jueves, 14 de febrero de 2013

Capítulo 2 - Gracias, Hannah


Me desperté sudando y un grito sordo salió de mi garganta mientras me levantaba rápidamente y me sentaba sobre el incómodo sofá, intentando por todos los medios, situarme y descubrir donde me encontraba. En el salón finalmente pensé. mi mirada se posó en una figura pequeña y encorvada sentada en el suelo, sobre sus piernas cuya mirada gris me fulminaba, sin preocupación, tan solo curiosidad.
Ladeó un poco la cabeza a la derecha y frunció el ceño. Estaba intentando leer mis pensamientos y de alguna manera no pude apartar la vista.

-Buenos días -Susurró, y me sonrió de una forma cálida, tan cálida que me hizo sentir como si estuviera en casa, pero no en mi viejo apartamento, sino en casa de verdad. En sus ojos solo había algo parecido a la gratitud, y cuando se levantó y acarició mi cara, fue cuando me di cuenta que mi rostro estaba inundado en lágrimas-
-B-buenos días -Fui capaz de decir finalmente mientras intentaba serenarme a mi mismo-

Se apartó un poco para dejarme espacio y me levanté. Miré el reloj y solo eran las siete de la mañana, ¿Tan pronto se levantaba ella normalmente?

-Chica madrugadora -Sonreí mientras me estiraba y bostezaba-
-En verdad -Contestó con indiferencia- No dormí -Mi cara se descolocó por la extraña respuesta ¿qué quería decir?-
-No te haré nada... -Dudé y elegí bien mis palabras- Indebido, puedes estar tranquila.
-Lo sé... -Miró a algún sitio de la nada- ¿Es normal no saber desde cuando vives? -Su pregunta me sorprendió incluso más que la respuesta que me dio antes. ¿Era una broma? Si lo era, no tenía mucha gracia... bueno, si, un poco si la tiene 'pensé reprimiendo una carcajada'-
-Depende -Fui a la cocina a hacer el desayuno, no sabía que le gustaba a ella... ¿ella? ah... Hannah... Hannah me siguió y se sentó en un taburete mientras se apoyaba en sus brazos, ahora cruzados sobre la mesa-
-¿Depende de qué?
-Si has tenido un accidente, si, es normal, y si no lo has tenido... puedes tener alguna enfermedad, realmente no es algo extraño... o al menos no demasiado -Confesé al pensar bien las cosas, de cierta forma era algo extraño, si-
-Umm -Ocultó su rostro más entre sus brazos y el silencio se adueñó de la cocina-

No era incómodo estar con ella en silencio, era como estar solo pero en paz, una paz que no había experimentado muchas veces, pero que las pocas veces que lo hacía, lo aprovechaba al máximo.

Desayunamos y empezó a contarme algunas cosas que consideraba información de "suma importancia" Tenía quince años, (más o menos, no lo recuerda con claridad) y era una persona algo tímida... pero que odiaba que la trataran como si fuera subnormal, aun que que yo recuerde eso ya lo aclaró el día anterior... y a pesar de que me contó algunas cosas (las mínimas) algo era algo, y para ser tan solo el segundo día, oye, estaba bien.

Recogimos la mesa y ella empezó a subir las escaleras, fuera donde fuera, podía hacer lo que quisiera, ya le había dejado claro que mi casa en este tiempo era como si fuera suya.

-Te llamas Hannah ¿Correcto? -Pregunté antes de que subiera. Ella se giró hacia mi y me contempló durante un tiempo-
-Hannah... en japonés, significa Flor... -Fue lo único que contestó antes de darse la vuelta y salir corriendo. ¿Qué había querido decir con eso? ¿Era siempre esta chica tan rara? Pero poseía algo... que me hacía preguntarme cosas acerca de ella... qué le había pasado, cómo era su familia, cómo era su vida en general... pero solo podía esperar a que todas esas preguntas las respondiera ella a su debido tiempo-

Pasó alrededor de cuatro horas, y Hannah todavía no había bajado ¿qué demonios estaba haciendo? decidí subir y descubrirlo yo mismo, al entrar en mi habitación la vi, estaba sentada en una silla al lado de la ventana, mirando a través de ella, las nubes blancas y el cielo azul, por el reflejo de la luz del sol su rostro no se veía, solo se veía una mancha negra dibujando su contorno. ¿Había estado observando el cielo durante todas estas cuatro horas?

-¿Qué ves en el cielo? -Pregunté pasando por su lado y quedando frente a ella mientras giraba de vez en cuando la cabeza intentando descubrir que miraba ella tan deseosa-
-El cielo... -Susurró con un hilo de voz-
-Ajam... ¿Qué tiene de interesante? quiero decir; siempre es igual -Admití confuso y avergonzado por desconocer tanto de ella-
-Nada es siempre igual... ni si quiera tú -Y como siempre, su respuesta me había sorprendido, pero ante todo me había sorprendido el pensamiento que se me había cruzado por la cabeza en una fracción de segundos. Con la luz bañándole el rostro y su cabello cayendo desordenado sobre sus hombros parecía una especia de... ¿ángel? pero de la misma manera en que había venido la idea, se había ido-

Observé mi habitación, sus cosas seguían en el mismo lugar en donde yo lo deje ayer, y su ropa parecía estar sucia, rectifico, no lo parecía lo estaba, y de sangre.

-Vayamos de compras -Advertí mientras le cogía con suavidad de la muñeca y la obligaba a levantarse para bajar por las escaleras hasta el salón. Allí cogí mis llaves del coche y de mi apartamento, pude ver su mirada llena de curiosidad- A comprar ropa... -Expliqué-
-¿Necesitas ropa? -Reí sin darme cuenta; ¿Cuan tonta podía ser esta chica?
-Es para ti, vamos, chica inteligente -Fingió sentirse ofendida y ser indiferente, pero se notaba a kilómetros su entusiasmo-

En la tienda, no había casi nadie, salvo mujeres casadas y con sus hijos en brazos. Claro, todos estaban en la escuela o la universidad, bueno, no todos. Yo no.
Mi plan era ir paseando y entrar en las tiendas que a Hannah le llamaran la atención, pero tan solo entró en tiendas de libros sobre el cielo y cosas así ¿astrología? ¿astronomía? ¿cómo era?
Tuve que entrar yo en las tiendas de ropa para chicas, incluso obligándole a ella, y dentro de las tiendas, no miró ni una sola prenda, solo se quedaba parada, mientras yo decidía que hacer ¿compraba yo algo? ¿y si no le gustaba? al ver que la indecisión no se calmaba lo mandé a la mierda y cogí los primeros tres vestidos que encontré y la metí en un probador entregándole la ropa.
Ella entró dudosa y con dificultad, como si fuera una niña pequeña, y yo me senté en los asientos de "espera" solo, éramos los únicos allí, al menos en esa tienda.
Cuando salió mis pupilas se dilataron, el primer vestido era blanco y le caía levemente por encima de las rodillas, no tenía mangas y estaba apretado por detrás del cuello, y ese tipo de broche permitía que su espalda se pudiera contemplar, su cabello, ahora más despeinado que al principio caía sobre sus hombros y sus ojos me miraban, y por ellos me advertí a mi mismo de que seguramente era la chica me insegura del planeta Tierra.
Yo levanté mis dos dedos pulgares haciendo una señal de "está bien" y le sonreí, ella me devolvió la sonrisa y asintió metiéndose de nuevo en el probador.
Al salir, el segundo vestido me dejó sin aliento y sin ni si quiera contemplar lo demás, le ordené que se cambiara, ella notó mi reacción y volvió al probador, ¿A eso le llamaban vestido? Parecía un cinturón, y lo peor de todo es que le sentaba jodidamente bien.
Y el tercero, me atacó donde más dolía a mi "corazóninesistente" Era de un color azul claro, le llegaba por las rodillas, quizás unos centímetros más arriba, llevaba unas mangas muy pequeñas de farol, (un farol apenas notorio) y en la parte de arriba había botones de color blanco, realmente parecía de la edad media, una de sus princesas o duquesas, pero en ella definitivamente se veía genial. Volví a hacer un gesto con mis dos dedos pulgares y ella se miró en el espejo ladeando su cabeza hacia la derecha, yo le sonreí y asentí con fuerza, cuando ella dio una vuelta sobre si misma. Todo a su alrededor se paró mientras su cabello y el vestido, ahora suyo, volaban con la fuerza producida por su vuelta. Me quedé sin aliento y aparté la mirada rápidamente.

Ella me sonrió con fuerza cuando salimos de la tienda, me costó horrores calmarme y serenarme al verla con aquel vestido... también compramos zapatos, unos vaqueros cortos y una blusa verde, todo ella elegido por mi 'sonreí con orgullo'

-Muchas... Gracias
-Muchas... de nada -Me sonrió y no pude evitar por seguir su sonrisa-
-No te creas que voy a estar todo el día detrás tuya agradeciéndotelo -Se cruzó los brazos sobre su pecho y frunció el ceño, yo reí-
-Gracias a dios, de la que me has librado -Ella sonrió mientras me daba un codazo en las costillas. Hice una mueca de dolor y me sacó la lengua en un gesto infantil-
-Infantil
-Viejo -Solté una carcajada insonora-
-Solo son tres años de diferencia
-Como si fuera poco. Viejo.
-Enana. -Me miró y me fulminó con la mirada-
-Soy casi tan alta como tú
-Sigue soñando, ni con tacones de veinte centímetros llegarás a ser si quiera igual de alta que yo... -Le sonreí de forma engreída- ¿Cómo puedes ser tan bajita?
-Es tú culpa, por ser tan alto -Puso un enfasis especial en "tú" y yo fingí meditarlo unos segundos-
-Pues, todos me consideran bastante normal de altura, incluso bajito entre los chicos -Ella se rió-
-¿Eres el bajito? o dios, eso es muy patético -¿Me acababa de llamar patético? Solté una carcajada a la vez que ella luchaba por ocultar una, hasta que no pude y se dejó contagiar por la mía-
-Hasta ahora, ninguna chica me dijo eso -Le guiñe un ojo seductoramente-
-Hasta ahora, no me conocías -Me devolvió el guiño y sonreí, esta chica me va a matar-

En el camino en coche, ella fue mirándolo todo con atención, parecía que quería quedarse hasta con el más pequeño detalle, y de vez en cuando me miraba a mi, mi rostro, como si estuviera intentando memorizarlo, y era en esos momentos donde sabía con certeza que algo estaba pasando, y no era bueno, y si no es bueno, es malo, y si es malo, quiero saber que es.

Entramos en casa, ella contenta y feliz mientras giraba sobre si misma sin parar y reía, como si de una niña se tratara, y al verla, no pude contener la risa, y empecé a sonreír como un tonto y rezando porque no se me cayera la baba, como cuando un tío miraba a Megan Fox.
Entre vuelta y vuelta ella se cayó al suelo, yo fui a su lado asustado dejando todas las bolsas en el sofá, y antes de que pudiera preguntarle si estaba viendo sonrió mientras se apartaba el pelo de la cara, esa imagen dulce, por primera me conmovió y recordé algo que no deseaba recordar.

Su flequillo castaño cubría sus ojos marrones, con un reflejo de pánico mientras se miraba la ropa e intentaba despertar del que ella creyó, que había sido un sueño. La sangre no cesaba, y ella en ningún momento soltó a ese bastardo, solo rogaba con la mirada, rogaba mi ayuda, y yo y mi ego no se la dimos, cogí esa bolsa que tanto había estado buscando y tras oír la orden de Víctor, nos fuimos.

Ella notó el miedo en mi mirada y en un intento por tranquilizarme me sonrió, pero sin una gota de compasión, la cosa que más odiaba en el mundo, y supe que a ella le pasaba lo mismo. Ambos odiábamos la compasión.
Se levantó del suelo y cogió las bolsas que yo había dejado anteriormente en el sofá, y se dirigió a las escaleras pero antes hizo algo que me sorprendió.
Se giró completamente hacia mi, vino corriendo, se puso se puntillas y me dio un leve beso en la mejilla, duró una fracción de segundos, pero en esa fracción cerré los ojos disfrutando del contacto de sus labios contra mi piel, y podía jurar que no había tenido ni un solo pensamiento lujurioso, solo pensamientos cursis y mierdas sobre abrazarla y no dejarla ir nunca más.
Sonreí al verla correr y salir disparada por las escaleras totalmente roja, negué con la cabeza y miré la hora en el reloj, ya eran las siete, quien lo diría... Habíamos comido en el McDonald, ella solo me miraba, no había comido ni un solo trozo de su hamburguesa, y me miraba como si estuviera haciendo algo extraño. Vale, que coma un poco rápido puede sorprender a algunas personas, pero por el amor de dios, es una tontería...

Me giré sobre mis talones, y me pregunté que estaría haciendo Miley, cogí mi móvil y observé que tenía tres llamadas perdidas de ella, y como 58 mensajes, pero en ninguno se mostraba preocupada, es lo que me he ganado dije en voz alta para mi mismo mientras marcaba su número, no lo cogió inmediatamente, y esperó a que sonara tres veces.

-¿Justin? -Su voz sonaba rara. Esa sucia rata me la ha jugado-
-Buen sexo, supongo -Noté como se cortaba su respiración-
-Tu te lo hiciste con Vanessa -Reprendió, oh, esto iba a ser divertido-
-Y no solo con ella -Comencé a pensar con todas las chicas que me había acostado y sonreí- Están Jessica Parker, Jessica Vanner, Jessica Williams, Marie Robbinson, Marie Morris, Marie Espenser, Paula Feins, Paula de Rox, Cristina di Caprio...
-Basta... -Cortó ella con un hilo de voz- ¿Las tienes apuntadas...? -Sonreí. Se lo había ganado-
-En verdad, estaba leyendo los mensajes que me mandan todos los días, ¿te leo alguno? seguro que acabas corriéndote -Aguanté una carcajada al imaginar su cara roja de ira, pero me sorprendió oír el tono dolido de su voz-
-Estoy con Ryan, Adiós Justin -Fue un golpe bajo, mi mejor amigo... Imbécil grité intentando controlar mi impulso de ir a reventarle la cara, aun que en cierta parte ya me lo esperaba, y sabía que no era solo un Adiós temporal, era un Adiós definitivo... todo lo bueno se acaba Justin, todo. Incluso la tía más buena de la escuela. 'Sonreí mientras daba un golpe en la mesa del salón'

Entonces me percaté de que Hannah estaba en las escaleras, una de sus manos estaba apoyada en la pared y su mirada me fulminaba con tristeza... y yo de la misma manera le sonreí. Estaba seguro de que había escuchado toda la conversación... debería al menos estar molesta por ser tan poco respetuoso con ella en mi casa, pero sin embargo, asintió, fue a la cocina, cogió un vaso y echo leche en el calentándola 30 segundos, y con dificultad y cuidado se acercó entregándome el vaso. Sonreí ante el detalle y acepté el vaso, después se dio la vuelta y volvió a subir las escaleras otra vez.

Ahora Miley no me importaba en absoluto. Todo lo bueno se acaba para dar paso a algo mejor, y no tiene que ser un sexo mejor, solo... una sonrisa mejor.

Preparé una pizza, ya que estaba seguro de que ella no podría con una entera ella sola, la llamé y cuando bajé me lamenté al recordar que no le había comprado un pijama, le hice una señal para que se sentara y me obedeció.
Corrí y subí las escaleras de dos en dos, y cogí una camiseta de mi armario, bajé y se la tendí. Ella me miró extrañada mientras inclinaba un poco la cabeza hacia la derecha, yo insistí y finalmente aceptó la camiseta. Fue al baño y se la puso, en ella mi camiseta parecía un camisón y sonreí haciendo un gesto con mi dedo pulgar, ella sonrió en respuesta.

Nos sentamos y cenamos en silencio, me urgía la curiosidad de saber más cosas sobre ella, pero si ella no quería contármelo no la iba a obligar.
Después de cenar cada uno se fue a dormir, y cuando pensé que estaba solo y apunto de dormirme, noté que algo cálido, suave y dulce me rozaba la mejilla, asegurándome una noche de llena de sueños que me harán sonreír como un idiota y seguramente ella sería la protagonista de ellos.
Oí sus pisadas en el suelo, seguramente frío, y cuando por fin se había ido de verdad sonreí para mi mismo y en el silencio de aquella habitación susurré "Gracias, Hannah"

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