viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo 6 - Mi frase favorita, Justin


Capítulo especial, Narra Hannah.

Intenté moverme y cambiar de postura pero algo me lo impedía, pensé unos momentos las opciones que tenía y por la fuerza y el peso que sentía sobre mi, estaba prácticamente convencida de que era un pulpo morado que había venido para raptarme y llevarme con el, haciendo que a su vez... No pudiera contemplar nunca más el cielo, azul y brillante que tanto amaba.
Por esa pequeña idea, y absurda de cierta forma, abrí los ojos sorprendiéndome al encontrar un rostro junto a mi durmiendo, cuya respiración estaba acompasada a la mía. Me miré y luego miré a mi alrededor, estaba en el cuarto de Justin... y si no me equivoco, es él el que me abraza, oh dios, Hannah ¿Dónde está mi cuaderno? ¿Hiciste algo que no debiste haber hecho? Justin se movió y me sobresalté, los dos llevábamos toda la ropa a pesar de estar durmiendo pegados el uno al otro. Suspiré pero mis pupilas se dilataron al darme cuenta de que no era un suspiro de alivio. Era de decepción.

Intenté soltarme de él, pero no pude "Maldita debilidad, tengo que empezar a hacer pesas" suspiré dándome por vencida y aun que no quería tener que hacerlo, empecé a pensar en toda mi vida, cerré los ojos intentando apartarlos pero fue inútil, hacía mucho tiempo que no comía... que no dormía... Hannah ¿Qué te estás dejando hacer? cualquiera diría que... la gatita ha sida... domesticada... Hice una mueca de desagrado y le di la espalda a Justin, el apretó su agarre alrededor de mi cintura y me pegó a su torso, debería haber tenido miedo pero solo quería darme la vuelta para estar frente a frente y poder devolverle el abrazo, sacudí la cabeza quitando esa idea y cerré los ojos y me concentré en el sonido de los latidos de su corazón, se sentía de alguna forma agradable, como si estuviera en casa, una casa que perdí... una casa que me arrebataron hace mucho tiempo.

"No vuelvas jamás, no eres digna de nada, no eres digna de vivir, la próxima vez que te vea por aquí... lo pasarás mal, pequeña H-a-n-n-a-h" 

y solo me percaté de que mi cuerpo estaba temblando cuando sentí que Justin se había levantado y me miraba preocupado, como si intentara descubrir que pasaba por mi cabeza, pero tenía años de experiencia en conseguir ocultar todo lo que pasaba por ella, y poder dejarla solo para mi, todos esos secretos que no podía contarle a nadie si quería seguir aquí.

-¿Hannah? -Susurró por fin dándose por vencido de leer mis pensamientos, yo le miré y ladeé la cabeza, aun que a veces me parecía un hipócrita, solo ser una buena persona-
-Enhorabuena, ese es mi nombre, te daré un Grammy -Le aplaudí un poco las palmas en broma y rodé los ojos al ver su mueca de indignación-fingida-

Se levantó y se estiró como si fuera un animal, sonreí y me levanté mientras le imitaba, se percató de que lo hacía y enarcó una ceja, yo le guiñé un ojo divertida y sin darme cuenta empecé a correr mientras el me seguía muy de cerca con la intención de cogerme y torturarme con algo como las cosquillas.

Bajamos las escaleras como si la vida dependiera de ella y empezamos a dar vueltas por todo el salón entre carcajadas y amenazas-bromas volaban por el ambiente, y aun que sabía que me iba a pillar tarde o temprano preferí seguir con el juego un poco más, solo un poquito, Padre.

-¡Justin! -Grité al sentir que me agarraba de las caderas juntando mi espalda con su torso y me daba vueltas por el aire, yo estaba borracha de felicidad, y su risa me podía confirmar que el también lo estaba-

Paró de dar vueltas y me dio un golpecito amistoso en la cabeza, yo gemí fingiendo dolor y le saqué la lengua mientras boqueaba, tanto correr abría mi apetito, y eso en mi caso siempre era algo bueno, al menos lo era para los demás, aun que ellos no me entendían, nadie lo hacía.

-Enhorabuena, tú también sabes mi nombre... ¿Te debería dar yo también un grammy? -Reí al oírle repetir las palabras que yo había dicho anteriormente y lo observé mientras se dirigía a la cocina a hacer no sé que-

-Nunca te olvidas de hacer el desayuno -Me senté en el taburete de le encimera mientras lo observaba hacer una tortilla francesa, soltó una carcajada-
-¿Quién sería tan idiota de hacerlo? -Me sonrojé y agaché la cabeza sintiéndome inusualmente insultada-
-¿En serio? -Preguntó sorprendido, yo aparté la mirada y la fijé en algún punto que tampoco yo sabía muy bien donde se encontraba, el guardó silencio y siguió con el desayuno-

De alguna forma, no podía dejar de mirarle, me resultaba extraño que me sintiera cómoda con él como si le conociera de toda la vida, como si siempre hubiéramos sido amigos, o... algo más que amigos 'reí ante aquella idea' -Hannah, Hannah, ¿Cuándo aprenderás? Me estremecí al repetir mentalmente las mismas palabras de Padre, y cerré los ojos para intentar ahuyentar el pensamiento, Justin sirvió el desayuno y nos quedamos demasiado adentrados en nuestros pensamientos para decir cualquier cosa.

Aquel día no tenía hambre, dejé el plato lleno y me fui corriendo por las escaleras mientras oía un suspiro amargo de Justin y aun que tuve la tentación de quedarme a su lado, seguí mi camino hacia su habitación, o mejor dicho, al desván con aquel increíbles ventanal que seguramente el desconocía.

Allí el cielo era de un color azul brillante, cálido, los rayos del sol me bañaban la piel y el blanco de las nubes me hacía sentir más pura más yo, miré mi ropa, todavía llevaba el vestido blanco, aun que en este momento estaba muy arrugado de dormir con el durante toda la noche, y recordé la conversación, (corta) que había tenido esta mañana con Justin. Sabía con certeza que era rara, por eso desde siempre he intentado mantenerme alejada, si, me olvido de comer, un día alguien lo menciona y lo recuerdo así, como si fuera la cosa más normal del mundo, mis recuerdos también aparecen y desaparecen como si nada, muchos días había despertado sin saber quien era y había tardado varias horas en situarme, por eso simplemente un día, dejé de dormir para asegurarme de que lo recordaba absolutamente todo, dejé de dormir para asegurarme que ese vacío en mi corazón no volvía, y no a vuelto a pesar de que esta noche he dormido, entre los brazos de Justin, pero he dormido.

Cerré los ojos para comprobar que ya había memorizado el cielo, me apasionaba su intenso azul, su intenso color anaranjado y rosa cuando el sol se iba o salía, los secretos del cielo en si me apasionaban, y yo tenía una cámara para poder fotografiarlo a mi gusto, desde todos los ángulos y perspectivas posibles.

El cielo y su azul me absorbieron, me levanté para ir a por algo de ropa y poder ducharme, el agua caía sobre mi pelo y mi cuerpo, como una suave caricia que conseguía hacerme creer que todavía era una niña buena y pura, tan pura como el cielo, mi adorado cielo, que a pesar de que antes estuvimos tan unidos, ahora estamos a una distancia muy lejana, como si hubiera un muro que nos separase, y es que a pesar de poder verlo con claridad, el cielo estaba a infinidad de kilómetros de mi.

Las horas pasaron fugaces, mi vestido azul me seguía gustando tanto como el primer día, y sonreí ante el recuerdo de Justin mirando vestidos e intentando ver uno que me gustara y me quedara bien, al parecer, lo consiguió, al menos la segunda opción si.

Me levanté y bajé para encontrar a Justin sentado en el sofá con los brazos extendidos en el respaldo y la mirada fija en algún punto que, seguramente, al igual que yo, ni si quiera el sabía.

Me senté a su lado en silencio, en la tele echaban una película de los años cincuenta, y a pesar de todo, era agradable la voz de los personajes, cerré los ojos y me concentré en ellas, en escucharlas.

-Qué, buen día de "Cielo" espero -La voz de Justin sonaba sorprendentemente hostil, intenté adivinar la razón pero si se lo proponía el también podía ocultar muy bien sus sentimientos-
-Si, genial -No le miré, ladeé la cabeza y me fijé en que sus manos formaban puños, haciendo que sus dedos se volvieran de un color blanco, casi tan impoluto como las nieves, o peor aún, como las nubes que habitan mi preciado cielo-
-Eso es bueno -Se levantó frío y fue a la cocina ¿Es que no se cansaba de cocinar? reí-
-¿Te ayudo? -Me puse a su lado y me lavé las manos esperando a que me diera una orden, el solo me miró-
-Te perdiste la comida -Su voz adquirió un tono reprochable, como si me estuviera juzgando por algo malo que había hecho-
-Ya perdona... se me hizo tarde -El dio un golpe en la mesa y me miró de nuevo-
-Si. Ya. Perdona, claro -Se giró sobre sus talones y se mordió el puño con fuerza, yo estaba temiendo que se hiciera sangre, sinceramente no era muy buena sobre llevándola-
-Soy rara -Intenté protegerme pero no se movió ni hubo ningún indicio de que fuera a hacerlo-
-Eso lo sé -Su voz ahora era seca, y yo, más que enfadada, indignada bajé mi rostro y cerré el grifo con el que me estaba lavando las manos, y sin sacármelas intenté salir corriendo-

-¿Por qué siempre huyes de mi? -Gritó Justin con su rostro muy cerca del mío y su cuerpo interrumpiendo mi huida, no me podía mover, pero si mirada me daba miedo. No contesté-
-Siempre huyes y me dejas solo... -Ahora parecía que fuera a echarse a llorar. Maldito bipolar-
-No es eso... -Intenté justificarme pero no podía, quizás si estuviera huyendo un poco de él-
-Ah, no claro, perdona, tienes una cita con tu cielo -Dijo enfadado mientras me soltaba de mala gana-

Bajé mi cara y me miré los pies, descalzos sobre las baldosas blancas de la cocina.
Justin dejó de hacer la cena y se fue al salón, se quitó la camisa, yo aparté la cara y noté como se acostaba en el sofá, aproveché la oportunidad para salir corriendo, pero antes, me acerqué a él y aun que me daba miedo, rocé mis labios con su mejilla mientras cerraba los ojos, y esperaba en el principio de las escaleras decir aquella frase que tanto amaba y se había convertido en mi preferida, cálida y reconfortante, como si de verdad pudiera hacer algo por alguien sin hacerle daño o hacerle sufrir.

-Gracias, Hannah- Por fin oí, y salté los escalones de la escalera de dos en dos adentrándome en la habitación de Justin y enredándome entre las sábanas que olían a él, esperando que como la noche anterior, pudiera dormir y no olvidar.

Me equivocaba. Deseé que Justin estuviera a mi lado. Deseé que me protegiera de mi cielo. Deseé que mi destino, fuera mío, no de el, no del azul, no de mi cielo... no de su cielo.

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