viernes, 5 de julio de 2013

Capítulo 16 - Aquellos ojos grises, bañados por estrellas azules.


Mis piernas comenzaron a quejarse, y el no saber nada comenzó a asustarme, pero no de una forma leve y natural como antes, era una forma nueva del miedo.

Esta nueva forma te devora tan lentamente que parece que está asfixiándote, como si supiera que puede acabar contigo en segundos, contigo y con las pocas esperanzas que te quedan en situaciones como estas.

Millones de preguntas comenzaron a arrasar mi mente sin dejarme pensar con claridad, el camino se estaba haciendo más largo de lo que recordaba al haberme ido dejando a Hannah sola.

Hannah.

El sueño que había tenido la noche anterior volvió a sobrecogerme sin avisar, sin prevenirme antes. Hannah sin vida, muerta.

Todo pareció empezar a temblar aun que seguramente serían mis piernas, era extraño, pensé para mi mismo, todo era jodidamente entraño. Todo esto no tenía ni pies ni cabeza, empezando desde el día que conocí a aquella chica, cuando la vi creí recordar que no era la primera vez que la veía en aquel tejado, y luego... luego estaba el sentimiento de protección que sentía por ella y no olvidemos los días negros. Días que no recuerdo absolutamente nada, como si me hubieran borrado la memoria.

Aun que tenía la sensación de que no solo era eso. Y que las cosas pronto se iban a poner todavía peor de lo que ya estaban.


Mis piernas estaban en sus límites, Hannah no aparecía, recuerdo que la había dejado sola pero no llegué a alejarme tanto como para no encontrarla... o tal vez... ¡Joder! ¡joder, joder, joder! esta maldita sensación de no saber porqué coño pasan las cosas, y que pasen así por que sí.

Esa maldita y escalofriante voz, que de alguna manera me obligó, sin obligarme, a buscar a Hannah, pero más que una orden, sonaba como una promesa, como si lo tuviera que hacer como agradecimiento, ¿pero de qué? y ese recuerdo... hablaba sobre una tal Gabriel... Gabriel... el Ángel que anunció a María que había sido elegida para ser la madre del salvador, Jesús... María, tengo entendido que significa elegida también... Elegida... espera... Elegida... ¿Podría ser posible? no, ni de coña, esto no puede estar pasando... Hannah no tiene nada que ver con María, absolutamente nada, pero... sí se parecía a Gabriel. El Ángel Gabriel.

-Hannah, maldita seas, ¿Dónde estás? -Grité con desesperación y con toda la fuerza que pude ejercer en mis pulmones, con la voz fuerte y clara para que se pudiera escuchar a la perfección.

Un ruido en seco me detuvo.

Miré hacia todos los lados con el ceño fruncido. No había imaginado aquel ruido.

Dejé de respirar por unos segundos y concentré todos los sentidos en lo que me rodeaba. La vista... todo estaba adquiriendo un color negro carbón, como si se estuvieran pudriendo las cosas... El oído... aparte del ruido no había nada más que fuera real, era como cuando te tapas los oídos y oyes algo que simplemente no oyes, es eso, oyes la "Nada"... el Olfato... olía a viento, olía a Hannah, pero un olor extraño a quemado me advirtió de que no estaba allí, al menos, no estaba en esos momentos... y el Tacto... no sentía nada, solo una horrible presión que me ahogaba... y por último... una respiración.

Me di la vuelta de golpe en busca del dueño de aquella respiración.

No había nada. Literalmente, no había absolutamente nada ni nadie, todo había desaparecido. No veía.

Pegué un grito en sordo... que no pude oír... y si pudiera sentir mis manos había jurado que le grito ni si quiera había salido de mi garganta.

Fuera lo que fuera me había dejado incomunicado de todo el exterior.

Deseé que esa capacidad para no sentir me ayudaran para aguantar lo que estaba apunto de vivir... como supuse, no me ayudo.

El dolor era insoportable, nada comparado a lo que estaba acostumbrado, venía de todas partes, sin piedad ni clemencia. Quería hacerme sufrir... no, quería que huyera y seguramente, que olvidara a Hannah para siempre.

A cada golpe que recibía pensaba en una cosa que me gustaba de Hannah, no la pensaba en realidad, salía sola, incluso cosas que no recordaba haber descubierto de ella, las sabía... su sonrisa... sus ojos... su olor... todo, y en ningún momento se me pasó por la mente la idea de olvidarme de ella. Solo pensar en eso era más doloroso que todos esos golpes que estaba recibiendo, y sin saber como, comencé a reír a carcajada limpia, y escuché mis risas, y sentí que reía y vi mi entorno.

El dolor se acabó, sabía que seguía ahí, intentando que dejara de reír, pero no podía.

Los recuerdo del tiempo que pasé con Hannah me sobrecogió de tal manera que no podía sentir nada más que felicidad, y empecé a recordar el verdadero principio, iba en mi coche y recibí la llamada de Servicios Sociales ahí comenzó todo realmente.

Me levanté con dificultad y al fin pude entornar y ver con claridad mi entorno.

Dejé de reír, porque seguramente estaba perdiendo la cabeza.

Estaba rodeado de gente con alas... de Ángeles, que yo supiera eran seres misericordiosos y bondadosos con túnicas blancas y alas del mismo color. Aquellos seres no parecían esas cosas en absoluto.
Vestían túnicas, esta vez negras y sus alas... sus alas eran de diferentes tonos rojos. Color sangre, y todos ellos parecían obedecer a un solo líder, este se representaba en luz negra que con solo verla te dañaba la vista.

Algo me decía que debía de huir, pero una parte de mi no me dejaba hacerlo.

-¿Dónde está Hannah? -Hablé fuerte y claro.

Todos me miraron como si hubiera dicho una estupidez.

-Repetiré la pregunta. ¿Dónde, está, Hannah? -El nombre de aquella chica que me tenía cautivado lo grité con más fuerza.

Uno de "esos seres" me fulminó con la mirada.

-No existe ninguna Hannah. -Procedió otro de "esos".

-Dejaos de mierdas o--

-O... ¿qué? -Vaciló esta vez esa luz negra, para luego continuar con profundo asco- No eres nada, un simple insecto.

Algo me llamó la atención, su voz... su voz resonaba en mi cabeza, como la voz anterior... ¿eran la misma? ¿era eso una trampa?

-Prefiero ser un insecto a ser... "tú" seas lo que seas -Imité su tono de voz-

El silencio inundó el espacio, las caras de esos seres estaban mezcladas entre asombro y asco, y me entrañó que hubiera algunas que parecían suplicarme algo en silencio... pero... ¿el qué?

-Acabad con esto -Y antes de poder analizar todas las palabras, esos seres se arrojaron sobre mi con la única idea de matarme, estaba perdido.

Demuéstralo 

Oí en mi mente una voz ya conocida. La misma que me indicó que fuera a por Hannah, los primeros golpes llegaron a alcanzarme, mientras yo intentaba desvelar que quería decir con aquella palabra.

Revélate 

Suspiré y gruñí por lo bajo al oír el tono de voz de... lo que sea y el dolor punzante que me traspasó ¿No me había revelado ya?

Hannah

Y fue lo último que necesité oír para que mi cuerpo reaccionará por si solo.

Empecé a esquivar los golpes. Muchas veces me había enfrentado a otras personas en peleas, no era nada nuevo pero aquello era diferente, ¿cómo se ataca a esas cosas para hacerles daño? ¿con las manos...?
Eran aproximadamente dos chicas y tres chicos, todos bastantes más altos que yo, pero supongo que... simplemente hice lo que en un tiempo me dedicaba a hacer en mis tiempos libres, aun que no recordaba que se me diera tan bien pelear.

Los golpes empezaron a dejar de dañarme como las primeras veces, mi cuerpo se sentía ligero y mi habilidad en si había aumentado. Como si aquel fuera mi destino, pero no era suficiente, solo era un humano, ellos eran... Ángeles, o al menos, alguna vez lo fueron.

Mi cuerpo estaba cansado pero no podía detenerme, y cuando vi que ellos se retiraron solo me puse más nervioso que antes... ¿qué pretendían hacer? entonces lo supe... pude verlo en sus ojos... me iban a golpear donde más me dolía. Hannah.


Vi como la luz negra se difuminó dejándola visible a mis ojos, y el sueño me golpeó.

La sangre chorreaba de todo su cuerpo y sus ojos no tenían vida. Hannah estaba muerta, y yo sentí que me moría con ella.

Pegué un grito ensordecedor y el dolor volvió. Por todas partes, sin parar, pero ahora me daba igual... y justo cuando iba a abandonar, una nube blanca me cubrió.

Era un día nublado, todo estaba oscuro, yo estaba sentado en la arena y a mi lado había una figura de alas blancas, intente hablar pero no podía, estaba encerrado en el cuerpo de otra persona y lo único que podía hacer era esperar a ver que pasaba. 

-Gabriel -Salió de aquel cuerpo que me tenía encerrado- ¿Tienes miedo?

La figura se encogió de hombros mientras se abrazaba las piernas mientras observaba algo, aquel cuerpo "mío" me permitió ver que observaba la tal "Gabriel" y la escena me sobrecogió por completo. 
Todo estaba negro y el fuego lo quemaba todo a su paso. Los gritos se oían por todos lados y a pesar de estar a mucha distancia, se podía sentir el dolor de todas aquellas personas. 

Gabriel soltó un sollozo y habló con voz temblorosa. 

-En mi culpa... -Comenzó- Es mi culpa... todo esto... -Y se rompió. 

Quise abrazarla pero aquel cuerpo se quedó paralizado mientras respiraba hondo. 

-Gabriel, mírame -Habló con voz segura intentando transmitir una seguridad que en el fondo no tenía. 
La figura dudó unos minutos, pero poco a poco y con el corazón en un puño lo hizo, no pude observar bien su cara pero supe que estaba temblando y rompería en un llanto más fuerte si me miraba. 

-Yo te protegeré -Habló aquel cuerpo- Siempre, Gabriel. 

Y por segunda vez aquel día sentí que podía morir al verme reflejado en aquellos ojos grises bañados por estrellas azules y perderme en ellos. 

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