mi cara, las lágrimas me nublaban la vista, pero sobre todo oía los crujidos de mi corazón al romperse. Había perdido a Justin. Lo había perdido para siempre.
Nunca debí de creer.

Continué andando por una calle que no conocía, hacía una especie de frió vacío, todo estaba en silencio a mi alrededor, cerré los ojos, e inconscientemente la sonrisa de Justin vino a mi mente, y en respuesta yo sonreí.

"Gracias... Hannah" -Susurré con un hilo de voz mientras recordaba mi frase favorita- Gracias Hannah -Susurré esta vez con más fuerza- Gracias, Hannah -Me detuve mientras abría totalmente los ojos y agudizaba el oído- Gracias Hannah -Alcé la voz lo suficientemente alto como para que alguien me hubiera podido oír, y de alguna forma, sonreí con entusiasmo y felicidad- ¡Gracias Hannah! -Grité mientras empezaba a correr con toda la fuerza que tenía-

Mientras corría por las calleas, mi risa se oía en todos los sitios, una risa fuerte y viva, como si fuera de verdad una persona normal y corriente y mereciera ser feliz... esa sonrisa solo la he conseguido estando con él, esa sonrisa solo la he conseguido acordándome de él... Dios... que tonta he sido, he tenido que perderlo del todo para darme cuenta, aun que solo fueran unas horas... yo si tengo sentimientos -Reí más fuerte que antes- y todos los que tengo son por él.

Mi felicidad se percibía en el ambiente... ¿qué pasaría ahora? No lo sé... ¿qué más da? eso se puede decidir después, simplemente necesito huir... antes de que sea demasiado tarde y no quede esperanza y sobretodo... dicen que la esperanza es efímera, igual que la felicidad.


El paisaje cada vez aumentaba su tamaño a medida que me iba soltando de la valla... mis dudas, que se habían disipado del todo, habían aparecido de la nada, como si me estuvieran dictando que no debía hacerlo... pero por otra parte, mi tranquilidad me ordenaba que lo hiciera, me sentía dividido en dos... dos personas completamente diferentes... una de las personas dentro de mi, era vida, era felicidad, era amor, era esperanza y otra... mucho más oscura, era muerte... desilusión, venganza. Decepción.
Y al ver mis manos temblar, supe que si no decidía yo voluntariamente, lo harían ellas tarde o temprano... ¿qué debo hacer?

Ayúdame.


Continué corriendo como si mi vida dependiera de ello, ahora con mucha más urgencia que antes, como si fuera a llegar tarde a algún lugar, mientras corría y saltaba, aparecían imágenes en mi cabeza, todas eran de colores oscuros, con finales trágicos... como si trataran de decirme algo, fruncí el ceño, y el miedo hizo que mis piernas temblaran bruscamente haciéndome caer... y ya tirada sobre el asfalto, la imagen siguiente me vino con toda la claridad del mundo, como si hubiera estado ciega, y la realidad me golpeaba con fuerza en la cabeza.
A Dios no le gustaba Justin, y si a Dios no le gustaba Justin, Justin estaba en peligro, y yo solo he actuado como un peón más.
Me levanté furiosa conmigo misma y volví a empezar a correr, necesitaba algo, alguna pista de qué había pasado, pero pensara lo mucho que pensara, tenía la cabeza en blanco, no venía nada a ella, todo estaba oscuro... Dios era muy listo, sobretodo porque él no es Dios, es algo más... extraño... es algo peor.

Mientras corría choqué con alguien, quise seguir corriendo pero al ver su rostro, me quedé paralizada.

-Miley... -Susurré al ver su rostro bañado en lágrimas-
-Tú... -Susurró ella en respuesta mientras se secaba las lágrimas-
-¿Que pasa? -Clavó su mirada en mi-
-¿Que qué pasa? -Me clavó el dedo índice en el hombro derecho- ¡Tú pasas! ¡Solo piensa en ti! ¡Está obsesionado contigo! -Sentí como se creaba un nudo en mi garganta- Yo... yo intenté gustarle... -Sus lágrimas salieron con más fuerza- Le quiero... -Susurró- pero él no a mi... -Me miró fijamente a los ojos... pude ver en ella, que su corazón estaba roto, tal y como estaba el mío hace unos minutos... el nudo creció- Te quiere a ti. Siempre lo hizo... desapareció.... se fue... me dejó... -Abrí los ojos con fuerza...-
-¿Dónde? ¿Dónde se fue?
-No lo sé -La agarré por los hombros-
-Por favor... -Mis lágrimas amenazaban con salir y la desesperación me dominó- Por favor.... -Ella me miró... dudo, pero después, habló-
-No estoy segura... pero le vi caminar hacia un edificio
-¿Cual?
-Mmmm... El reinchber
-¿El reichber? ¿Ese tan alto?
-Si -Mi mundo se vino abajo... cerré los ojos, y salí corriendo ignorando los gritos de Miley-

No... señor... no has podido hacerlo... no se lo has hecho, no a él.... por favor.

Mi mundo se estaba acabando, la desesperación, el miedo, la impotencia... todo se juntaba, y por un momento, deseé no haber sido sancionada y poder utilizar mis alas... volar... volar para poder llegar a él, pero lo único que podía hacer era rezar... correr... y desear.

Cuando llegué a la entrada del enorme edificio, mis piernas estaban llenas de heridas por las veces que me había caído... pero no podía detenerme... Dios me lo quería poner difícil... el ascensor no funcionaba... y los hombres de allí hablaban sobre cosas como "un suceso extraño lo del ascensor" maldito hijo de puta... puede irse al infierno... literalmente.

Empecé a subir las escaleras, parecían interminables, el sudor llenaba mis cuerpo y el vestido se me pegaba a la piel, las alas, ahora invisibles por la sanción comenzaban a pesarme y las piernas dejaban de funcionarme como quería, el corazón me latía muy rápido, más de lo normal, pero continué corriendo, Justin era mi objetivo, y había mucho en juego... y estaba tardando mucho... no iba a llegar... cerré los ojos con fuerza mientras subía y supliqué con todas las fuerzas que me quedaban que él estuviera bien... que no le hubiera pasado nada, que siguiera conmigo... pero mi poder no era suficiente contra el de él, solo podía seguir... continuar y desear... siempre igual... y los escalones no parecían disminuir... cuando conseguí llegar arriba, la puerta de la azotea estaba abierta, mi corazón ya acelerado, parecía latir mil veces más rápido que antes, mi respiración estaba agitada.

Yo había rezado... lo había hecho... había creído... había creído de verdad. Pero nada había servido. Me tambaleé hacia la larga valla que separaba la vida de la muerte, y detrás de ella me dejé caer, mis piernas me fallaron y no lo evitaron, el suelo estaba frío, podía ver claramente el paisaje... ese paisaje también lo había visto Justin... Justin había estado allí, antes que yo... pero había llegado tarde... le había destrozado la vida... y con ella, también la mía.... Levanté la vista hacia el cielo y lo observé mientras lo maldecía... la furia me controló, me levanté y con todas mis fuerzas cogí aire...

-¿Por qué? -Grité- ¿Qué os he hecho yo a vosotros? ¿Me merecía esto? ¿Me merecía perderlo... así? -Mi voz se cortó en la última palabra... y mis piernas temblaron incontrolablemente al igual que mis manos... no podía continuar sabiendo que el no pudo hacerlo... no le dieron oportunidad de ello... no pudo---

-Lo sabía -Mi corazón se paró de golpe y las lágrimas fluyeron como si de un grifo se tratara- Sabía que debía hacerlo -Y con el corazón en un puño me di la vuelta mientras me llevaba las manos a la boca-

Corrí con todo mi ser hacia él mientras enredaba mis brazos alrededor de su cuello formando un abrazo que el correspondió sin dudar. Olí su cabello... olía a él, y agradecí... como si no fuera un mañana.

-Yo... -Comenzó a decir Justin con un susurro de voz -No te recuerdo... -A Gabriel se le rompió el corazón, pero lo comprendió, ella lo quiso así- Pero... -Continuó- sé que eres importante -Justin rompió el abrazo para mirarla a los ojos- ¿Quién eres? -Ella solo pudo negar mientras le observaba-
-Lo siento -Susurró- Lo siento tanto... Justin. -Encerró el rostro del chico entre sus dos manos, mientras acariciaba sus mejillas y frotaba el dedo pulgar sobre sus lunares, se fijó en cada pequeño detalle de su rostro, mientras él disfrutaba del anhelado contacto con los ojos cerrados-

Gabriel no sabía que hacer, no tenía ni idea... pero debía de decidir pronto.. Sonrió y aun que seguía sin saber que hacer, estaba con él.

-No nos conocemos... -Habló ella- Nunca nos hemos conocido.. solo... -Intentó pensar bajo la mirada atenta del joven- solo... -Rió- ¿Crees en el amor a primera vista? -Le preguntó entonces con una brillante sonrisa, más brillante que ninguna otra-

Ella se alejó dos pasos de él, se puso ambas manos en la espalda e inclinándose un poco volvió a sonreír.

-Me llamo... -Dudó antes de mirarlo y soltar una pequeña risita- Me llamo Hannah -Le tendió la mano mientras subía el mentón, el joven dudo, pero finalmente sonrió como ella lo había hecho-
-Yo me llamo Justin. -Contestó aceptando su mano y cogiéndola dulcemente- ¿Es el comienzo de una nueva amistad? -Ella lo miró y fingió dudarlo unos segundos-
-Es el comienzo de algo más... -Finalizó-
-¿Durará?
-¿Que si durará? Mmmm... -Ella apartó la vista de él y la clavó en el cielo- Durará lo que tu quieras que dure... -Volvió a clavarla sobre él- ¿Cuánto quieres que dure... Justin? -El le devolvió la mirada y sonrió-
-Mucho tiempo...
-¿Cuánto es mucho tiempo?
-Para siempre
-¿Eso quieres?
-Si...
-Así será... Aun que el mismísimo Dios nos intenté separar, aun que todos estén en contra... un para siempre, es un para siempre.
-Eres rara...
-¿Lo soy? -Suspiró-
-Definitivamente lo eres... pero me gusta que lo seas... es como si te pegara serlo

Ella le miró y agradeció de nuevo, y mientras se daban la mano y miraban el cielo, uno al lado del otro, se preparaban juntos para lo que estaba por venir.

Han desatado la ira del Señor. Ahora están de nuevo juntos, pero nadie más está con ellos.