sábado, 22 de junio de 2013

Capítulo 15 - El primer recuerdo de Hannah


¿Crees en los Ángeles? 

Al oír aquella voz me asusté. Pero no por la voz en si, sino por la lejanía de aquella voz.

¿Crees en Dios?

....

¿Crees en la esperanza? 

...

¿Crees en la Verdad?

...

¿Crees que podrás soportarla? ¿Podrás?

Sé que no podré. Pero me gusta arriesgar, sin hacerlo, nunca podrías ganar...

...

-¡Gabriel! -La sonrisa del chico brilló iluminando todo el entorno, ella emocionada por su regreso, se puso en pie y con un grito de alegría saliendo de sus labios se abalanzó sobre el chico. Este le respondió con el mismo entusiasmo y empezaron a dar vueltas hasta caer sobre la hierva y comenzar a rodar.
Las carcajadas bailaban por el ambiente y la tristeza brillaba por su ausencia. ¿Alguna vez existió pena? se preguntó Gabriel, ¿cómo pudo haber estado triste alguna vez?


-Estás hermosa Gabriel -Susurró el joven cuando ambos cayeron en el suelo. Uno sobre el otro a centímetros de fundir sus labios en uno mismo- Increíblemente hermosa... -Fueron acortando la distancia... pero un grito impidió el beso- 

Ambos se levantaron asustados y con las mejillas sonrojadas y con una sonrisa tonta en los labios se despidieron y marcharon cada uno por su lado. 

La joven de rubio cabello y ojos azules como el mar no pudo evitar desear más. No pudo evitar desear que el joven no se apartara nunca de su lado aun sabiendo... que eso significaba el final de la humanidad. Aun sabiendo que esa era la regla, la única regla que te arrebataba algo peor que la muerte. Romperla significaba arrebatarte el alma y las sensaciones. Todas ellas. Las de felicidad. 

Era un día normal y corriente para todos. Gabriel se levantó con su habitual entusiasmo y se peinó las hermosas alas blancas que colgaban sobre su espalda mientras intentaba decidir que vestido elegiría ese día. 
Cuando sus plumas estuvieron ordenadas y sus mejillas volvieron a ser blancas como la nieve se levantó y empezó a dar vueltas hasta el armario, una vez allí lo abrió dejando mostrar el interior. Lleno de pomposos vestidos de todos los colores, y a pesar de la gran cantidad de trajes, tuvo claro cual se pondría. 
Sacó con cuidado un vestido rosa amanecer y se lo puso de inmediato y dando saltitos salió de su habitación, su madre la vio y le besó la frente mientras la sentaba en una silla para trenzarle el pelo. Ambas sabían que en menos de media hora se le desmoronaría todo, pero esa ya era una tradición para ambas. 
Ese día, todo estaba saliendo perfecto, salió de casa después de tomar tortitas y se dispuso a correr para volver a ver al joven, pero algo la detuvo. Algo que hizo que le recorriera un escalofría por la espalda y las piernas le comenzaran a temblar.

Su hermoso cielo estaba negro. 

Gabriel se sintió paralizada e intentó volver a su casa cuando por segunda vez en menos de dos segundos, su alma se destrozó. 
Dentro de su casa, personas vestidos de negro y con alas del mismo color, le arrebataban la vida a su madre, le estaban cortando las alas de cuajo mientras le degollaban la garganta, y no supo que estaba llorando hasta sentir un cosquilleo en las mejillas y un empujón por la espalda, sus piernas empezaron a temblar más violentamente. ¿Le tocaría a ella? sin embargo, su cara no pudo evitar sentirse aliviada. 

El joven. 

-Gabriel, corre -Le decía mientras intentaba hacer que corriera, ella apenas podía moverse y llevaba por primera vez en mucho tiempo las alas arrastrándose por el suelo-

El joven se dio cuenta y después de veinte segundos, la cargó cogiéndole por la parte baja de la espalda y por detrás de las rodillas mientras ordenaba a Gabriel que cerrara sus alas. Ella obedeció con dificultad ya que estas le ordenaban que saliera volando inmediatamente, y con un poco de dificultad el joven comenzó a correr como si la vida dependiese de ello. Literalmente. 

Gabriel pudo ver el rostro cansado del joven y las numerosas heridas que presentaba su rostro, y bajando un poco la mirada pudo saber que también tenía heridas en las manos. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba pasando todo esto? ¿Qué habían hecho ellos? y callándose un nuevo sollozo que no pudo ocultar a su joven, se volvió a preguntar ¿Pasará? 

Justin se sintió mareado y se separó lentamente del rostro de la chica.

-¿Hannah?
-Justin... Lo siento tanto
-¿Qué? ¿Qué pasa Hannah?
-Creo que te he destrozado la vida -Susurró sin aliento ella. Las lágrimas no tuvieron tiempo a salir cuando un fuerte viento comenzó a correr-
-Hannah... aún ha---
-Cállate. -Le cortó Hannah- Cállate y corre, no es tu guerra. Es la mía. -Ella se levantó con dificultad del suelo y obligó a Justin a imitarla, el lo hizo aun que sintió un escalofrío recorrerle la espalda-
-Hannah en serio...
-Dije que te callaras Justin. Escúchame bien -Hannah sujetó la cara de Justin entre sus manos y le obligó a que él la mirara, el lo hizo con el corazón en un puño mientras tragaba saliva. Se temía lo peor-
-Es peligroso estar aquí, Justin, es muy peligroso y no puedo permitir que suceda
-Que suceda... ¿El qué Hannah? Dímelo
-Todavía no -Las pupilas de ella se dilataron mientras miraba de forma cuidadosa hacia un lado y hacia otro- Todavía no, pero si Dios... -Hannah paró para reírse de si misma y de sus palabras- Si el destino quiere, sabrás hasta el más pequeños detalle. Te lo aseguro, pero si te quedas aquí -Justin la volvió a mirar a los ojos- Si te quedas aquí nunca lo sabrás.

Y como si hubiera sido así de fácil siempre, Justin empezó a correr como si la vida le fuera en ello... literalmente... de nuevo.

Pero como si todos estuvieran en su contra, se paró. Algo lo paró. Algo o alguien.


Protégela. 

Escuchó dentro de su mente

 Protégela, eleg 

Repitió aquella voz, como si de eco se tratase

No permitas que le hagan daño 

-¿Quién? ¿Quién eres, quién es eleg? -grito frustrado por toda aquella situación-

El trato, firma el acuerdo 

-¿Qué acuerdo? ¡No soy Dios! ¡Necesito detalles!

Dios ya no es Dios. Ahora no está en sus manos. Debes saberlo, eleg, pero si te vas... nunca lo sabrás.

-¡Ella dijo...!

Las cosas no pueden suceder así... no así.  

-Guíame

Debes recordarlo.cinco favores, tres deseos, dos destinos, una oportunidad en cada ocasión. 

Y como si de magia se tratara, la voz salió así como así de mi mente. Las dudas me superaron, pero la adrenalina lo sobrepasó, y en lugar de correr hacia el lugar al que debería seguramente haber corrido, di de nuevo media vuelta. Sin detalles. Sin respuestas. Pero con un montón de dudas que merecen explicaciones.


Porque el Primer recuerdo de Hannah, no a resuelto ninguna.

2 comentarios:

  1. siguela porfa, esta demasiado buena la nove.Quiero saber que pasa,mno la dejes ahí.Porfa siguela la amoo demasiado*-* .Eres exelente escritora:)siguelaaa

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    1. Oh dios mío, muchísimas gracias, fíjate que ahora mismo estoy haciendo el siguiente capítulo xD

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