sábado, 16 de febrero de 2013
Capítulo 5 - No puedo perderte, Hannah.
-¿Dónde está Justin? -Oí una vaga voz. Sonaba enfadada y jodidamente conocida, creí al principio que solo seguía soñando, y e encaminé a perderme de nuevo en la brillante sonrisa de Hannah.
-¡J-Justin estás durmiendo! -Gritó una dulce voz- ¡No le puedes ver! -Sonaba estresada y preocupada, abrí los ojos cuando sentí un líquido helado cubriendo todo el cuerpo. Salté del sofá intentando situarme-
Vi una mata de pelo negro cayendo ligeramente por sus ojos. Un top que dejaba ver el piercing en su ombligo y unos cortos y ajustados pantalones vaqueros. Mierda. Miley.
-¿Miley qué haces aquí? -Ella fulminó a Hannah con la mirada, que estaba en la puerta, encogida y mirándonos con cautela. Llevaba el vestido blanco que le había comprado, y seguramente al ver la apariencia de Miley, se sentiría inferior. Joder-
-Venir a verte -Volvió a fulminar a Hannah con la mirada haciendo que retrocediera, como una niña pequeña un paso- Pero veo que estás ocupado -Apartó los ojos de ella y los puso sobre mi- ¿De niñero, Justin? -Hannah, aun que resulte imposible de ver o creer, se encogió más de hombros, pero más que miedo, era enfado. El suyo no se asemejaba al mío. Quería partirle la cara-
-Te cansaste de Ryan, supongo. -Enarqué una ceja pidiendo respuestas-
-Na' me estaba vengando, realmente te prefiero a ti -Seguramente, en cualquier momento de mi vida me hubiera sentido orgulloso y "feliz" de que dijera algo así. Pero ahora solo me dio asco, un asco tan grande e inmenso que me entraron ganas de potar, y lo hubiera hecho si no fuera por que tenía el estómago vacío-
-Y lo dices como si estuvieras orgullosa -Un hilo de voz interrumpió, Hannah había fruncido el ceño, enfadada, parecía que se iba a tirar encima de Miley en cualquier momento, y, ahora si. Sonreí con orgullo-
-¿Perdona? -Se giró y se acercó a ella con paso decidido mientras el piercing de su ombligo se movía de un lado a otro, acorde a sus pasos- ¿Decías algo, pequeña? -Sonrió con superioridad. y Hannah frunció más el ceño. Definitivamente, esto iba a ser interesante-
-Si, conozco una crema ideal para arrugas, tal vez te venga bien usarla -¡Zas! en toda la cara, aguanté una carcajada, Miley para nada tenía arrugas, pero su obsesión por la belleza y la perfección la cegaba demasiado y eso, por su cara roja de ira, le había dolido-
-Primero crece, luego ya hablaremos -Intentó mantener la calma, y contestar con coherencia, algo de lo que ella no disponía-
-Si crezco yo... -Respondió Hannah- Crecerás tú, y señora... no creo que quiera crecer... más -No pude aguantarlo, Solté una carcajada y ambas chicas me miraron. Miley me mataba con su mirada recelosa, pero Hannah me miraba con orgullo mientras me guiñaba su ojo derecho, Esta chica no solo me mataría a mi, sino también a Miley-
-Que infantiles sois... hacéis buena pareja... ¿sabéis? -Hannah frunció el ceño, intentando descubrir en que pensaba o a qué se refería con ese comentario, yo sonreí avergonzado-
-Gracias, tendremos tu... opinión en cuenta -Contestó con la voz llena de sarcasmo. Oh, dios, déjame grabar la cara de Miley, por favor te lo ruego-
-Gilipollas -Indiferente y sin pizca de humor, me cortó a mi, con ese insulto que supuestamente debería hacerme daño a mi-
-Zorra -Le contesté con una sonrisa de victoria en mi rostro, aun que esa "victoria" la había conseguido Hannah, ella solita-
-Lo lamentarás, ya creo que lo lamentarás -Se fue dando un gran portazo en la puerta-
Hannah me miró y ladeo la cabeza, yo me encogí de hombros e hice el desayuno mientras ella fotografiaba el cielo y lo contemplaba con su habitual admiración. Demonios, nunca la entenderé pensé frunciendo el ceño y negando con la cabeza, al principio no era más que un trabajo... con el paso de las horas, y sin darnos cuenta ninguno de los dos, esto se estaba convirtiendo en otra cosa que podría no ser buena. Para mi.
Acabé de hacer tortitas, Hannah las miró sorprendida y empezó a comer con ansia, no dijo ni una palabra, y seguía con la cámara azul en las manos, no la soltaba ni si quiera para dormir, seguro. Recogimos los platos y Hannah volvió a correr a mi habitación, ¿No podía ver el cielo desde el salón? ¿Por qué mierdas me dejaba solo? y aun que no me gustara la idea, odiaba tener que pasar tiempo alejada de ella, pero también me asustaba la idea de acercarme mucho, cogerle cariño (más del que ya le cogí) y pasarlo mal a la hora de dejarla ir, porque claro... algún día, me guste o no deberé hacerlo.
Pasaron las horas, Hannah seguía encerrada y yo lo único que hacía era suspirar mientras intentaba imaginarme el punto de vista que tiene ella del cielo.
Oí pasos de unos pies descalzos, me di la vuelta y la vi mientras mis ojos se agrandaban casi tanto como mis pupilas. ¿Era Hannah?
Llevaba el pelo desordenado y le caía en cascada por el hombro derecho dejando el izquierdo al descubierto, llevaba los vaqueros que le compré y la blusa, pero todo le quedaba más... apretado de lo que recordaba, los pantalones marcaban fuertemente su trasero y la blusa se ceñía a las curvas que hasta ahora, yo no había notado. Sonreí al entender que había estado haciendo. Por primera vez desde que estaba conmigo no miraba el cielo, se estaba arreglando la ropa, para parecerse a esa zorra. Negué con la cabeza, me levanté y me puse frente a ella, mientras ladeaba la cabeza esperando mi voz. aun que después de verla, tendría que lidiar con algunos problemillas... me sonrojé al verla de esa manera. 'Justin, serénate' me regañé a mi mismo.
-¿Hannah, por qué te pusiste así? -Me incliné un poco quedando a su altura, ella bajó el rostro y empezó a jugar con sus dedos-
-¿Y bien... Hannah? -Insistí-
-Yo... creí que te gustaría -Levantó su rostro y me miró a los ojos. ¿Qué me gustaría? Oh dios... esta chica es simplemente única-
-Hannah ¿Por qué pensaste eso?
-Por que... cuando viste a Miley casi babeas el suelo -Reí ante la forma en la que me describió... quizás tenía razón, Miley ese día estaba jodidamente caliente y de no haber sido por Hannah, seguramente habríamos acabado desnudos en mi cama-
-No soy de piedra...
-Pero... quizás... tu querías verme así -Volvió a bajar su rostro avergonzada, yo intenté adivinar la razón de su desconcertante inseguridad, quizás si me gustaba verla así, verla como una chica de dieciocho, pero aquella chica que tenía delante de mi, con maquillaje y joyas, no era la Hannah a la que le había cogido cariño, no, simplemente ella no era Hannah-
-Hannah, yo quiero ver a Hannah -Ella me miró confusa, intentando descifrar mis palabras-
-Hannah, es siempre Hannah, lleve lo que lleve... -Una lágrima cayó por su rostro- Tenga alas o no... -Ya antes de que pudiera asimilar sus palabras, se dio la vuelta y salió corriendo, haciendo que las puntas de su cabello rozaran ligeramente contra mi rostro. Cerré los ojos antes el tacto de su rubio cabello, y deseé volver a sentirlo nada más ver que se había alejado. Negué con la cabeza y me dejé caer en el sofá. Era extraña, muy extraña pero solo por eso conseguía volverme loco y aun que al principio pensé que me volvía loco de una forma desagradable, cada minuto que pasaba más con ella me hacía darme cuenta que me volvía loco de la forma más agradable que nunca nadie me había hecho sentir-
Ella no salió más, ni para comer ni para cenar. La casa parecía mucho más vacía que antes, yo no la podía sacar de mi mente ni de mis pensamientos, cada cosa que hacía la veía a ella, cada palabra que recordaba pensaba en ella y en sus respuestas, cada minutos con ella se me hacía ligero y hacía mi vida un poco más pasable pero ahora que no estaba conmigo, no podía soportarlo. Cerré fuertemente mis ojos deseando que aquello solo fuera un sueño y los abría lo más rápido que pude mientras temblaba de miedo, de miedo por pensar si quiera una milésima de segundo que Hannah no era real y era fruto de mi imaginación.
La desesperación me envolvió, corrí por las escaleras, hacía bastante que no las subía, y abrí la puerta de mi habitación, Hannah estaba tirada en el suelo, mirando el techo, cuando entré aparto la vista de el y la clavó en mi. Se había quitado esa ropa y se había vuelto a poner el vestido blanco. Mis manos seguían temblando, me puse de rodillas a su lado, y la acerqué a mi abrazándola con todas mis fuerzas. Había caído profundo y necesitaba hacer algo para volver a la superficie.
Ella rodeó sus brazos a mi cuello y me devolvió el abrazó, la coloqué sobre mi regazo, y rodeé su cadera con mis brazos tan fuertemente que dolía y estaba seguro de que a ella también, pero en ningún momento se quejó, respiraba lentamente en la curva de mi cuello haciendo que mi corazón se parara y mis ojos se cerraran para disfrutar del contacto, su cabello rozaba mi nariz, tenía un olor a aire, a sus brisas tranquilas y a sus brisas movidas, y no pude evitar imaginarla con dos hermosas alas saliendo de su espalda, de un blanco impoluto y de una suavidad envidiable por la seda o el terciopelo.
Y antes de que pudiéramos hacer nada por evitarlo, nos dormimos en el suelo, abrazados, y disfrutando la compañía de ambos.
Ya no podía dejar a Hannah, no la podía perder, si la perdía, también me perdería a mi mismo, y cada vez era más consciente de ello.
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