sábado, 16 de marzo de 2013
Capítulo 9 - Alas negras
No recuerdo muy bien nada de lo que pasó cuando desperté. Estaba en la misma habitación, en la misma cama, con las mismas sábanas blancas, pero algo era diferente. Hannah no estaba, y no tenía la más remota idea de donde estaba.
Los efectos de las drogas aun no se habían pasado del todo, recuerdo como si fueran fotografías, yo levantándome, arrancándome los cables que me rodeaban por todas partes, yo corriendo mientras esquivaba a un montón de enfermeros y agentes de seguridad, yo, por fin fuera de aquel lugar que atraía a la muerte, con un solo pensamiento en mente. Encontrar a Hannah o, por lo menos, descubrir la verdad, si se han creido que soy idiota y voy a dejar las cosas así como así, la llevan claro, ¿por qué Hannah está tan obsesionada con el cielo? ¿Por qué esas heridas? ¿Por qué en mi sueño, la llamaban Gabriel? ¿Por qué la llamaban Ángel? ¿Todas esas historias sobre el cielo que me contaba Hannah, eran acaso real? mientras más pensaba en ella, más ilógica eran las cosas.... pero todas apuntaban a una misma. Hannah, podría estar como una puta cabra y necesita ayuda psicológica, pero tendrá que conformarse con la mía.
Pero en el fondo sabía perfectamente la verdadera respuesta a todas las preguntas. Y todas se respondían con dos palabras, tal vez más, pero no estaba preparado para admitirlas. No por el momento.
A mi alrededor todo se quedaba atrás mientras más pasos daba, todo parecía moverse, incluso mis pies parecían estar corriendo de una forma extraña, sin rumbo, simplemente corrían como si supieran exactamente donde debían ir. En estos momentos me pregunto quien de los dos es el inteligente, mi cabeza o mis piernas.
En la puerta de mi apartamento había arañazos en la cerradura, fruncí el ceño y me imaginé que de fondo sonaba una de esas canciones de misterio que ponen al espectador en tensión y cuando la canción se acabe saltará una especie de morsa con alas cabreada y dispuesta a comerme la cabeza. Gracias a dios, esto no era una película y es imposible que eso sucediera. Más líos y misterios en mi vida no por favor.
Al entrar y abrir la puerta del salón, me quedé petrificado. Todo estaba roto, tirado, como si hubieran estado buscando algo y no lo hubieran podido encontrar. Las piezas del puzzle empezaban a encajar unas con otras y estaba cerca de la respuesta, más cerca de lo que me hubiera gustado estar.
Esquivé todos los obstáculos y corrí hacia mi cuarto, todo estaba igual que el salón, desordenado, roto, tirado por todo el suelo, no había nada en su sitio pero pude encontrar ropa y zapatos, me lo puse lo más rápido que pude y, aun que la camiseta que había encontrado estaba rota por las mangas, preferí ignorarlo, y no perder más tiempo, Hannah podría estar en peligro.... no, Hannah estaba en peligro.
Mi moto... no tenía ni puta idea de que le había pasado a raíz de que tuviera aquel accidente, tal vez se hubiera destrozado del todo o estaría por ahí tirada, de todas formas tenía decidido correr la primera parte del trayecto, después ya me buscaría la vida, o podría coger el coche... me asomé un poco e intenté localizarlo, tal y como suponía, las ventanas estaban rotas y toda la fachada abollada, no sé ni por qué lo he intentado pensé mientras corría por las calles que una vez me parecieron cortas y seguras, ahora solo podía verlas como abismos dispuesto a tragarte entero.
Mientras corría y buscaba por todas las zonas que se me ocurrían, miraba entre tiempo y tiempo el cielo. Cada vez estaba más nublado. Como si en cualquier momento fuera a llover o, incluso peor, como si fuera a haber una terrible tormenta dispuesta a sacar a todos de su camino. Joder, esto es peor de lo que siempre pensé, el miedo me empezó a dominar mientras más buscaba y menos encontraba, Hannah no estaba, igual que en el hospital, era como si hubiera desaparecido, ni rastro de ella, ni de ella ni de su voz, voz que nunca antes me había abandonado del todo, estaba intentando decirme algo pero ¿el qué? Hannah ¿Qué está pasando?--
Me agaché instintivamente al oír un fuerte ruido detrás de mi, como si algo viniera dispuesto a meterme un palo en el culo si no dejaba de... buscarla, no quería mirar hacia atrás pero algo me dijo que debía de hacerlo, que debía de mirar hacia atrás. Que mirar me daría algunas respuestas a todas esas malditas dudas que me rondaban por la cabeza. En el primer instante en el que me giré deseé no haberlo hecho.
Pestañeé varias veces intentando convencerme de que era un sueño y que en cualquier momento despertaría, o sería despertado por los golpes de Hannah o por su mirada, fija en mi.
Pero el momento no desaparecía como debería haber hecho. Seguía ahí. Delante mía seguía un tío cubierto de tatuajes, hasta el más mínimo rincón de su piel estaba negro y con extraños dibujos, y en sus manos, llevaba una especie de espadas que no había visto en mi vida y por su cara no estaba muy feliz conmigo., conmigo o con mi propósito y objetivo.
Empezó a correr hacia mi con las espadas levantadas hacia delante. Estaba claro que no quería perder tiempo e imitándole, corrí, pero para el lado contrario. Oía sus pasos, incluso sus pasos eran intimidantes, oía sus gritos, sus gruñidos. Lo tenía justo detrás, me estaba alcanzando.
Ví que no podía escapar y me di la vuelta para encararlo. Una vocecita dentro de mi cabeza me decía que debía huir, pero otra me decía que debía de luchar, como si fuera una de esas peleas callejeras a las que estaba tan acostumbrado.
Empezó a dar golpes rápidos y secos con sus puños y con sus espadas, yo solo me agachaba y retrocedía intentando ganar tiempo, era muy hábil, y yo demasiado lento, algo que consiguió que no tardara mucho en darme el primer golpe que hice que me retorciera de dolor, pero no podía simplemente quedarme tirado en el suelo. Me levanté ayudándome y usando de apoyo mis rodillas y erguí la espalda. Tenía que hacer algo.
Cuando el lanzaba un golpe yo me agachaba e intentaba golpearle yo, el cielo cada vez estaba más negro, ahora no parecía ser el cielo ahora parecía ser más un agujero negro, casi tan negros como los tatuajes del hombre con el que "intentaba" luchar, mis heridas en comparación con las suyas, tenían una pinta muy fea, no me sentía los pies y tenía la impresión de que me había roto más de tres costillas, pero no podía parar, no podía. Necesitaba sobrevivir, necesitaba a Hannah.
De alguna forma la imaginé de nuevo con sus hermosas alas y un vestido blanco sin mangas que le llegaba por las rodillas, su cabello flotaba en el aire y su sonrisa parecía brillar, pero en su cuelo, brazos y piernas, se podían ver heridas. Heridas profundas hechas sin piedad. Y de alguna forma, conseguí la fuerza de donde no la tenía.
Lancé mi cuerpo contra el de mi enemigo, noté como me clavaba una de las espadas pero ignoré el dolor y seguí empujándole hasta hacerle chocar contra una pared. Empecé a golpearle la cabeza contra ella, una y otra vez, el dolor se hacía peor y peor a cada golpe que le daba. Soltó ambas espadas e intentó soltarse de mi agarré. No le dejé, cogí una de sus espadas, lo miré a la cara, miré sus ojos de un color morado imposible y le corté la cabeza.
Todo pareció quedarse en silencio y empezó a llover. Truenos centelleaban en el cielo y rayos junto a ellos, entre ese mar de descargar eléctricas se podían oír gritos de horror de personas. volví a mirar al hombre que acababa de matar. Seguía respirando e intentaba decir algo que me costó entender. Por fin lo hice.
El estaba diciendo la palabra Apocalipsis.
Mis pupilas se dilataron y empecé a correr al lugar de donde oía los gritos. En mi cabeza gritaba su nombre sin parar. Hannah por favor, Hannah por favor... Hannah por favor.
Y cuando la vi, fue como si me hubieran dado un puñetazo mil veces peor que los golpes que me había dado ese antiguo hombre.
Los ojos de Hannah eran negro, estaba llena de heridas que aun sangraban y, detrás de ella se distinguían dos alas que colgaban de su espalda. Pero no eran alas blancas y hermosas como tantas veces había soñado. Eran alas negras.
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