viernes, 15 de febrero de 2013
Capítulo 3 - ¿Qué ves en el cielo, Hannah?
Esa noche, había soñado con ella tal y como predije al sentir su beso en mi mejilla.
En el, ella tenía unas hermosas, hermosísimas alas blancas que se agitaban al sentir el frío del viento.
Llevaba un vestido blanco y largo, suelto, como si fuera una camiseta de tirantes, y su cabello no estaba recogido, sin embargo en el se podían apreciar brillantes gotas de agua como si fueran perlas. Lo único que hacía ella en mi sueño era sonreír, como solo ella había demostrado que sabía hacerlo.
-¿Hannah? -Mi voz interrumpió el silencio, y vi como ella se giraba lentamente hacia mi, las ventanas del salón estaban abiertas de par en par y ella sentada en el bordillo, y aun que se suponía que debía sentir miedo, solo sentí deseo por dejarla en algo parecido a la libertad-
-Buenos días -Se bajó del bordillo y ladeó la cabeza a un lado, esperando una señal para hacer algo, yo sonreí-
-Buenos días, Hannah -Finalmente sonrió con confianza y me siguió a la cocina donde preparé el desayuno, ella como siempre, lo dejó prácticamente entero, aun que me animó ver que había probado bocado, era un avance-
-¿Qué tal has dormido? -Me preguntó, con la intención de entablar tema de conversación, pero entre todos ellas ¿por qué precisamente ese? me sonrojé al instante apartando mi mirada de ella, con la esperanza de que no leyera mi interior-
-Francamente, genial
-Eso... -Dudó un segundo- Es verdaderamente genial, Justin -Me estremecí al verla sonreír de aquella manera, que conseguía hacer que todo su rostro se iluminara y en consecuencia, también el mío, a la vez que mi nombre salia de sus labios. Podría acostumbrarme a oírla decir eso para toda la vida. Negué con la cabeza deshaciéndome de la idea en cuestión de segundos-
-Si, lo es. -El resto del desayuno fue silencioso, ella seguía contemplando la ventana. Como si anhelara algo, o a alguien-
Hannah, como había hecho el primer y el segundo día, se subió a mi habitación las cuatro siguientes horas, yo aproveché para intentar ponerme al día con los malditos trabajos que me habían mandado mis profesores en un acto de "responsabilidad" y palabras textuales de la profesora "no te aprobaremos sin que te hayas esforzado antes" y ahí estaba yo, intentando pintar algo, se me pasó por la cabeza, pintar el cielo que tanto amaba Hannah e intentar descubrir la razón de su adoración hacia el, negué y al pronunciar en mi mente su nombre, pensé en dibujarla a ella, pero seguramente se molestaría al ver el estropicio que había armado.
Me levanté con las láminas y los lápices y empecé a caminar como un retrasado por toda la casa, y cuando por lo menos llevaba dos horas decidiendo que dibujar, opté por un simple frutero con muchas manzanas en su interior, y tal y como esperaba me salió de cero para detrás. Pintar no era lo mío.
Dejé, mi (horrible) dibujo encima de la mesa, y de la nada, apareció Hannah, mirando fijamente mi dibujo, yo le sonreí y la invité a que se sentara a mi lado a "contemplar" mi "obra maestra"
-¿Lo has hecho tú? -Preguntó mientras me miraba con los ojos muy abiertos-
-Si
-¿Puedo intentarlo? -Reí ante su pregunta, asentí y le di una de las láminas y lápices que tenía ya guardados en el estuche rojo que entregaban a todos los alumnos de la escuela-
Ella, como supuse, se dirigió directamente a la ventana, la abrió de par en par, se sentó y comenzó a observar el cielo, solo observarlo, y después de observarlo, empezó a pintar sin levantar la vista ni una vez, como si tuviera la imagen exacta de lo que quería hacer, y como si de una fotografía se tratara, lo miró orgullosa y me lo enseñó con un brillo especial en sus ojos.
-Es mi cielo -Me informó. Aquel cielo y el cielo de todos los días, no tenían nada que ver, este era brillante, alegre, pacífico, relajante, el otro solo hacía que te estresaras nada más verlo-
-No son iguales -Ella pareció entristecer- Este es mil veces mejor ¿esto ves tú tanto, tanto tiempo? -El brillo que se había apagado, volvió ahora con más fuerza, mientras me hablaba del cielo que ella veía-
Su cielo, era un mundo de fantasía, donde las buenas personas irían convirtiéndose en ángeles que cuidan a los humanos y ocultándose de ellas gracias a la nubes, Dios, era el padre bueno, que decidía quien merecía ir al cielo o al infierno.
El entusiasmo con el que contaba todas aquellas historias inventadas por ella misma me abrumaba, que si un mono vuela subido en una nube ¿no es una especie de historia o serie eso? que si una princesa (que llamó doncella celestial) bajaba para verse a escondidas con su amor platónico, que si soñaba con tener alas y surcar el cielo con ellas... y antes o después, su entusiasmo me sobrecogió a mi también, la miraba con adoración y la escuchaba con interés, y mientras ella se pasaba toda la tarde hablando sobre su adorado cielo, yo me pasé toda la tarde escuchando aquella voz, y observando aquellos ojos que había llegado a amar en poco tiempo, y aun que no lo admitiera ni en un millón de años, tenía miedo de pensar que todo esto se acabaría, y ella se marcharía para siempre.
-Es increíble... -Suspiró con felicidad después de la emoción de compartir conmigo sus aventuras-
-Lo es... -Admití. De esa forma, nadie nunca se aburriría. Esta chica debía hacer una novela o algo por el estilo-
-¿Y tú? cuéntame algo tú, cuéntame algo de tí -Insistió ella en saber, yo pensé en las cosas que debía o no debía contarle, pero fui incapaz-
-Tengo dieciocho años...
-Sigue
-Nací en Canadá -Me golpeó las costillas con el codo-
-Sigue...
-No soy un buen tipo, Hannah, hago daño a la gente, mucho daño, no te viene bien saber mucho de mi o acabarás teniéndome miedo -Y eso poco a poco, acabaría destruyéndome a mi-
-Yo tampoco soy buena... -Dijo ella de forma triste, y al ver esa expresión deseé haberle contado cosas sobre mi-
-Lo eres, créeme -Le aseguré dándole un golpecito en la espalda-
-Puede que no sepa de ti, pero tú tampoco sabes de mi. -Su mirada se endureció- No me trates como una chica dulce y sensible. Jamás -Se levantó y cogió su dibujo mientras salía corriendo por las escaleras-
Cada día entendía menos a esta chica, un rato estaba contenta y feliz, otro emocionada y al otro, enfadada ¿tan extraña era? no... ¿qué no era extraño en esa chica? si hasta su forma de ver las cosas lo eran... 'Sonreí' Esa chica en tan solo unos días iba a volverme loco, incluso más de lo que ya estaba.
Me levanté y empecé a preparar la cena, ya no sabía que hacerle a Hannah, preparé unos filetes y patatas fritas y la llamé para que bajara. Tardó en responder, pero al bajar, me asustó ver que estaba cubierta de sangre.
-¡Hannah! -Corrí a su lado mientras la agarraba de los brazos y la miraba de arriba a abajo para comprobar que estaba bien-
-Me caí... -Admitió ella avergonzada, yo suspiré-
-Me buscaré una buena si te metes en líos, tus líos son mis líos, ¿vale? -Ella asintió y se sentó delante de su plato, ya colocado en la mesa, yo la seguí y me senté delante de ella-
Esta noche estaba muy callada, demasiado para ser ella, pero comió todo lo que había en su plato. Sonreí, al menos había conseguido un avance, pequeño, pero al fin y al cabo era un avance.
-Mi padre me pegaba, Hannah -Dije en un intento de que me perdonara. Nunca había hablado de eso con nadie y al parecer, Hannah sería la primera en saber.-
Ella se quedó en silencio, esperando a que siguiera hablando, aun que por su expresión, supe que me comprendía y simplemente bajo un poco su rostro. Volví a tener curiosidad por saber cosas acerca de ella, de ella y de su vida.
-¿Y tú? -Intenté sonsacarle aun que fuera un mínimo de información-
-También hice cosas malas -Su rostro se entristeció más, y miraba hacia algún lugar que yo no alcanzaba a ver. ¿Era una especie de don que ella pudiera ver cosas que el resto no podía? si lo era, era increíble-
-Comprendo... -Esta vez yo bajé mi rostro. A ambos nos costaba a hablar de eso, y si le producía dolor hablar de ello, yo no sería quien la obligara a hablar-
Vimos una película, mierdas de días o algo así, ella no le hacía caso, y miraba el cielo, ahora oscuro y repleto de estrellas, y yo, en cambio, la miraba a ella. Sus ojos seguían resplandeciendo a pesar de la oscuridad de la habitación.
Cuando acabo la película, ella se levantó y se fue. Yo lo apagué todo y me acosté, cerré los ojos e intenté que el sueño me envolviera, un intento inútil, hasta que sentí el suave roce tibio de los labios de Hannah contra la piel de mis mejillas. Sonreí y ahora si, fui capaz de dormir.
"Gracias, Hannah" -Susurré apenas con un hilo de voz antes de adentrarme en un profundo sueño-
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¡Hola! Me encanta tu novela *-* Ensrio, porfas siguela :3
ResponderEliminarOh cielo, muchas gracias, y claro que la voy a seguir :) jo, me alegra que te animaras a comentar, me sube el ánimo... y bueno, tengo demasiados planes para Hannah y Justin para dejarla sin acabar.
EliminarBesis.